El obispo español que vivió la revuelta en Kazajistán desde la ventana

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Moscú, 12 ene (EFE).- Un obispo católico español, José Luis Mumbiela, ha sido testigo de los violentos disturbios en Kazajistán desde la ventana de su casa, en su mismo epicentro, Almaty, donde ejerce como religioso desde 1998.

"He vivido los disturbios con gran preocupación. Después de tantos años, Kazajistán es como mi familia", comentó a Efe por teléfono desde Almaty.

DESDE LA VENTANA

A Mumbiela, un aragonés (nordeste de España) de 52 años, el estallido de la violencia en la mayor república centroasiática, de mayoría musulmana, le cogió por sorpresa, como a todos los kazajos.

"Todo el mundo está sorprendido. Nunca hubo un levantamiento de tal calibre en treinta años de independencia, aunque es verdad que había miedo al terrorismo islamista. Las autoridades siempre han expresado temor al fundamentalismo", señaló.

Al principio todos pensaban que se trataba de una protesta pacífica más en el oeste industrial del país "sin ánimo de violencia".

Salió el primer día a comprar a la tienda, pero a partir de entonces, por motivos de seguridad, decidió seguir los acontecimientos desde la ventana del edificio soviético en el que vive.

"Vivo en el centro, pero no estaba en primera línea de combate. Oí los disparos y explosiones. He visto coches, calles destrozadas y delincuentes. Pero todo desde la ventana, sin salir de casa", señaló.

El comercio que está justo en la planta baja de su edificio de viviendas fue asaltado por la turba.

Sólo salió a la calle cuando la situación se había normalizado y las tropas de pacificación de la alianza militar postsoviética liderada por Rusia habían comenzado a asumir sus funciones.

PROTESTAS Y DISTURBIOS

Mumbiela cree que las protestas sociales son legítimas, pero describe los subsiguientes disturbios como "una revuelta de carácter revolucionario".

"Son dos realidades diferentes que se juntaron en Almaty. No es lo mismo una manifestación pacífica que un levantamiento armado", apunta.

Cree que los organizadores de la sublevación prepararon el ataque concienzudamente, ya que Almaty es la ciudad más grande e importante del país bañado por el mar Caspio.

"Si tienes a Almaty tienes lo más importante", señaló.

Sin querer meterse mucho en política, cree que el presidente, Kasim-Yomart Tokaýev, es un "hombre de diálogo", como buen diplomático de carrera.

"Los primeros días vi que estaba dispuesto a dialogar con los que empezaron las protestas pacíficas. Lo que no se puede es dialogar con los que no quieren", señaló.

Recuerda que el integrismo islámico lleva afianzándose en el país desde que él llegó en 1998, pero considera que es un Islam ajeno a la tradición local.

"El islam tradicional kazajo es el sufí, que siempre ha sido muy moderado. El otro lo han importado", señaló.

En cuanto a las manifestaciones, recuerda que "también las hay en Europa".

"Son muchos años de mandato (del padre de la nación, Nursultán Nazarbáyev). Imagino que habrá descontento. A nivel humano es como un obispo o un cura en una parroquia. La gente se cansa y ellos mismos se cansan de repetir el mismo sermón". señaló.

EL PAPEL DE LA IGLESIA

La violencia callejera obligó a cerrar la catedral católica, que tiene una imagen del papa Juan Pablo II en su entrada.

"Oficié la misa en una capilla. Los héroes son los feligreses, que vinieron en coche, andando e incluso en bici desde otras partes de la ciudad", señaló.

Todos están tristes por lo ocurrido en su país, pero no pierden la esperanza de que las cosas se arreglen.

Fueron solo un puñado de fieles, pero el obispo español es "feliz" celebrando la misa antes "grupos pequeños".

"Para mí es como si fueran mil o dos mil personas", apunta.

Presidente de la Conferencia Episcopal de Kazajistán, que cuenta con cien mil fieles y cuatro diócesis, reconoce que el papel de la Iglesia Católica es "pequeño", pero, en cambio, destaca que tiene el reconocimiento internacional del que carece la Iglesia Ortodoxa Rusa.

De hecho, los ortodoxos, con los que tiene una "magnífica" relación, le pidieron que informara a Occidente sobre lo que está ocurriendo realmente en el país después de que algunos medios acusaran a Rusia de contribuir a la represión de los manifestantes.

"Podemos ser un altavoz de los problemas del país", resalta.

En cuanto a su permanencia en Kazajistán, asegura convencido que está "donde hace más falta".

"Donde Dios nos manda es el mejor sitio. Dios me ha puesto aquí, en Kazajistán", sentencia.

Ignacio Ortega

(c) Agencia EFE

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