Omar Montes: "Como no te aguante, me da igual que seas el rey o que seas Daddy Yankee"

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“Al final, no hay mejor forma de darle un punto en la boca a los que no creen en ti que demostrando que tú puedes hacerlo. Hablar puede hablar todo el mundo, pero hacerte un disco de quince canciones con palos de flamenco, con la ley, con el libro en la mano, no”, afirma categórico Omar Montes cuando habla de su segundo disco Quejíos de un maleante publicado este jueves.

Dice Montes que este es su trabajo más meditado, más elaborado y más cuidado, un lento proceso que le ha tenido casi dos años encerrado en un estudio: “Estoy muy contento con el resultado, pero ¿a qué precio? Dos años sin salir del estudio… Ya de loco, de psicópata, me compré un colchón y dormía en el estudio”. Cuenta que algunas canciones le llevaron más de un mes de trabajo, hasta que quedaron perfectas, y que el esfuerzo que ha realizado casi le hace caer en una depresión.

En su nuevo álbum de estudio, el de Pan Bendito ha decidido dejar un poco de lado los ritmos urbanos, el reguetón y el trap, con los que ha encadenado éxito tras éxito, y zambullirse en el flamenco más puro. “Yo llevo estudiando flamenco toda la vida. Pero como no soy muy intenso, no me voy a poner a dar lecciones. Yo hago mi música y el que escuche este disco verá que ahí hay horas de estudio: tú no puedes hacer una bulería a lo loco, o un fandango o una sevillana”.

Reconoce sentirse inquieto por el recibimiento de las canciones que forman parte de este álbum, aunque confía en que gusten. “Creo que el disco, además de ser un éxito, me va a llevar a un punto en el que no estaba. Una cosa es que tú seas un número uno de España, el número uno en streaming o el que más música vende, y otra cosa es que crees tu propio movimiento. Puedes ser número uno un año, cinco años… pero aquí tienes tu movimiento, tu número uno de por vida. Luego saldrá gente que lo imite, que lo haga mejor o peor, pero el movimiento es mío”. 

Omar Montes, en un momento de la entrevista con 'El HuffPost'.
Omar Montes, en un momento de la entrevista con 'El HuffPost'.

Omar Montes, en un momento de la entrevista con 'El HuffPost'.

Un movimiento, un estilo que el cantante ha bautizado como ‘flamenco bajo mundo’:  “De donde yo vengo. Será mejor o peor, pero es mío”. Las canciones no se convertirán en éxitos de baile porque “hombre, no veo sonando en Fabrik una bulería por Jerez. Pero, de repente este disco puede servir para estudiar. ’¿Quieres cantar por bulerías? Vamos a aprender a cantar por bulerías. A ver, una bulería’. Y de repente estoy yo ahí. ’A ver cómo lo hace Omar”.

Con los grandes del flamenco

El nuevo disco de Omar Montes está lleno de grandes nombres propios, de las voces e instrumentos de los mejores flamencos: Israel Fernández, La Tana, Tomatito, Estrella Morente, Farruquito, Dukende, Juan Antonio Salazar… “Esto no se había hecho nunca: juntar a todos los flamencos número uno en un disco de ley y que de repente tenga un toque urbano y con la estética del drill —subgénero del trap—”.

Y aunque el artista confiesa que todos aterrizaron en el proyecto un poco escépticos como “a ver qué nos vamos a encontrar aquí”, terminaron “entrando por el aro”. Admite sentirse muy orgulloso de haber contado con las voces de Malú, con quien canta Siempre fui él; con la de La Tana, una de las cantaoras más importantes del panorama flamenco que comenzó su carrera de la mano de Paco de Lucía; y con la de Estrella Morente, quien le dedicó un emotivo agradecimiento en Instagram. “Os aseguro que vais a disfrutar muchísimo con los trabajos que van a salir de este estudio. Entre ellos, el siguiente disco de Omar, que es todo un ejemplo de superación humanística y profesional”, escribía la cantaora.

