Este es el origen de la Tomatina, una de las mayores guerras de comida del mundo

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Un joven se echa un cubo de tomates encima, durante la popular fiesta de la Tomatina en Buñol, Valencia. (Photo: NurPhoto via Getty Images)
Un joven se echa un cubo de tomates encima, durante la popular fiesta de la Tomatina en Buñol, Valencia. (Photo: NurPhoto via Getty Images)

Un joven se echa un cubo de tomates encima, durante la popular fiesta de la Tomatina en Buñol, Valencia. (Photo: NurPhoto via Getty Images)

La fiesta ha celebrado su 75º edición bajo el lema “No te la puedes perder” este miércoles, después de dos años de parón provocados por el Covid.

La “batalla”, conocida popularmente como la Tomatina, ha regresado a Buñol para inundar de color rojo este pueblo de Valencia. Durante una semana, diferentes actividades y celebraciones han servido como preliminares para el verdadero colofón final: la batalla de tomates.

La música ha sido la gran protagonista durante las jornadas anteriores, y diferentes orquestas y un DJ han amenizado el ambiente de las fiestas celebradas en honor a los patrones de este pueblo valenciano, San Luis Bertrán y la Virgen de los Desamparados.

También ha tenido lugar, poco antes de la Tomatina, el curioso espectáculo de “palo jabón”. Los participantes deben trepar a lo alto de un poste para hacerse con un jamón colocado allí estratégicamente. Hasta aquí puede parecer sencillo, el problema es que el poste es engrasado con jabón artesanal, por lo que no resulta difícil imaginar lo que resbala.

Un enfado pudo dar origen a la Tomatina

Al pueblo llegan personas de todos los rincones del mundo buscando disfrutar del ambiente de la Tomatina.

Lo que muchos de ellos no saben es que esta fiesta surgió por accidente hace ya casi 80 años. Es cierto que, como siempre ocurre en este tipo de festividades, su origen es discutido, aunque hay una teoría muy extendida.

La historia tiene su miga. Unos amigos hicieron historia sin saberlo.

El último miércoles de agosto de 1945, unos jóvenes disfrutaban del desfile de gigantes y cabezudos en la plaza del Pueblo. En un momento, estos decidieron meterse dentro de la comitiva formada por las grandes figuras y los músicos, lo que provocó la caída de uno de los participantes. Preso de la ira, el accidentado empezó a golpear todo lo que había a su alrededor, incluyendo, un puesto de verduras. Como consecuencia del enfado, la multitud respondió tirando tomates, convirtiéndose en una batalla campal que tuvo que ser detenida por la policía.

Al año siguiente, los jóvenes decidieron volver a repetir el altercado, aunque esta vez decidieron llevar la tomates de su casa. Había nacido la Tomatina.

Durante los años siguientes, la fiesta del tomate siguió celebrándose, aunque se prohibió a comienzos de la década de los 50.

Por su parte, la gente del pueblo cada vez lo vivía de manera más frenética, al tiempo que el número de participantes aumentaba cada año que pasaba, por lo que las autoridades decidieron aceptar su celebración.

El “entierro del tomate” supuso un punto de inflexión para esta fiesta

No obstante, se produjo una segunda prohibición en 1957. Ese año, con algo de guasa, los vecinos de Buñol decidieron organizar el entierro del tomate como método de protesta. El pueblo decidió meter un tomate gigante dentro de un ataúd y realizar una marcha fúnebre. No faltó de nada. Hubo bandas tocando para la ocasión, gente vestida de luto y un sin fin de detalles que hicieron de esta queja un éxito total.

Desde entonces, la Tomatina se instauró como fiesta de forma oficial. Con el paso de los años, cada vez más gente fue interesándose en esta batalla vegetal. De hecho, en el 2002 fue declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional.

La última edición celebrada antes de la pandemia, la de 2019, confirmó con datos que es una de las fiestas más populares de nuestro país: se emplearon más de 145.000 kilos de tomates y participaron las 20.000 personas. Hay que destacar que desde 2013, el Ayuntamiento ha limitado el aforo a 20.000 personas y es necesario comprar un ticket  para participar. De hecho, las 5.000 entradas reservadas para los residentes de Buñol se acabaron en cuestión de minutos.

Había ganas ya de Tomatina y así lo han demostrado muchos usuarios en las redes.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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