La OIV ve una salida rápida de la crisis pero no tanto para el vino en España

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Madrid, 12 sep (EFE).- El sector del vino ha visto una salida “bastante rápida” de la crisis derivada de la pandemia en el mundo, aunque no tanto en España, según el director general de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), Pau Roca.

“Soy menos pesimista de lo que fui al principio de la crisis”, afirma Roca en una entrevista a Efeagro en la que considera que “se ha salido en general de la crisis de una forma bastante rápida, pero España está un poco más afectada”.

A su juicio, la hostelería y del turismo tienen un peso “muy sobredimensionado” en el consumo de vino en España, mientras que las ventas en el supermercado o para el hogar son “muy pequeñas” en comparación con otros países, incapaces de compensar las pérdidas.

Eso ha hecho que la caída del consumo haya sido más notable en España en época de pandemia, según Roca, que pone el ejemplo de otro importante productor, Italia, donde -más allá de la importancia del turismo- es habitual tomar vino en las comidas, por lo que las ventas no se han resentido tanto por las restricciones.

CAMBIOS A LA VISTA

Las últimas estimaciones de la OIV, hechas públicas en abril, apuntaban que la producción mundial de vino iba a ser en 2020 de 260 millones de hectolitros, un nivel ligeramente por debajo de la media por segundo año consecutivo, y el consumo se podía situar en 234 millones de hectolitros, su nivel más bajo desde 2002 y el 3 % menos que en 2019.

Roca precisa que recientemente han observado un aumento de las exportaciones en el mercado mundial, posible señal de un punto de inflexión, y que, en cualquier caso, la conducta varía mucho en función de los países.

También influyen factores como la situación en China, cuyo consumo de vino ha sido revisado a la baja.

Allí el Gobierno chino ha tomado decisiones “importantes” como crear una zona piloto de vinos de calidad y apostar por las variedades desde el origen, lo que muestra un interés por el vino “como producto agrícola y no industrial”, según el responsable.

Otra tendencia en auge son las ventas directas por internet o de puerta a puerta, que han aumentado en muchos países como Brasil y que, en opinión de Roca, supone una diversificación de los canales de distribución.

UN PRODUCTO "UNIVERSAL"

El director general ha visitado esta semana España, donde se reunió con el ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, para abordar la organización en el país del 44º Congreso Mundial de la Viña y el Vino y de la 21ª Asamblea General de la OIV en 2023, entre otros asuntos.

Roca asegura que están trabajando para que el vino sea considerado un producto "universal" y el mercado no se concentre tanto en unos pocos países exportadores e importadores.

La vid se cultiva en numerosos sitios y de ella se pueden obtener también pasas, uvas de mesa y zumos, destaca el representante de la OIV, un organismo intergubernamental compuesto por 48 países que se ocupa de todo lo relacionado con la viña y el vino desde un punto de vista científico y técnico.

"La mitad de la producción de uva va al consumo de productos de alimentación y el sector tiene que formar parte de los sistemas alimentarios", insiste Roca.

Califica de "ejemplar" su cadena de valor, en el que los productores suelen gozar de "mucho protagonismo", con capacidad para controlar la producción en función de las necesidades de los mercados, algo que no sucede en otros muchos productos.

Sobre las medidas de apoyo al sector en tiempos de crisis, que en la Unión Europea han tomado la forma de cosecha en verde, almacenamiento privado o seguros agrarios, opina que "están muy bien", pero que no hay que olvidarse de ayudar a otros países en dificultades.

Cita Bolivia, que mantiene su viñedo "contra viento y marea" a 4.000 metros de altura y que puede dar claves de lucha ante el cambio climático.

En cuestiones de adaptación, Roca recalca que la viña está determinada por el clima, el suelo y la variedad.

El primer factor no se puede modificar directamente y cambiar el segundo significaría dejar de cultivar zonas con una notoriedad y prestigio que dan valor al producto.

Por eso, el director general apuesta por gestionar el "impresionante" patrimonio genético que conforman las 12.000 variedades de vides que existen en el mundo y que han sido empleadas a lo largo de 8.000 años.

Belén Delgado

(c) Agencia EFE

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