¿Nos hace más listos tomar microdosis de LSD?

Dosis clásica de LSD (Imagen: REX Features)

Cuando Ayelet Waldman escribió su libro “A really Good Day”, en el que relataba su experiencia con las microdosis de LSD (unos 10 microgramos, o la décima parte de lo que ingiere un aficionado al “viaje psicodélico”) no tenía ni idea del fenómeno que estaba creando.

Hace unos meses os hablé en estemismo blog de cómo el principio activo de los hongos mágicos estaba despertando el interés de los psiquiatras, que veían como una simple dósis mejoraba el bienestar y el optimismo de personas en grave situación psicológica (enfermos de cáncer en estado terminal, personas aquejadas de depresión crónica). Bien, pues algo parecido está sucediendo con las microdosis de LSD, solo que no existe ningún trabajo científico que lo corrobore.

Todo lo que los estudiosos saben lo obtienen a partir de las experiencias que les remiten voluntarios de todo el mundo, que se autosuministran microdosis de LSD cada tres o cuatro días y observan los pequeños cambios que el ácido obra en su quehacer diario.

Si estás pensando en “vuelos alucinógenos” te equivocas. De hecho al tratarse de dosis tan bajas la experiencia no es en absoluto invalidante. Aquellos que se suministran una microdosis siguen conduciendo, trabajando, creando, viviendo. Muchos de ellos incluso etiquetan la experiencia como “aburrida”, si bien algunos efectos parecen repetirse como un patrón: la gente dice sentirse más activa, más proclive a concentrarse, más resolutiva, o si lo preferís más “lista”.

En The Verge Stephie Grob Plante escribe un extenso artículo sobre la nueva “moda de las microdosis”. Muchas revistas mainstream se han hecho eco del fenómeno (Rolling Stone, Mary Claire, etc.) y en internet el foro de seguidores de la experiencia en la popular web Reddit, por ejemplo, casi se quintuplicó en el margen de un año y medio.

Molécula de LSD (Crédito imagen wikipedia).


Internet bulle de lugares en los que se facilitan manuales tutoriales para realizar la experiencia en casa, eso si, en todos se deja claro que la sustancia alucinógena debe obtenerla cada uno “donde pueda”. Lógico, después de todo se trata de una droga cuya tenencia o consumo está penado en todos los países. Con un inconveniente tan claro como este, no es de extrañar que la ciencia seria haya ignorado por completo los escasísimos trabajos, casi siempre realizados basándose en los relatos de experiencias subjetivas que miles de usuarios anónimos experimentan en sus hogares.

No obstante algo está cambiando, las anécdotas especulativas parecen estar haciendo que la lenta maquinaria de la ciencia comience a moverse. De hecho, el pasado 21 de abril de este año los primeros datos sobre las microdosis de LSD se presentaron en una cumbre de seis días que tuvo lugar en Oakland, en la que participaron más de 100 investigadores clínicos y 2500 entusiastas de la sustancia psicodélica por antonomasia.

Todo se debe al trabajo del psicólogo y pionero de la investigación con microdosis James Fadiman, el hombre que inspiró el best seller de Ayelet Waldman. Él es quien, a falta de financiación, permisos e incluso a costa de labrarse una reputación de “fringe” o “alternativo”, recibe y analiza las experiencias de miles de colaboradores anóminos.

Es bastante curioso, hay por ejemplo 15 mujeres que afirman que sus dolores menstruales mejoraron. Otros dicen estar de mejor humor, más centrados, y hasta más perspicaces a la hora de solucionar rompecabezas lúdicos o laborales. Muchos relatan mejoras en sus dolores crónicos, en sus depresiones, en sus cambios de humor.

La esperanza de Waldman es que finalmente se realice algún estudio serio sobre este fenómeno, organizado en hospitales de primera línea como el Johns Hopkins, o en universidades de prestigio como la de Nueva York, o UCLA. Con suerte, si se pueden replicar los efectos positivos que personas aquejadas de dolor crónico, trastornos severos de atención, o depresión grave han reportado, tal vez el LSD consiga liberarse de la pésima fama adquirida en los 60 y 70 (la edad dorada de la psicodelia), y alcanzar en las farmacias el estatus de un “medicamento” al que la psiquiatría pueda recurrir.

¿Lo veremos algún día? No subestiméis el poder de los internautas…

Me enteré leyendo The Verge.

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