Noelia Cortés, escritora y técnico de farmacia: “Las novelas escritas por mujeres que más me gustan tienen comentarios antigitanos”

La escritora almeriense Noelia Cortés. (Noelia Cortés.)

Haciendo una reivindicación de su orgullo y dignidad, como cuenta que hizo Miguel Hernández en su día, Noelia Cortés (Almería, 1996) relata cómo la mayoría de su familia se ha dedicado al campo, donde de niña pasaba las horas jugando al dominó mientras el resto del trabajaba. Mientras tanto, la posibilidad de retirar infinidad de libros de la biblioteca fue lo que alimentó una pasión, la escritura, que va camino de convertirse en una profesión a tiempo completo. Aunque se formó por el camino como técnico de farmacia, la apuesta de ayer, hoy y mañana es la literatura. El ritmo que ha cogido es frenético: en 2021 publicó el poemario ‘Del mar y la muerte’ (La Carmensita Editorial) que ya va por la segunda edición; en 2022 saldrá ‘La higuera de las gitanas’, un ensayo sobre la presencia (y la ausencia) de mujeres gitanas en la literatura, y mientras tanto prepara una novela, aún sin fecha de publicación.

En su discurso y sus reivindicaciones está muy presente la realidad de las mujeres gitanas, especialmente las que la han rodeado, “porque me han enseñado muchas cosas y valores y no han necesitado aparecer en una revista”. Esa presencia se palpa, como cuando hablamos de las canciones que tiene en bucle y responde con ‘Mi origen’, de la cantante Saray Rubio Montoya, más conocida como ‘Negra’, y que en su opinión “suena como Beyoncé”.

Con ella hablamos para una nueva entrevista en ‘España no es (solo) blanca’, entre otros temas, de su camino en el mundo de la literatura, la impronta de algunos de sus referentes como Federico García Lorca y Gata Cattana, su papel como comentarista de actualidad y de la falta de una perspectiva antirracista dentro del feminismo más hegemónico.

Naciste en Almería y allí creciste durante unos años. ¿Qué es lo que recuerdas de esa época?

Lo que más recuerdo de Almería es un barranco donde había una alfarería . Mi madre me ha contado que mi abuela ponía las patatas donde salía el calor del horno para no gastar ella, y cocinarlas y luego darle a todos los vecinos. La alfarería es el símbolo que recuerdo. Allí nací, pero viví y fui al colegio en Águilas, el pueblo de Paco Rabal.

Repasando tu biografía veo que te formaste como técnico en farmacia. ¿Por qué lo elegiste? ¿Fue algo vocacional?

Porque siempre me ha llamado mucho la atención esa rama. Cuando estudié peluquería, me di cuenta de que lo que mejor se me daba eran las asignaturas que iban de entender cómo funciona el cuerpo, la piel, el cabello, la química… Probé a estudiarlo y se me dio bien.

En anteriores entrevistas has mencionado que las mujeres de tu familia han sido tus referentes. ¿En qué sentido?

A lo mejor han sido mis referentes porque a las personas como tú o como yo nos exigen ser súper interesantes para mirarnos. A lo mejor ellas son mis referentes porque no han aspirado a tener un montón de estudios o a salir en ninguna parte, sino siendo ellas mismas. Me han enseñado muchas cosas y muchos valores. No han necesitado aparecer en una revista. Hay gente a la que le gustan las personas racializadas solo si son excelentes, ¿pero si son normales no? A mí me gusta la gente normal que también enseña cosas.

Ahora que lo has mencionado, te voy a preguntar por la vez en la que la revista ‘Mujer hoy’ te eligió como una de las 50 mujeres del futuro. ¿Qué significado tiene este reconocimiento para ti?

Fue súper bonito, mi madre enmarcó la revista y todo. Al final es una revista que se distribuye por todo el país, llega a todas partes y el poder decir ahí lo que a mí me gusta leer o lo que mi abuela hacía, y pensar que también van a escucharme a mí. Lo que me gustó fue eso, estar en un espacio que yo podía ver muy lejano, decir cosas y que una chica como yo las leyera y dijera “yo también puedo estar ahí”.

Yendo a tu faceta más activista, una parte de tu popularidad ha venido por tu actividad en redes sociales, especialmente en Twitter. ¿Cuál es tu relación con las mismas?

Me parecen muy útiles, porque seguramente tú sabrías poco del Pueblo Gitano si no me hubiese leído a mí, o a Rafael Buhigas o a quien fuera, y yo sabría muy poco de la gente trans si las hubiese leído. Me parecen útiles, y no solamente para el activismo. Incluso si tú dices que tienes un libro que te ha parecido precioso, lo puedo descubrir por ti. Me parecen más bonitas que perjudiciales.

Sin embargo, a veces son perjudiciales...

A veces es terrible. Es muy, muy crudo. Alguna vez he ido a algún programa, como al que fui de PlayZ con una chica negra, Reha Xustina, a la que le dijeron después en redes que se fuese a recoger algodón y a mí que guardase la navaja. Sin embargo, a los demás no les decían nada porque eran señores blancos.

Como escritora, en 2021 has publicado el poemario ‘Del mar y la muerte’, que ya va por la segunda edición. ¿Cuáles eran tus expectativas durante el proceso de escritura, antes de que saliera?

Si te digo la verdad, cuando lo escribí no tenía la intención de hacer un poemario, sino de escribir poemas para mí, porque me gusta escribir. Y ahí fue cuando me di cuenta de que entre todo había un patrón, y era que hablaba del mar o de la muerte. Ahí fue cuando quise formar un libro, lo mandé a la editorial y se publicó. En ese tiempo tenía muchísimos nervios. Con lo que a mí me repercuten las palabras que escriben otras personas, me daba mucho impresión que otra persona tuviera mis palabras.

