Otra jauría contra Màxim Huerta. Qué poco nos han durado la empatía y los lamentos.

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Hubiera sido un gran Ministro de Cultura. Los que lo conocemos estamos seguros de ello. Y ya nos lamentamos en su día, cuando le forzaron a dimitir las jaurías políticas, empresariales y periodísticas que atacaron con unas y dientes al eslabón más débil del primer gobierno de coalición de la nueva democracia española. 

Max -o Máximo Huerta- salió derrotado de esos escasos ocho días como Ministro, humillado por los que ahora se lamentan del suicido de una famosa actriz. "Él se lo buscó", dicen los perseguidores, "Máximo el Breve tuvo una sociedad unipersonal para engañar a Hacienda", repiten. No voy a insistir en que Max hizo lo que los inspectores, en su interpretación, habían permitido y aceptado hasta ese momento hasta que la Agencia Tributaria decidió cambiar de criterio. No hubo delito, ni caja B, ni comisiones a cambio de contratos, ni favoritismo a amigos con dinero público, ni uso privado de bienes públicos. Ni. Ni. Ni. 

Lo que hubo fue una promesa rota de Pedro Sánchez, la primera -"en mi futuro gobierno no habrá nadie que haya cotizado a través de una sociedad unipersonal-, el primer gran hueso al que podían hincarle los dientes sus enemigos. Max no podía estar ahí porque Pedro Sánchez había prometido que no estaría ahí.

Pero lo que ocurrió entonces no fue la exigencia conveniente y pública de una dimisión, fue la caza y captura de un ser humano, sometido a un nivel de escarnio público, humillación, insultos y desprecios -repasad lo que se publicó no sólo en redes sociales sino en medios de comunicación esos días- que le hizo pensar incluso en quitarse la vida.

Ocho días duró Máximo Huerta como ministro. Más de un año le costó a Max salir de ese agujero.

Y hoy Max vuelve a ser Trending Toppic. Hoy el acoso, la burla y el rencor vuelven a darle caza por algo que él no ha pedido. El Gobierno ha decidido conceder una alta condecoración -la Orden de Carlos III- a los últimos 23 exministros, incluidos los del PP como Gallardon, e incluido también Maximo Huerta. Y las jaurías han vuelto a lanzarse contra él. 

¡Qué profético lo que escribió él mismo tras el suicidio de Verónica Forqué! Acordaos de la empatía la próxima vez que lancéis las hordas contra alguien.

Da igual lo que hubiera hecho el Gobierno. Imaginad también los titulares si Max hubiera sido el único exministro en no recibir la condecoración. Imaginad los tuits. Los memes. Era una decisión siempre para perder. 

Max ha luchado durante estos tres años y medio para olvidar, para recomponerse como persona y buscar un futuro profesional digno en un trabajo que siempre es cara al público. Hoy se despierta Trending Toppic y todo vuelve como una avalancha. Lo imagino viéndose sepultar de nuevo y temblando de miedo y dolor. Qué poco nos han durado la empatía y los lamentos.

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