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“Creo que con este disco sí me considero una estrella. Con este trabajo, he descubierto cosas de mí que ni yo mismo sabía”, manifiesta Montes confesando que para él, personalmente, este disco ya es un éxito, sin desmerecer lo que ha hecho hasta ahora. “Todos estamos cansados de viejas leyendas que están a tope, que siempre tienen que ser los más guays y los que mejor hacen las cosas, y todo lo demás es una mierda y el reguetón es una mierda. No, todos los estilos merecen la pena y todos merecen respeto. ¿Qué unos cuestan más que otros? Indudablemente. El flamenco me ha costado diez veces más que hacer un reguetón, pero eso no significa que no merezca un respeto y que los artistas de reguetón sean una mierda”.

Con Pan Bendito en el ADN

Cuenta Omar Montes que la idea de hacer un disco así, su gran disco, se la planteó a partir del diagnóstico de cáncer de su abuela: “Si a mí me faltan mis abuelos, que yo hago música por ellos, para que dejen de pasar penas... La vi muy malamente y dije: ’Voy a hacer un disco de respeto, en homenaje a ella”.

Los suyos, como él dice, son el motor de su vida; y su barrio, Pan Bendito, el lugar en el que quiere estar y del que no se mueve. “Me he comprado un par de casas, pero a mí me gusta estar en mi zona de confort. Además, no puedo estar muy lejos de mi barrio porque allí viven mi abuela, mi madre, mi hijo... Me compro casas guapas y las tengo ahí para el día de mañana dejar un legado. Porque si mañana me muero, quiero que los míos vivan bien. Yo al final me estoy jodiendo, me he tirado dos años sin salir del estudio, también para ellos.  Me gusta dejar a todos los míos su colchoncito por si el día de mañana no estoy”.

Omar Montes habla con 'El HuffPost' horas antes de estrenar su nuevo disco.
Omar Montes habla con 'El HuffPost' horas antes de estrenar su nuevo disco.

Omar Montes habla con 'El HuffPost' horas antes de estrenar su nuevo disco.

Ese barrio humilde de Madrid que él lleva por bandera también es el ADN de su segundo disco: “Las historias de las canciones las he escrito yo, están escritas por un maleante de Pan Bendito y son todas historias reales”.  El maleante, claro, no es otro que él. “Yo es que estaba muy perdido. Sin hacer nunca daño a nadie, ¿eh? Pero sí hacía mis travesuras”, reconoce.

De aquellas travesuras recuerda cómo se colaba en el cine con su primo para así poder luego comerse una hamburguesa con los 10 euros que llevaban y que no les daban para las dos cosas. O cuando vendía bisutería en un puestecillo improvisado con su amigo, y los policías llegaban y se lo llevaban todo… “El barrio tiene sus cosillas, pero al final yo lo tengo todo muy normalizado. Si estoy jugando con los muchachos al fútbol y hay alguien enfrente trapicheando, no lo veo raro… A lo mejor otro lo ve y se van corriendo. Yo no, yo veo que están haciendo una ‘transa’ —vendiendo algo raro o enseñando algo turbio o están peleando— y sigo a lo mío”.

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Claro que Omar presume de llevarse bien con personalidades de la sociedad madrileña que poco tienen que ver con la gente de su barrio: Victoria Federica, Carmen Lomana, María Pombo, Willy Bárcenas o Ana Rosa Quintana.  ”A mí mientras me caigas bien… Ahora como no te aguante, me da igual que seas el rey o que seas Daddy Yankee. Yo prefiero estar con el Faliyo de San Roque y tirarme toda la tarde con él de risas, en el barrio sentado tomando zumos, que irme de repente con el Papa”, asegura. “Yo creo que a mí la gente me quiere porque me ve real. Yo podría juntarme con todo el mundo de la tele, ir a fiestas… Pero yo siempre estoy en el barrio, con mi abuela y con mi abuelo. Yo me mantengo fiel a lo mío y me junto siempre con los míos que son los que siempre han estado ahí”.

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