Poco ortodoxos: los museos se mimetizan con las redes sociales y se aflojan el corset en la pandemia

María Paula Zacharías
·6 min de lectura

Las redes sociales se volvieron en esta pandemia grandes aliadas de los museos, como una vía para mantener una relación fluida con el público. Pero no solo lo hacen a través de contenidos serios, visitas virtuales a sus colecciones, liberación de sus bibliotecas o charlas y seminarios a distancia, como ocurre en la mayoría de los museos locales. En el mundo no hay demasiado reparo en apelar al humor a través de plataformas menos formales como Instagram y TikTok.

En la Galería Uffizi, las obras del maestro Sandro Botticelli tienen videos con más de 50 mil likes. Nada académicos: en una de sus obras, las Tres Gracias bailan tecno y en otra, la Venus muestra el look del verano, con cofia, máscara y traje protector. En sus últimos posteos, los cuadros cantan música italiana. Es "un canal de comunicación muy democrático que permite llegar al público más difícil: los adolescentes", decía a Télam la argentina Alejandra Micheli, del staff del museo, cuando hace tres meses comenzó la tendencia; en este lapso, duplicaron sus visitantes jóvenes. TikTok tiene 800 millones de usuarios y el 41% de entre 16 y 24 años.

La cuenta @uffizigalleries tiene hoy más de 58 mil seguidores. Un poco engolosinados con la respuesta, los videos van subiendo el tono con diálogos imaginarios entre personajes de pinturas, chanzas respecto del alcoholismo de Baco o anacrónicas sugerencias de dietas para figuras renacentistas. Un humor, por momentos, un poco pesado. De todas formas, detrás de los posteos hay un equipo de doce personas que delibera sobre qué publicar y qué no. "Estábamos prácticamente en la Edad de Piedra", dijo el director, Eike Schmidt, en una nota sobre el fenómeno que publicó hoy el diario El País.

En Madrid, el Museo del Prado también abrió una cuenta en esa red social, pero suma a la hilaridad propia del medio una buena dosis de pedagogía, con videos explicados por expertos. Por ejemplo, ofrece un mini tour por personajes de El Jardín de las Delicias de El Bosco o una aproximación a la perspectiva jerárquica medieval en pocos segundos. Acumula 77 mil seguidores.

Todos los museos son debutantes en la plataforma china -ahora en el ojo de la tormenta, porque Trump la quiere prohibir en Estados Unidos-, que sirve para compartir videos, y permite crear, editar, agregar efectos visuales y de audio. En junio pasado, TikTok lanzó #MiMuseoEnCasa para invitar a la comunidad, y ahí se sumaron las flamantes cuentas del Rijksmuseum de Amsterdam, el Museo de Ciencias Naturales de Berlín y Le Grand Palais de París. La Uffizi parece ser la entidad que le da un uso más arriesgado, y contrata influencers para sus recorridos vía streaming... que pueden estar liderados por un coronavirus animado.

¿Cuál sería el límite en este afán de ser amigables? Uno claro fue el que puso el Memorial de Auschwitz, que en una declaración pidió que se dejen de publicar videos en la app cuando se impuso la tendencia de "victimizarse" en el lugar que preserva la memoria de una de las peores atrocidades de la historia. "La tendencia de las 'víctimas' en TikTok puede ser hiriente y ofensiva. Algunos videos están peligrosamente cerca o ya están más allá de la frontera de la trivialización de la historia", publicó el organismo en su cuenta de Twitter.

En la Argentina, más cautos

Los museos locales han hecho sus esfuerzos para tener presencia en las redes. A TikTok no han llegado. Lo que se puede ver son imágenes de las muchas actividades que proponen a la distancia, por ejemplo con el hashtag #Malba. Lo mismo que el #Louvre o #NationalMuseumOfQatar, museos que no tienen cuenta propia, pero se visibilizan con videos subidos por los visitantes. En en el país la actividad virtual de los museos más que buscar entretenimiento, apunta a propuestas didácticas y de calidad. Un buen ejemplo son las visitas guiadas en 360 grados de la plataforma #MiraMuntref, que en su web y redes sociales recorren las exposiciones que estuvieron montadas en sus diferentes sedes y también aquellas que la pandemia no dejó visitar de manera presencial.

