La oposición a Vizcarra en Perú fue por lana y salió trasquilada

Agencia EFE
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Lima, 16 nov (EFE).- La oposición a Martín Vizcarra -partidos, políticos, grupos de presión y medios hostiles- salió hace una semana por lana y regresó trasquilada a manos de una masiva, insólita y poderosa reacción ciudadana ante la destitución del mandatario peruano, que le ha hecho perder mucho y más de lo que jamás hubiera imaginado en tan solo siete días.

Ni el Gobierno, que llegaron a ostentar por apenas unas horas; ni el Congreso, que dominaban con holgura; ni sus estructuras internas y perspectivas electorales, que han quedado devastadas; ni su relato de lo sucedido, barrido en un huracán de tuits y memes; ni el sentir ciudadano, puesto en la muerte de Jack Pintado, de 22 años, e Inti Sotelo, de 24 años, de la que son responsables.

Todo eso quedó este lunes fuera de su alcance gracias, en último término, a su torpeza y fundamentalmente a la presión ciudadana, joven y entusiasta que no vieron venir, no se esperaban y mucho menos supieron como manejar.

LES HICIERON EL PARE

"Entraron con una muy mala lectura de la situación y claramente con intereses particulares de cuotas de poder, de obstrucción a la Justicia, creyendo que se iban a salir con la suya. Y la sorpresa que se llevaron es que la ciudadanía lo impidió, la movilización en las calles les hizo el pare, como se dice en el Perú", dijo a Efe la politóloga Paula Muñoz, de la Universidad del Pacífico.

La primera "víctima" de esta presión ciudadana ha sido Manuel Merino, una figura que por activa y pasiva había intentado destituir a Vizcarra desde su puesto como presidente del Congreso y que el lunes 9 tuvo un efímero momento de triunfo cuando la Cámara, abrumadoramente, apoyó la destitución por "incapacidad moral permanente" de su antagonista.

"En realidad ese fue un acto suicida. Nadie debió haber pensado que podía ir contra los ciudadanos, que apoyaban a Vizcarra pese a las acusaciones de corrupción en su contra y que sobre todo, en más de un 90 %, pensaban que no debía hacerse", apuntó el también politólogo Mauricio Zavaleta.

Una semana después, Merino, que asumió el poder el martes y dimitió el domingo, se encuentra en paradero desconocido y está siendo investigado por la fiscalía por violaciones a los derechos humanos cometidas durante la represión a las protestas en su contra.

Hasta 35 años de cárcel podrían caerle, un precio elevado para menos de una semana de ejercicio.

FIGURAS

En su lugar se encuentra ahora otro legislador, Francisco Sagasti, diametralmente opuesto, uno de los pocos que se negó siempre a los manejos del Congreso de Merino y que defendió la estabilidad política del país.

Aun tan solo en el plano simbólico, el Ejecutivo que a duras penas formó Merino y que encabezó el conservador Ántero Flores-Aráoz con una nómina de secundarios de derecha y extrema derecha y ultracatólicos, encontrará sustitutos a manos de un hombre que apoya la libre decisión respecto al aborto, el matrimonio homosexual y que juró su cargo - probablemente, por primera vez en la historia- por Perú, sin crucifijo y sin la biblia.

"Hay un claro perdedor, el grupo de Coordinadora Republicana (agrupación de políticos y comentaristas de derecha), que nutrió el gobierno, y los partidos que apoyaron la vacancia por intereses particulares sin medir consecuencias. Es el grupo de los irresponsables", añadió Zavaleta.

CONGRESO Y PARTIDOS

La caída de Merino arrastró consigo a la mesa del Congreso, que se sostenía a su vez en unos legisladores que han quedado completamente en fuera de juego y evidenciado su distancia ante la ciudadanía y que ahora tratan de reparar la torpeza que cometieron al vacar a Vizcarra.

En ese afán, para algunos muy tardío y muy mal hecho, ha causado que ahora sea una mujer de izquierdas, Mirtha Vázquez, la que ocupará la presidencia del Congreso, lo que nunca jamás hubieran imaginado.

"No es que haya ganado la izquierda ese puesto, Vázquez lo sabe y actuará con responsabilidad política, y seguro trabajará para recuperar la estabilidad, que es la prioridad junto garantizar las elecciones. Pero está claro que se van a sentir derrotados", apuntó Muñoz.

Mientras, los partidos que apoyaron la destitución, particularmente Acción Popular (AP, de Merino) y Alianza para el Progreso (APP), no saben qué hacer para recuperar el favor ciudadano con la carga de su evidente responsabilidad ante lo sucedido.

APP cambió su discurso, ha pedido perdón y sacó a su portavoz parlamentario, Fernando Meléndez, un furibundo orador antivizcarrista que ahora no tiene piso.

AP perdió diputados, y sus caras visibles han desaparecido junto con Merino, ante la evidencia segura que el pueblo hará pasar factura al grupo en las elecciones generales de abril próximo.

Otros grupos menores también se han escindido y buscan reconfigurar su posición, como evidenció el apoyo masivo a Sagasti como presidente del Congreso, que solo fue negado por algunos recalcitrantes.

"Igual, esto es posible en Perú porque los partidos son actores endebles. Siempre hay margen para cambios repentinos e inesperados. La semana pasada se envalentonaron y decidieron sin pensar" sostuvo Zavaleta.

(c) Agencia EFE