De cómo un volcán en Alaska pudo contribuir al fin de la república de Roma

Muerte de Cicerón, obra de François Perrier. Obra expuesta en el Palazzo Giustiniani, Roma. (Imagen C.C. vista en Wikipedia).

La muerte de Cicerón en el año 42 a.C., es considerada un símbolo del fin de los ideales republicanos, representados por el viejo intelectual, a manos del poder tiránico. Dos mercenarios a sueldo de Marco Antonio (militar que había sido ridiculizado magistralmente por la elocuente oratoria de Cicerón en sus famosas filípicas) degollaron como venganza a multifacético sabio de 64 años, al interceptarle en su huida de Roma.

Con él murieron los ideales republicanos y no volvió a ver gobernantes nombrados por el pueblo y el senado. Desde entonces, y a pesar de que el senado continuó existiendo (tal vez un último honor a Cicerón concedido por César Augusto, el primer emperador) los togados pasaron a ser meros espectadores de los sucesivos tiranos que gobernaron Roma.

Un viejo problema que sigue sonando de lo más actual: quien maneja a las tropas y no tiene inconveniente en ejercer la violencia para mantenerse en el poder, casi siempre vence a los defensores de la razón.

Pero no voy a hablar de los cambios políticos de la transición romana, sino de algo que sucedió durante ese preciso período histórico en lo que hoy conocemos como Alaska. En aquel remoto y desconocido territorio en época de Cicerón que son las islas Aleutianas, tan lejos de las tribunas en las que fue asesinado Julio Cesar (el último gobernante republicano y mentor de Marco Antonio) un volcán llamado Okmok pudo haber facilitado el fin de la república romana.

Eso al menos es lo que defiende un equipo de glaciólogos comandado por Joseph McConell, cuyos resultados acaban de publicarse en PNAS.  Según estos investigadores, que han analizado testigos de hielo extraídos en Groenlandia, durante el año 43 anterior a nuestra era, una enorme erupción volcánica en las Aleutianas dejó tras de sí un cráter gigante de 10 kilómetros de diámetro. La cercanía del volcán al círculo polar ártico debió haber provocado que las corrientes que recorrían las capas bajas de la estratosfera diseminaran fácilmente las partículas a través de todo el hemisferio norte, donde debieron bloquear parcialmente el paso de la luz solar.

Esto, siempre según los autores del trabajo, debió haber también provocado temporalmente un cambio climático acompañado de un descenso de las temperaturas, que a su vez produjo hambrunas, revueltas y otras alteraciones, durante un período de dos años. Estos sucesos, podían haber ayudado a que se consolidara la toma del control por parte del imperio.

No todo el mundo está de acuerdo, claro, y de hecho algunos estudiosos apuntan a que la república  se encontraba ya muy amenazada en el 49 a.C. cuando Julio César cruzó el Rubicón y precipitó la guerra civil de 5 años que concluyó con su nombramiento como dictador de por vida. Además, creen que pese a la coincidencia en las fechas, las evidencias que respaldan los efectos catastróficos del volcán canadiense, especialmente en el Mediterráneo, son “demasiado finas”.

Las alzas en partículas bloqueadoras del sol, encontradas en los sustratos de la época extraídas en testigos de hielo de Groenlandia, ya indicaban una fuerte erupción en la zona durante ese período temporal. Sin embargo hasta ahora no se conocía la localización de semejante erupción volcánica. Ahora, el equipo de McConell ha podido determinarlo ya que en otras muestras glaciólogas extraídas se descubrieron 35 esquirlas de cristal volcánico, cuya composición geoquímica coincide con las de Okmok.

No cabe duda además de que las partículas bloqueadoras alcanzaron la estratosfera, ya que el análisis de las mismas determinó que habían estado expuestas a radiación ultravioleta durante muchos meses, antes de volver a precipitarse hacia el suelo.

Tras simular la erupción en un modelo climático (que por cierto, algunos científicos consideran “exagerado” a la hora de calcular los efectos refrigerantes de las erupciones) el equipo de McConell descubrió que los aerosoles podrían haber enfriado el sur de Europa y el norte de África hasta en 7ºC. El equipo pidió la confirmación de otros equipos de glaciólogos del hemisferio norte. El primero de ellos en Escandinavia, mostró evidencias claras de enfriamiento durante el 43 y el 42 a.C, mientras que el otro equipo, que extrajo muestras de los Alpes,  contempló una tendencia de enfriamiento que se inició 10 años de la erupción y que alcanzó su punto más frío en el 45 a.C.

¿Y qué dicen las evidencias históricas de la época? Las cartas de Cicerón a otros hombres de estado un año antes de su muerte, mencionan un enfriamiento del tiempo durante la erupción. Otras fuentes documentales mencionan hambrunas en el norte de Italia durante el mes de abril de ese mismo año, y otra sucedida un año más tarde en el norte de Grecia. Por otro lado, el famoso historiador romano Plutarco, escribió que los hombres del ejército de Marco Antonio se enfrentaron a una hambruna terrible en abril del año 43 a.C. razón por la que tuvieron que comer frutos del bosque, raíces y cortezas. Por su parte Apio, otro afamado historiador romano, mencionó en sus escritos que el hambre había devastado la ciudad de las siete colinas durante el 42 a.C.

¿Pudo haber sido así? Las evidencias no parecen demasiado sólidas, pero no sería la primera vez que una erupción volcánica ponía patas arriba nuestro mundo. ¡Que se lo pregunten a los habitantes de Pompeya!

Me enteré leyendo Science.

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