"Claramente la pandemia obligó a las instituciones a recrearse a través de las redes sociales para no perder conexión con su público -analiza Andrés Duprat, director del Museo Nacional de Bellas Artes-. Es verdad que a veces en nombre de la divulgación se puede caer en formatos banales, que buscan llamar la atención de un modo frívolo o sensacionalista, y ello puede afectar o reducir el propio sentido y concepto de una obra. Desde el MNBA estudiamos bien los formatos y el público a quienes va dirigido el contenido, intentando preservar toda la potencia y complejidad de las obras. Tanto la página del museo como sus redes están muy activas y multiplicaron notablemente las visitas y sus seguidores". Uno de los ciclos más exitosos del MNBA fue Pensamiento de artista, serie de entrevistas a maestros que llevan más de 75.000 reproducciones. También tienen un ciclo de cine y liberaron sus catálogos. En Instagram, con cerca de 50 mil seguidores, Amigos del Bellas Artes dio un paso más hacia la diversión, y además de trivias y sorteos, sumó su propio filtro: es posible sacarse fotos posando como Manuelita Rosas para Prilidiano Pueyrredón.

"Desde el inicio de la cuarentena pusimos en marcha el programa Museo Moderno en Casa, con la convicción de convertir nuestras redes en un espacio de reflexión, en una voz colectiva, en un archivo del presente y de fortalecer los lazos con la comunidad de artistas, la ciudad y el país", define Victoria Noorthoorn, directora del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Cada quince días proponen un tópico y, tomando como inspiración una obra contemporánea, convocan artistas e intelectuales a compartir sus creaciones e ideas.

Muy activo en Instagram es Malba, donde su comunidad virtual superó los 500.000 seguidores (que es igual a la cantidad de visitantes en 2019). Ahí, lanza propuestas como Take Over, en la que artistas como Guillermo Kuitca o Marta Minujín toman la cuenta por un día, y desafíos colectivos como #MimesisMalba, donde el público replica piezas icónicas del museo. "Tras la crisis sanitaria, esta función comunicativa se amplió y redefinió para pasar a ocupar el lugar del museo presencial", explica Gabriela Rangel, directora artística del Malba. "Las comunidades se arman y se desarman. Las plataformas digitales lo que hacen es redefinirlas. Las redes son ahora el museo, y hay que darles contenido, y dentro de ellos los que mejor han funcionado son los híbridos, performáticos", analiza.

Fundación Proa hizo de su plataforma un espacio habitable y se instituyó en aula virtual por la que pasaron 5000 alumnos durante 39 clases gratuitas por Zoom. "Una iniciativa que llegó para quedarse", sentencia la directora de la institución, Adriana Rosenberg.

"En esta dirección no hay restricciones -observa Valeria González, directora nacional de Museos y Patrimonio-. No se piensa en términos genéricos como no a la banalización, no a determinado soporte ni aplicación. Nuestro cometido, en una mezcla de curaduría, museografía y docencia, es el desafío de volver algo interesante, no divertido. Pero a veces volver algo divertido es la puerta para interesar a alguien. Interesar a los jóvenes es todo un desafío". Dentro de su órbita, el Museo del Traje es uno de los que más creció en audiencia en las redes, con vivos en Instagram que llegan a los 600 espectadores en encuentros virtuales que atienden la pasión por las labores que trajo la cuarentena. "Buscamos tomar las plataformas mismas y, a partir de ellas, crear contenido de valor", dice Vicky Salías, la directora. Tejer y bordar, nuevas viejas pasiones que este pequeño museo sabe poner en discusión. Bienvenidas redes a este mundo.