Nuevo presidente cubano sorprende con apariciones públicas

Por ANDREA RODRÍGUEZ
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En esta foto del 19 de mayo de 2017 proporcionada por la Agencia Cubana de Noticias, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel visita a familiares de los pasajeros que perecieron cuando un Boeing 737 cayó en picada en un campo agrícola poco después de despegar del aeropuerto en La Habana, Cuba. (Agencia Cubana de Noticias vía AP)

LA HABANA (AP) — Durante décadas Fidel Castro aparecía en todas partes, inspeccionando fábricas y granjas, exponiéndose a la prensa y en la primera fila de la escena de desastres naturales. Su hermano Raúl, en cambio, solía moverse entre bambalinas y podían pasar semanas sin que fuera visto incluso cuando encabezó trascendentales reformas económicas y de relaciones exteriores.

Un mes después de suceder a los Castro, Miguel Díaz-Canel rompió con el pasado inmediato y mostró a los cubanos que operará más como un político convencional que como el discreto general que lo precedió.

La primera imagen que muchos cubanos vieron del accidente aéreo de la semana pasada en el que murieron más de un centenar de personas fue la de su nuevo presidente en manga de camisa caminando cabizbajo en la dantesca escena del siniestro.

“En medio del dolor y la consternación, ha habido mucha solidaridad humana que se expresa en el apoyo a los familiares. También ha habido eficiencia en la manera de atender todos estos casos”, dijo Díaz-Canel el domingo tras una reunión con los familiares de las víctimas.

En las jornadas previas el mandatario visitó a las sobrevivientes, fue al centro en el cual se realizan las identificaciones de los cuerpos y encabezó reuniones para la investigación del accidente. Y hasta tuvo tiempo para participar de un ensayo de preparación contra ciclones.

En cambio Raúl Castro, de 86 años, no apareció en público en todo el mes -aunque recibió al secretario de la ONU Antonio Guterres a comienzos de mayo- y él mismo informó que se reponía de una operación de hernia.

“Se está mostrando ante el pueblo para que la gente lo vea. Muchos de los lugares a donde él ha asistido o cuestiones que ha analizado son preocupaciones populares”, comentó a The Associated Press, José Raúl Viera, un jurista y ex viceministro de Relaciones Exteriores.

“Eso lo pone en contacto con el día a día de la gente, lo suyo no fueron declaraciones ideológicas, sino cosas prácticas”, manifestó Viera.

Díaz-Canel no es Raúl Castro pero tampoco tiene la soltura con la cual actuaba Fidel. Al igual que muchos políticos modernos sus apariciones son medidas y en su mayoría solo cubiertas por medios locales a los que rara vez dice más que unas pocas frases.

Incluso hasta ahora no ha nombrado su propio gabinete y sigue gobernando con el que le dejó Raúl Castro.

Aun así su cambio de estilo es notorio para la población.

“Me gustó verlo de esa manera a él”, dijo a la AP Adonis García, un trabajador estatal de 47 años quien se enteró del accidente aéreo precisamente mirando en la televisión a Díaz-Canel. “Lo que me causó un choque fue que nunca había observado en el lugar del hecho a un presidente (cubano) vestido de civil. Estaba acostumbrado a Fidel de verde olivo”, reflexionó.

Díaz-Canel tomó el poder el 20 de abril luego de que Raúl Castro anunciara que no aceptaría una reelección, una gestión que comenzó cuando su propio hermano Fidel le delegó el gobierno sorpresivamente por enfermedad en 2006.

El ingeniero de 58 años avanzó paso a paso en la burocracia partidaria y administrativa y según lo recuerdan sus coterráneos en Villa Clara, donde fue un joven secretario del Partido Comunista de Cuba, se caracterizó por su cercanía con la gente, sus recorridos callejeros, la sencillez de su vida privada y su administración transparente.

En Santa Clara, la capital provincial, Díaz-Canel visitaba industrias y trabajaba sin descanso al tiempo que atendía a las personas fuera de horario de oficina en la sala de la vivienda que compartía con su esposa e hijos. Luego pasó por Holguín y, aunque no era tan popular, su gestión fue cercana a la población.

Pero cuando llegó al nivel nacional en 2009, primero como ministro de Educación Superior y posteriormente como vicepresidente, su figura pareció fundirse en el estilo de su jefe Raúl Castro. Muchos se preguntaron entonces si Díaz-Canel tendría la capacidad para una administración propia o sería condicionado por los dirigentes de la generación histórica que hizo la revolución.

“Díaz Canel ha mostrado en su primer mes una inusual actividad pública, inusual para la presidencia del país, usual en él cuando ha ocupado otras responsabilidades en el pasado”, señaló el bloguero cubano Hárold Cárdenas. “Su aparición en la televisión abordando temas cotidianos es una muestra del margen político que tiene para hacer una gestión propia”, agregó.

Desde que asumió comenzó a ser una presencia habitual en los noticieros, en conferencias internacionales sobre educación, recibiendo a dirigentes, participando en una reunión de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y encabezando encuentros con ministros cuyos temarios se hicieron públicos.

Las redes sociales incluso exhibieron a Díaz-Canel junto a la directora de la CEPAL bailando con un grupo de niños de una compañía de teatro infantil durante la inauguración del foro.

El 11 de mayo, por ejemplo, analizó con los máximos funcionarios el programa arrocero -de mucha importancia para un país que tiene al grano por alimento principal y gasta millones en su importación-, la marcha de la exportación de tabaco y los programas de las pequeñas industrias para procesar cítricos.

Tres días después se puso junto a los dirigentes a supervisar el avance del programa por los 500 años de La Habana que incluye desde la mejora de la recogida de los desechos, hasta la rehabilitación de museos pasando por la colocación de paradas de autobuses urbanos.

“La Habana va a mostrar más su belleza, que unida a los atributos de nuestra población es parte de esa prosperidad a la que todos aspiramos y queremos que se concrete en el menor tiempo posible”, expresó Díaz-Canel a periodistas nacionales al final de uno de esos recorridos.

Esa misma semana se lo vio en un centro gastronómico hablando con trabajadores y vecinos, en una planta de producción de asfalto, un círculo de recreación obrera, una industria alimenticia y un asilo de ancianos.

Aunque tanto en el discurso que inauguró su gobierno como posteriormente, Díaz-Canel reiteró que su acción política irá en el mismo sentido de la revolución y no hay atisbos de reformas en el modelo unipartidista, su cambio de estilo contempla incluso la aparición pública de una primera dama -su esposa Lis Cuesta- que no tiene un lugar formal en el sistema cubano.

Resta ver en qué medida le dará continuidad a las medidas aperturistas iniciadas por Raúl Castro -paralizadas desde mediados de 2017- y que incluyeron permisos para abrir cafeterías, restaurantes, centros de servicios como salones de belleza y pequeñas industrias domésticas.

“Sin encauzar exitosamente la economía su éxito puede ser limitado, pero devolver el espíritu político a los cubanos no puede ser menospreciado. Este es un pueblo acostumbrado a privaciones personales en pos de una causa pero renuente a sacrificarse sin metas claras”, manifestó Cárdenas.

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El corresponsal de AP Michael Weissenstein contribuyó en esta nota.

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Andrea Rodríguez está en Twitter como: www.twitter.com/ARodriguezAP