Iglesias resurge y se hace fuerte en Moncloa

Asier Martiarena
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PSOE y Unidos Podemos escenificaron su acuerdo de coalición el 30 de diciembre de 2019. (AP Photo/Paul White)
PSOE y Unidos Podemos escenificaron su acuerdo de coalición el 30 de diciembre de 2019. (AP Photo/Paul White)

Si alguien le llega a preguntar hace apenas un mes a Pablo Iglesias cómo le gustaría encarar el final del 2020 de la pandemia, ni en su predicción más optimista hubiera dicho que pilotando junto a Pedro Sánchez la gestión de los fondos europeos por la covid, liderando la suma de apoyos nacionalistas que doten de presupuestos al Gobierno de coalición que preside el PSOE, navegando intacto en la marejada judicial derivada de las cloacas y apartando de la ecuación centrista a Ciudadanos. Pero así ha sido.

El vicepresidente segundo y líder de Unidos Podemos ha vuelto a resurgir cuando peor pintaban las cosas para él y la vida extra que la aprobación presupuestaria significa para la coalición de PSOE y Podemos lleva su firma reforzando su papel.

Todo lo contrario de lo que se exigía por el otro lado con Inés Arrimadas ofreciéndose para una especie de alianza de concentración nacional y que Unidos Podemos entiende como el principio de su fin ya que abriría la puerta a que el PSOE fuera engordando semana a semana a Ciudadanos hasta convertirlo en un socio fiable para futuros pactos de Gobierno en detrimento del partido morado.

Es más, todo esto tampoco parecía viable hace apenas una semana, cuando Unidos Podemos tensó la cuerda con el escudo antidesahucios y la política migratoria del PSOE. Tan límite fue la situación que el PSOE le dejó, inicialmente, fuera de la gestión de la primera partida de 140.000 millones de euros de los fondos europeos. El veto iba en serio como demuestra que Iglesias descolgó el teléfono a Sánchez para pedir airadamente una explicación por esa línea roja de exclusión trazada por el socialista.

Entre algunos cuadros del partido de Ferraz se repetía una media sonrisa de satisfacción por la idea de invisibilizar a Iglesias y, con él, al partido morado. Pero se les borró de la cara a mediodía cuando Pedro Sánchez en persona ordenó lo contrario en vistas del tremendo valor obtenido por Iglesias para atraer a ERC hacia el sí a las cuentas del Estado para la reconstrucción.

También puso de su parte Bildu, con unas sonadas e importantes declaraciones de su diputado Jon Iñarritu expresando su “solidaridad” al, también diputado, de Vox Antonio Salvá cuyo hijo guardia civil fue asesinado por ETA. Desde la derecha dirán que se está blanqueando a los herederos de ETA, pero ese gesto facilita que el PSOE cuente con los votos de Bildu para alargar la legislatura contra quienes le acusarán de que “la gobernabilidad estará condicionada por los separatistas”.

¿Tanto valen los acuerdos sellados por Iglesias? Ni más ni menos que 53 diputados. Un salvavidas.

Y la rectificación se coció como una ‘orden de arriba’. “Ha sido una instrucción expresa” de Sánchez, confirmó la portavoz del Gobierno, María Jesús Montero, quien no dejó pasar la oportunidad de desmarcarse de la decisión.

No solo se había quedado Iglesias fuera del equipo de trabajo. Ninguno de los ministros morados -salvo Yolanda Díaz, la gallega que va por libre tras darse de baja de IU- había recibido la invitación. Un desaire con el que el PSOE pretendía dar un toque de atención a su socio. Pero ayer las aguas volvieron a su cauce. A nada que el PSC salga reforzado en las elecciones catalanas frente a un PP atenazado por el sorpasso de Vox, el Gobierno cerrará de la mejor manera posible un 2020 que, durante el estado de alarma, amenazaba con devorarle antes siquiera de cumplir su primer año de legislatura. Un éxito parcial que los socialistas tendrán que agradecer en buena parte a Unidos Podemos.

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