Los países con más consumo de carne y alcohol tienen más casos de cáncer

Agencia EFE
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Barcelona, 18 nov (EFE).- Un estudio internacional liderado por científicos del CSIC y del CREAF, centro de investigación en la Universidad Autónoma de Barcelona, ha confirmado una relación directa entre alta prevalencia de cáncer y alto consumo de carne y alcohol per cápita tras analizar los datos de medio centenar de países.

El estudio, que confirma a nivel global lo que ya apuntaban estudios científicos locales y también constata que una mayor ingesta de vegetales y de pescado se relaciona con una menor prevalencia de cáncer y también con una menor mortalidad, ha analizado la correlación entre dieta y cáncer en medio centenar de países desde 1960 hasta 2017.

Se trata de un detallado análisis estadístico que cruza datos de bases de datos mundiales de instituciones como la FAO, la OMS, la ONU, el Banco Mundial, la OCDE, los Departamentos de Agricultura y Salud de EE.UU y el Eurobarómetro, y que incluyen datos de países de Europa, Asia, América, Australia y África.

La investigación, dirigida por Josep Peñuelas y Jordi Sardans, científicos del CSIC y del CREAF y que publica la revista "International Journal of Environmental Research and Public Health", confirma a escala global que el consumo de carne y alcohol se relaciona con una mayor incidencia de cáncer, y que una mayor ingesta de verduras y pescado podría ser un factor protector.

Los científicos han analizado datos de prevalencia de cáncer entre 1998 y 2010, y de mortalidad por cáncer entre 1960 y 2010, en relación con el consumo per cápita de calorías, carne, pescado, verduras, alcohol, fósforo y nitrógeno.

La inclusión del nitrógeno (N) entre las variables se explica porque estudios recientes relacionan su incremento con un mayor riesgo de sufrir algunas enfermedades, y que los vegetales excesivamente fertilizados con nitratos pueden acumular compuestos nitrogenados tóxicos.

Peñuelas ha explicado que algunos estudios han mostrado que la fertilización de los cultivos desde 1961 a nivel global se ha multiplicado por diez, "por lo que en consecuencia podemos esperar un potencial impacto en la salud global".

Los investigadores han analizado el fósforo porque es un elemento esencial en el equilibrio del metabolismo en relación con el nitrógeno.

Los investigadores también han tenido en cuenta otras variables relacionadas con el estilo de vida que podrían distorsionar los resultados, como la esperanza de vida, ingresos, edad o el índice de desarrollo de cada país.

Los resultados confirman que una alta prevalencia de neoplasmas malignos entre 1998 y 2010 está relacionada con una alta ingestión de carne, especialmente en el caso de tumores de colon, pulmón, mama y próstata, e igualmente una alta mortalidad por todos los tipos de cáncer entre 1960 y 2010 se asocia a un alto consumo per cápita de carne.

La única excepción a estas tendencias se encuentra, según Peñuelas, en el caso del cáncer de cuello uterino, "lo que sugiere que las causas ambientales de este tipo de cáncer pueden ser diferentes".

Mientras el estudio relaciona una mayor ingesta de vegetales y pescado con una menor prevalencia de cáncer y con una menor mortalidad, en el caso del alcohol, un alto consumo per cápita se relaciona con una alta incidencia y mortalidad por tumores malignos, cáncer de colon, de pulmón y, en menor grado, de cuello uterino.

El estudio puntualiza que en el caso de los países pobres, la correlación entre alto consumo de carne y de alcohol no está relacionada tan directamente con una alta prevalencia de cáncer y mortalidad.

En este caso, según un modelo para el que han contado con datos de 108 países, la mayor esperanza de vida se relaciona, al contrario que en los países ricos, con una mayor ingesta de alimento, independientemente de si este es de origen animal, vegetal o acuático.

En el trabajo también ha participado el Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicado (IIASA, en sus siglas en inglés); la Universidad de Salzburgo (Austria); el Instituto Austriaco de Investigación Económica (WIFO), la Universidad de Amberes (Bélgica), y el Laboratorio de Ciencias del Clima y del Medio Ambiente (IPSL), de Francia.

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