El silencio de Djokovic empieza a rozar la falta de respeto

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MELBOURNE, Feb. 21, 2021 -- Serbia's Novak Djokovic celebrates with the trophy after the men's singles final between Serbia's Novak Djokovic and Russia's Daniil Medvedev at Australian Open in Melbourne Park in Melbourne, Australia, Feb. 21, 2021. (Photo by Bai Xuefei/Xinhua via Getty) (Xinhua/Bai Xuefei via Getty Images)
Photo by Bai Xuefei/Xinhua via Getty) (Xinhua/Bai Xuefei via Getty Images

La semana pasada, Novak Djokovic descartó jugar la ATP Cup... y eso ha disparado de nuevo los rumores acerca de su posible ausencia en el Open de Australia. Algunos, como el tenista ruso Andrei Rublev, han sido más prudentes: "No creo que Novak vaya a jugar en Melbourne" y otros, como el extenista español Emilio Sánchez-Vicario han sido más contundentes: "Para todos los que guarden alguna esperanza: Novak no va a jugar el Open de Australia". Si alguno de los dos tiene información privilegiada o hablan desde la lógica, no lo sabemos.

Lo cierto es que no es normal que un nacionalista serbio se pierda un torneo como la ATP Cup que ya ganó hace dos años. Es la preparación ideal para el Open de Australia, ofrece buenos partidos contra buenos rivales sin excesiva presión, y sirve para aclimatarte a un nuevo continente y unas nuevas condiciones. Efectivamente, anunciar que te vas a saltar la ATP Cup cuando pensabas jugarla parece la antesala de anunciar que te vas a saltar el torneo que has ganado nueve veces, el que te vio debutar como campeón de un grande allá por 2008.

La baja de Novak Djokovic, unida a la de Roger Federer y a la incógnita acerca del estado físico de Rafa Nadal sería un palo enorme para el torneo y para la ATP en general. Es indudable que el tenis está teniendo problemas para regenerarse y conectar con una audiencia nueva y no le sobra ninguna de sus estrellas desde el punto de vista mediático. Ahora bien, si Djokovic no va a ir a Melbourne, por favor, que lo diga ya. Todo este silencio, toda esta expectativa en torno a si irá o no irá, si se ha vacunado o no, si piensa hacerlo o no piensa hacerlo... en realidad nos distrae de lo esencial: el tenis, el Open de Australia en sí mismo.

A estas alturas, está claro que ni el gobierno de Victoria ni la dirección de Tennis Australia van a ceder en sus condiciones de vacunación para todos los tenistas... y acompañantes. También está claro que las exenciones médicas son tan concretas que no hay huecos por los que el serbio y su entorno se puedan colar. Así pues: o está vacunado y está vacunado su séquito o no hay posibilidad de que participe. Eso le puede parecer bien, mal o regular, pero seguro que ya ha tomado su decisión al respecto, ¿a qué viene esperar tanto para anunciárselo a los demás y poder seguir adelante con lo que tengamos?

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Hay veces que uno no sabe si Djokovic está estirando tanto la cuerda porque cree que esto es una negociación, si lo está haciendo porque así se habla de él y no de quien deberíamos estar hablando -los que sí van a participar- o si calla porque le da vergüenza reconocer que no se ha vacunado mientras su propio país va saliendo poco a poco de la peor ola de la pandemia en cuanto a número de muertos... en buena parte por los bajísimos niveles de vacunación. En la guerra entre dar ejemplo y seguir cuestionando a la ciencia, está claro que Djokovic hace tiempo que ha tomado partido.

Descartada, por tanto, la tercera opción, nos quedan las dos primeras: la negociación y el ego. Negociación, ya lo hemos comentado antes, no puede haber. Lo que puede haber son trampas, pero eso requeriría que organismos oficiales falsificaran certificados y no va a pasar. Nadie se va a meter en ese lío por Novak Djokovic... aunque sí es posible que Novak Djokovic piense que él se merece esos líos y más y esté ahí, esperando tranquilamente a que alguien llame y le diga: "Muy bien, Nole, ya está arreglado tu problemilla". O que, hincando la rodilla, Tennis Australia, le confiese: "No somos dignos, juega nuestro torneo en las condiciones que tú quieras, solo faltaría".

Esta segunda opción nos lleva directamente a la tercera: el exceso de ego. Djokovic quiere que se hable de Djokovic. Que se hable de sus protestas, de sus reivindicaciones, de qué va a jugar y qué no. Djokovic quiere que el mundo siga girando a su alrededor, no ya por lo bien que juega al tenis sino por existir, sin más. Imaginen lo contrario: el serbio dice que no va a participar, que no cuenten con él, e inmediatamente, ¿qué hacen los medios de comunicación? Se ponen a hablar de deportes y no de magufería. Empiezan a reflexionar sobre la vuelta de Rafa Nadal, sobre el duelo Medvedev-Zverev, sobre las posibilidades de los más jóvenes como Sinner, Alcaraz o Auger-Aliassime de dar una sorpresa...

Djokovic dice que no viajará a Melbourne y el debate sobre quién le sustituirá como número uno del mundo se abre por completo. ¿Será Medvedev? ¿Se adelantará Zverev en el último momento? De repente, la figura de Djokovic es la de un rey caído... y eso no lo podría soportar el serbio. Sospecho que aquí está la clave de todo este asunto: no solo perder la oportunidad de adelantarse en la carrera por el mayor número de Grand Slams sino ceder el protagonismo, que se hable de él como alguien que tuvo su oportunidad y la malgastó. Que, por otro lado, es exactamente lo que parece que va a suceder... y, si va a suceder, insisto, que suceda cuanto antes y Djokovic deje de eclipsar su torneo favorito.

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