Pablo Carreño Busta, el mejor jugador desconocido del mundo

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Aug 14, 2022; Montreal, QC, Canada; Pablo Carreno Busta (ESP) poses with the championship trophy after winning in the singles finals match during the National Bank Open at IGA Stadium. Mandatory Credit: Eric Bolte-USA TODAY Sports
Pablo Carreño Busta celebra su triunfo en el torneo de Montreal levantando su curioso trofeo. Foto: Eric Bolte-USA TODAY Sports

A finales de los años noventa, un prestigioso medio norteamericano se refirió al golfista Miguel Ángel Jiménez como "el mejor jugador desconocido del mundo". La frase era brillante y se entendía a la perfección. Jiménez era un asiduo de los primeros puestos de la clasificación mundial, solía llegar a las últimas rondas de los grandes con alguna posibilidad lejana de victoria y tenía momentos de una brillantez absoluta... aunque desprovistos de la regularidad suficiente como para instalarse definitivamente en la élite más exclusiva.

Ahora bien, sobre todo, a Jiménez le daba igual lo que dijeran de Jiménez. Y, como le daba igual, no era un tipo que se paseara por las portadas de las revistas, que exigiera excesiva cobertura mediática o que tuviera millones de aficionados por todo el mundo. Era un tipo normal. Como Pablo Carreño. El asturiano se llevó este domingo el Masters 1000 de Montreal después de remontar en la final al polaco Hubert Hurkacz. Pocos tenistas han representado en estos veintidós años de siglo lo que los americanos decían de Jiménez: Carreño siempre está ahí, tiene momentos espectaculares, le da absolutamente igual lo que piensen de él... y probablemente no tenga toda la buena prensa que se merece.

Es cierto que, al igual que al golfista, a Carreño le ha fallado siempre la regularidad. Es llamativo que a sus 31 años, nunca haya pasado del número diez de la ATP, puesto que llegó a ocupar en septiembre de 2017, justo después de alcanzar las semifinales del US Open. Llamativo porque hemos visto a lo largo de estos años a jugadores mucho peores ocupar posiciones más altas y porque, al fin y al cabo, hablamos de un tipo que, si no fuera por sus lesiones de mediados de 2018 que se prolongaron a 2019 llevaría cinco años ya entre los veinte primeros. De hecho, entró al torneo de Canadá como el número 22, pero ya está de nuevo el 14.

Carreño no es alguien de quien se suela hablar antes de los grandes y probablemente en su propio país sea menos conocido que Feliciano López, Fernando Verdasco o incluso Nico Almagro. Desde luego, mucho menos, pero eso es normal, que David Ferrer. De Nadal y Alcaraz, ni hablamos. Su liga es la de los Robertos Bautistas, pero a diferencia de Bautista, un jugador excelente con un registro descomunal en torneos pequeños, Carreño se ha ganado un nombre en el circuito a base de conseguir resultados inesperados en torneos de la máxima categoría.

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Más allá de lo conseguido en Canadá -y no es poco, con la retirada de Robredo, solo hay tres tenistas españoles en activo campeones de Masters 1000 y a los otros dos ya los conocen-, la carrera de Carreño es distinta de la de la mayoría de los españoles, porque, pese a haber sido dos veces cuartofinalista en Roland Garros y tener tres títulos sobre tierra batida, él ha destacado sobre todo en pista dura, concretamente en la pista dura norteamericana. En 2017, como decíamos, fue semifinalista del US Open en individuales, y llegó a ganarle el primer set al sudafricano Kevin Anderson, aunque no pudo culminar la faena.

Tres años después, repitió hazaña, en aquel extrañísimo US Open del Covid. De entrada, fue el encargado de eliminar a Novak Djokovic en octavos de final. Es cierto que el serbio fue descalificado por darle un pelotazo a una juez de línea... pero ese pelotazo y esa frustración venían derivados del hecho de haber perdido el primer set contra Carreño, que estaba siendo superior, como lo sería al año siguiente cuando ambos se enfrentaron por la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Tokio y el de Gijón dejó al número uno del mundo como carne de "meme".

¿Saben cuántos tenistas españoles han sido dos veces semifinalistas del US Open? Cuatro en toda la historia: Manolo Santana, Rafa Nadal, David Ferrer y Pablo Carreño. No es mala compañía. Aquel 2020, de hecho, se quedó a un paso de la final: ganó (6-3, 6-2) a Alexander Zverev los dos primeros sets de aquellas semis, pero el alemán se rehízo y le despertó del sueño más feliz de su vida. El enamoramiento con Estados Unidos no acaba ahí: Carreño también ha hecho semis en Miami, en Indian Wells, en Cincinnati... por supuesto, entre gran actuación y gran actuación hay un montón de primeras y segundas rondas perdidas, pero ¿no merece la pena brillar diez veces a costa de fracasar otras veinte?

Por si eso fuera poco, Carreño es campeón de la Davis. La ganó en 2019, la primera edición con el nuevo formato. De nuevo, en pista dura, faltaría más. Acostumbrados a gente que gana catorce veces Roland Garros o que está entre los cuatro mejores del mundo a los 19 años, puede que todo esto nos sepa a poco, pero es una barbaridad. Consideraciones subjetivas aparte, Carreño ha ganado casi quince millones de dólares a lo largo de su trayectoria. No es poca cosa. En una semana, nadie hablará de su victoria en Canadá, parece su destino, pero ahí quedará, para siempre. Carreño no entiende de símbolos, sino de realidades y, en cuanto te despistas, te roba la cartera.

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