Pánico y solidaridad entre las trabajadoras sexuales polacas ante la covid-19

1 / 3

Pánico y solidaridad entre las trabajadoras sexuales polacas ante la covid-19

La pandemia de coronavirus ha hecho cerrar los clubes de strip-tease, salas de masajes y prostíbulos en Polonia. Para ayudar a las trabajadoras sexuales más pobres y presas del pánico, algunas de ellas han organizado una colecta en línea inédita.

Iniciativas de este tipo han sido lanzadas en otras partes de Occidente, por ejemplo, por el sindicato Strass francés, o las organizaciones Maggie, en Toronto, y Pace, en Vancouver, Canadá.

En Polonia, "en menos de dos semanas, hemos recolectado más de 16.000 zlotys (más de 3.500 euros), es algo extraordinario", se congratula una de las organizadoras de la campaña, una joven de 22 años con el pelo teñido de un tono violáceo, quien aceptó hablar con la AFP bajo condición de ser presentada con su seudónimo profesional, Medroxy.

Un grupo de trabajadores y trabajadoras sexuales -que sufren una situación difícil a causa de un vacío legal en Polonia- decidió apoyar la colecta de dinero para un fondo de crisis lanzando su propia iniciativa.

Ofrecen sus fotos o videos, o encuentros, a cambio de una donación de un monto determinado. Los donantes interesados transfieren la cantidad fijada a la cuenta bancaria del colectivo y, presentando el recibo, pueden obtener el producto o servicio propuesto.

"Se han recibido 221 donaciones, algunas personas hicieron varias", indicó Martyna, al igual que Medroxy miembro de la coalición SWP (Sex Work Polska), grupo informal que se afana en la defensa de los derechos de esta categoría profesional.

"Esto nos ha permitido ayudar a unas sesenta personas, con pequeñas sumas de dinero, para que puedan hacer la compra, obtener medicamentos", explicó.

Del otro lado del Atlántico, los ingresos son más elevados. "Hemos recaudado 87.226 dólares canadienses y ya distribuimos 80.750", indicó a la AFP Lyra McKee, codirectora de Pace, precisando que recibió 652 solicitudes en línea. El monto de la ayuda varía "de acuerdo al nivel de marginación del destinatario --personas negras, transexuales o discapacitadas".

En Ámsterdam, un grupo de apoyo, el Prostitution Information Centre (PIC), consideró "chocante" que las trabajadoras sexuales, que pagan impuestos, queden excluidas de todo programa de asistencia. Dos partidos cristianos de la coalición gubernamental y el Laborista (oposición) solicitaron al gobierno que haga un esfuerzo por ellas.

- Trabajo en línea -

La pandemia ha tenido además otro efecto ya que "numerosas trabajadoras sexuales, cuyos sitios de trabajo cerraron, se han volcado en buscar su sustento frente a las cámaras de video", señaló Medroxy.

Por ser conocida en el medio, donde precisamente debutó ante una cámara hace cuatro años, Medroxy recibe muchas solicitudes de consejos.

En Ámsterdam las cosas no son muy diferentes. "Organizo un taller de formación para personas que quieren pasarse al trabajo sexual en línea", comentó a la AFP Yvette Luhrsla, otra activista de PIC, quien trabaja frente a las cámaras.

Medroxy no puede quejarse. Cuando comenzó la epidemia de coronavirus interrumpió sus actividades durante poco más de dos semanas. "Vendo mi tiempo a 300 zlotys (unos 66 euros) por hora, y recibo hasta cinco clientes por día". Esto le permite, de vez en cuando, ayudar económicamente a su padre y a un hermano que reciben magras pensiones.

Las reacciones de algunos clientes ante la pandemia la sorprendieron. "Un hombre quería hacerlo sin quitarse la mascarilla. Otro quería una sesión de masturbación con una distancia de dos metros (distancia recomendada por las autoridades sanitarias polacas para limitar la posibilidad de contagio)", señala.

- Mensajes de odio -

Lo que indigna a Martyna es la total falta de interés por parte de diferentes organismos públicos y organizaciones de ayuda humanitaria respecto a la situación de las trabajadoras sexuales, "marginadas, estigmatizadas y excluidas, por lo tanto, gravemente afectadas por la pandemia". Ella culpa de esto al modelo legal 'abolicionista' adoptado en Polonia, y al rechazo a reconocer que "el trabajo sexual es un trabajo en sí mismo".

Ella también denuncia los mensajes de odio que algunas personas enviaron a la web en respuesta a su solicitud de ayuda. "Sus autores pertenecen a todos los estratos sociales y a todas las corrientes políticas, tanto de izquierda como de derecha", afirma.

No existen estadísticas para cuantificar las trabajadoras sexuales en Polonia. El sociólogo Mariusz Jedrzejko, director del Centro de Previsión Social, calcula que entre hombres y mujeres juntos, superan los 60.000, un tercio de los cuales trabajan a tiempo completo.