Nueva Zelanda está viviendo un éxodo de población por culpa de los precios desbocados

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Nueva Zelanda es uno de los países más ricos y desarrollados del mundo. En el año 2021, su PIB per cápita se situó en los 40.937 euros anuales, muy por encima de los registros de, por ejemplo, España: 25.460 euros. Además, el país es todo un referente en derechos sociales y políticos.

Una radiografía casi perfecta de una nación ejemplar que, sin embargo, se está encontrando un serio problema que pone en cuestión su éxito de cara al futuro. Y no es otro que se está produciendo una salida masiva de personas que está haciendo que Nueva Zelanda, no solo pierda población, sino que además tenga dificultades para ocupar los puestos laborales vacantes.

Nueva Zelanda está perdiendo población por el alto coste de la vida. (Photo by Zhao Gang/Xinhua via Getty Images)
Nueva Zelanda está perdiendo población por el alto coste de la vida. (Photo by Zhao Gang/Xinhua via Getty Images)

El altísimo coste de vida es uno de los motivos principales que explican que el país liderado por Jacinda Ardern se vea en esta situación, pero no es la única explicación posible, tal y como revela The Guardian.

Lo primero son los números y estos muestran que en este 2022 hasta el mes de marzo la migración neta es negativa, dando un resultado de 7.300 personas más abandonando el país que entrando. La mayoría de ellas son adultos jóvenes, de entre 18 y 27 años, que se marchan al extranjero, revelando la grave situación de los neozelandeses en lo que se refiere al reemplazo laboral.

Por poner en contexto las cifras, en el mismo periodo del año 2020, justo al inicio de la pandemia global, el saldo fue positivo, con 91.700 personas más ingresando que marchándose. En ese contexto, los cierres de fronteras y la seguridad de una Nueva Zelanda libre de covid jugaron su papel.

Sin embargo, ahora que las cosas parecen volver a una cierta normalidad, los jóvenes se están marchando. ¿Por qué? Es muy importante el factor de los elevados precios de la vivienda, que la hacen inasumible para una parte importante de la población.

Pese a que los salarios son altos, la relación con el coste de un hogar es desproporcionada. Por ejemplo, según datos de Statista de 2022, el precio medio de una vivienda en Auckland se sitúa en 1,2 millones de dólares neozelandeses (unos 725.000 euros), mientras que en Wellington está en 939.000 (567.000 euros).

La región en la que es más asequible el hogar es Taranaki y aun así los precios se encuentran en 650.0000 dólares de Nueva Zelanda (392.000 euros), lo que complica el acceso para la población más joven.

La vivienda es inasumible para los jóvenes en Nueva Zelanda. (Photo by Zhao Gang/Xinhua via Getty Images)
La vivienda es inasumible para los jóvenes en Nueva Zelanda. (Photo by Zhao Gang/Xinhua via Getty Images)

La vivienda es un gran problema, pero no el único. Los altos precios se extienden a la gasolina, los alquileres, los intereses o los alimentos. La inflación, situada en el entorno del 7% tampoco está ayudando a poder gestionar este nivel de vida tan elevado.

Es la primera vez que se ven estas cifras de éxodo migratorio desde la crisis financiera global de hace más de una década, cuando también el auge de la minería australiana provocó muchas marchas. La situación a corto plazo es grave porque puede provocar escasez de mano de obra.

Puede ser peor

Actualmente, el desempleo está en mínimos, cerca del 3%, y la dificultad para encontrar trabajadores es extrema en el país. Las estimaciones apuntan a que hasta 50.000 personas podrían abandonar Nueva Zelanda en 2022, aunque podría llegar a 125.000 si los jóvenes que retrasaron sus posgrados por la pandemia dan también el paso adelante. Teniendo en cuenta que la nación apenas cuenta con 5 millones de personas, los números son significativos.

De momento, desde el Gobierno le quitan hierro a la situación y recuerdan que los viajes al extranjero "son parte de nuestra historia", insistiendo además que hay factores que están afectando. Algunos de ellos son los retrasos en la reapertura de fronteras, que ha impedido que ingresen más inmigrantes, o la demanda reprimida de aquellos que llevan dos años retrasando su marcha.

Lo que parece claro es que el país va a tener que actuar antes o después para evitar una fuga de talento que ya es significativa.

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