La odisea de aprender enfermería en un campamento saharaui

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  <span class="attribution"><span class="source">Jose Manuel Martínez Linares</span>, <span class="license">Author provided</span></span>
Jose Manuel Martínez Linares, Author provided

En funcionamiento desde 1992, la Escuela Ahmed Abdel-Fatah es el único centro de formación de personal de enfermería que existe en un campamento de personas refugiadas en el mundo. Está situada en el ardiente desierto argelino, junto a la ciudad de Tinduf, donde se concentra la población desplazada saharaui.

Pero antes de conocer mejor esta singular institución y cómo funciona en la actualidad, hagamos un poco de historia.

Orígenes del conflicto

Tras la Conferencia de Berlín de 1884-1885, en la que varios países europeos llegaron a un acuerdo para repartirse el continente africano, España se lanzó a la colonización del Sáhara Occidental. Pasaba de esta forma a ser la provincia española número 53.

En 1960, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó la Resolución 1514 (XV), que instaba a los países a descolonizar todos aquellos que aún estuvieran colonizados, entre ellos, el Sáhara. Ante las presiones, España comunicó a esta asamblea en 1973 su intención de convocar un referéndum de autodeterminación.

El inicio de la diáspora saharahui

En este momento, el entonces rey de Marruecos, Hassan II, reivindicó el Sáhara Occidental como parte de su país. Obtuvo, entre otros, los apoyos de Francia, Estados Unidos y Mauritania, este último a cambio de cederle una parte del territorio.

Ante esta situación, el soberano marroquí se sintió legitimado para movilizar unas 350 000 personas, que se adentraron el 6 de noviembre de 1975 en el territorio saharaui de forma pacífica. Era la llamada Marcha Verde. Días más tarde se firmó el llamado Acuerdo Tripartito de Madrid, por el que España le cedía la territorialidad del Sáhara Occidental a Marruecos y Mauritania.

Por su parte, el Frente Polisario proclamó en 1976 la República Árabe Saharaui Democrática. Este acto inició un enfrentamiento bélico hasta 1991, cuando se firmó un alto el fuego con Marruecos. La contienda provocó la salida de aproximadamente 150 000 personas, que se asentaron, hasta hoy, en una de las zonas más inhóspitas del planeta: la denominada hamada argelina. Así nacieron los campamentos de refugiados y refugiadas saharauis.

Recursos sanitarios para atender a la población refugiada

La población saharaui asentada junto a la ciudad de Tinduf se divide en seis campamentos (wilayas, en dialecto hassanía), que reciben el nombre de las provincias de su país de origen. Cada una cuenta con un hospital regional dotado con personal de enfermería, matronas y personal facultativo, donde se atienden citas y urgencias.

A su vez, las wilayas se subdividen en dairas, que cuentan con un dispensario atendido por personal de enfermería y matronas. En estos centros se llevan a cabo principalmente los programas de vacunación infantil, seguimiento de embarazos y enfermedades crónicas y otras consultas a demanda.

Todos los casos que precisan de una atención más compleja son derivados al Hospital Nacional de la wilaya de Rabuni, que cuenta con una mayor dotación de recursos humanos y materiales. Si la situación lo requiere, se puede hacer una derivación al Hospital de Tinduf.

Tanto la educación como la sanidad fueron dos prioridades para el gobierno saharaui en el exilio. Sin embargo, ante la falta de recursos económicos, se ha dependido exclusivamente de las ayudas que llegaban del exterior.

La construcción de estos centros sanitarios fue posible gracias a varios proyectos de cooperación internacional para el desarrollo de diferentes países. En todos ellos, el personal de enfermería y las matronas dan respuesta a las necesidades de salud de la población. Pero para ello era preciso contar con un centro educativo donde poder formar al personal de enfermería necesario para abastecer la demanda de los centros sanitarios de las diferentes wilayas.

Una escuela única

Situada en la wilaya de Smara, la Escuela de Enfermería Ahmed Abdel-Fatah fue construida sobre los restos de un antiguo hospital, también gracias a varios proyectos de cooperación internacional para el desarrollo, y a las aportaciones que se siguen haciendo desde diferentes organizaciones no gubernamentales de desarrollo y universidades españolas. El alumnado puede cursar en régimen de internamiento los estudios necesarios para obtener el título de enfermera o enfermero, así como la especialidad de Matrona y Enfermería Pediátrica.

Nuestras investigaciones sobre el terreno han dado a conocer la actividad de esta institución formativa. En el año 2011 se ampliaron sus infraestructuras para aumentar la oferta en lo referente a la formación teórica. La formación práctica la realiza el alumnado en los dispensarios y hospitales repartidos en las distintas wilayas.

Por desgracia, solo entre un tercio y la mitad de las personas que inician sus estudios llegan a finalizarlos, sobre todo cuando los cursan mujeres. En este caso también está presente la brecha de género, ya que, por motivos culturales o por causas sobrevenidas, son ellas quienes han de abandonar sus estudios. Desde los inicios de la escuela en 1992 se han titulado más de 300 enfermeras y enfermeros, más de 70 matronas y más de 20 especialistas en enfermería pediátrica.

Aprender del pasado para conseguir un futuro

Gracias a la experiencia de los 30 años de historia de esta institución, se han conseguido resultados para el sector sanitario y la sociedad saharaui en general. La formación de personal de enfermería no solo ha cubierto las necesidades de personal sanitario. También ha ofrecido una salida laboral y una esperanza de futuro a jóvenes saharauis, para quienes la vida en un campamento de personas refugiadas, en unas circunstancias para las que no se vislumbra un final próximo, no existe una oferta formativa ni laboral que les motive.

El ánimo de la institución es continuar con esta labor social y mejorar en cuanto a la calidad de la formación que recibe el alumnado. Para ello, precisa de mejoras en la dotación de recursos para la docencia, así como de reciclaje y actualización del profesorado que la imparte. La continuidad de esta labor pasa por seguir recibiendo ayuda del exterior que permita financiar esta actividad.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Parte de los datos aportados en este artículo fueron recabados directamente por las personas que componen la autoría, gracias al proyecto de cooperación internacional para el desarrollo "Contribución a la mejora de la calidad de vida de la población de los campamentos de refugiados/as saharauis" financiado por la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo y la Universidad de Jaén (Proyecto 2014DEC/008).

Ana María Díaz-Meco Niño, Mª José Calero García y Olga María López Entrambasaguas no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

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