No tenía expectativas ni de triunfar ni de no triunfar, ni de vender. Simplemente tenía miedo de lo que iba a sentir cuando alguien me dijera que le gustó el libro. Y ahora que ha pasado el tiempo y la gente me lo dice, es una sensación súper bonita. Me dan ganas de escribir otro.

Tu libro se centra en dos grandes asuntos: el mar y la muerte. ¿Por qué en esos temas en concreto?

El mar era recurrente porque vivo en un pueblo con mar y siempre lo he visto a mi lado todos los días. Al irme a estudiar fuera lo echaba de menos, era lo primero que quería ver a mi lado, era lo que necesitaba incluso para estar alegre.

Desde pequeña la muerte me ha interesado muchísimo a nivel simbólico, poético y literario. Siempre quería leer los cuentos más oscuros, más góticos… Me interesa muchísimo la perspectiva de mirar la muerte desde lo poético, y al intentar comprenderla desde una mirada tranquila, sin darme cuenta la metí en muchísimos poemas.

¿Por qué empezaste a escribir?

Por la biblioteca del colegio y la posibilidad de coger cualquier libro y llevármelo. Es verdad que mi madre siempre me estaba comprando libros porque sabía que me encantaba, pero el hecho de estar incluso en el cole y poder llevarme cada semana uno a mi casa me ayudó un montón a darme cuenta de que eso era lo que me gustaba. Podía hacer deporte o otras tantas cosas, pero yo quería eso.

Esa especie de hobby ahora está más cerca de ser una dedicación completa. ¿Cómo has vivido esa transición?

Si te digo la verdad, fue hace aproximadamente un año cuando me di cuenta de que escribir, además de ayudarme a mí porque me gusta, me puede generar ingresos, exigir una productividad y ser al final un trabajo. En este último año me han pasado cosas súper extrañas, desde lo de Mujer Hoy hasta que me hayan contratado en el Centro Andaluz de las Letras. Varias veces estuve recitando en Sevilla antes de un concierto flamenco, he recitado en el cementerio en el Día de la República… He hecho muchas cosas y simplemente nunca doy por hecho que me vayan a pagar.

Habitualmente en tus redes sociales mencionas a Miguel Hernández, Gata Cattana, Federico García Lorca y a Sylvia Plath como algunas de tus grandes inspiraciones. ¿Qué es lo que te aporta cada una de ellas?

Miguel Hernández hablaba siempre de las personas que trabajaban en el campo, a parte de que lo relacionan con la memoria, la injusticia, las personas que murieron en la guerra aunque no les dispararan directamente... Pero a mí, que él hablase de las personas que trabajaban en el campo me llega muchísimo, porque mi madre, mi padre, mi abuelo y toda mi familia trabajaron en el campo cuando era pequeña. Me acuerdo de que me iba con ellos mientras trabajaban y yo me hacía un dominó con con un cartón y jugaba con las piedras. El hecho de que él hable de la dignidad de esas personas me hacía sentir como si hubiera existido en la misma época que yo.

En el caso de Federico, lo que hace con los símbolos. Me gusta el Federico humano, lo que defendía, y me gusta el Federico mágico, que en lugar de decir que el niño de la fragua se muere, te dicen que viene la Luna y se lo llevó de la mano por el cielo.

En el caso de Sylvia Plath, leerla me hizo darme cuenta de lo importante que es para una mujer leer el testimonio de otras mujeres que existieron antes y darte cuenta de que ya hay una mujer que se sintió igual que tú en otro momento, y ya no estás sola. Me enseñó a decir de adolescente que era feminista sin que me diera vergüenza la palabra. A través de Sylvia lo descubrí todo.

Lo que más me fascina de Gata Cattana es que siendo mujer se ha metido en el rap de todo el país, se ha metido al nivel de los hombres y llevó el mensaje de Andalucía y de los que tienen menos a todos los rincones. Muy combativa, sobre todo siendo mujer. Ha llegado donde ha querido siendo andaluza, manteniendo su acento como la identidad en su máximo exponente. Eso me inspiró mucho.

Ahora estás trabajando en un ensayo sobre las mujeres gitanas en la literatura. ¿Cuáles son los puntos clave?

Sylvia Plath tiene una novela que se llama ‘La campana de cristal’, donde hay un momento en que utiliza la imagen de una higuera como metáfora para decir que cada higo es un posible futuro para ella, pero como es mujer solo puede coger uno, y si coge uno pierde todos los demás, mientras un hombre puede ser lo que quiera. He cogido esa higuera y he escrito un ensayo feminista sobre mujeres gitanas y sobre el trato al Pueblo Gitano en los medios, y lo he llamado ‘La higuera de las gitanas’. Durante el libro voy repitiendo por qué no hay tantas mujeres gitanas en la literatura. Y me pareció bonito que fuese con una metáfora de Sylvia Plath.

En el ensayo hablo de la presencia de las personas gitanas en centros educativos, en el último siglo se ha expulsado al Pueblo Gitano de los colegios, sobre todo desde el nazismo. No han tenido el mismo acceso a la educación, no han tenido el mismo acceso a producir culturalmente hablando y al hecho económico de producir un libro. Cuando Virginia Woolf habla de la habitación propia y de lo difícil que es para una mujer escribir, al fin y al cabo, para una mujer blanca con unos padres que se rodean con toda la altísima sociedad, con un profesor en su casa toda la vida… claro que es más fácil para ti escribir que para una mujer gitana. Explico que aunque sí hay mujeres gitanas en la literatura, no hay tantas porque no han tenido las mismas oportunidades.

Otra de tus facetas es comentarista y analista de temas de actualidad, ya sea opinando en La Última Hora, con artículos en Píkara Magazine o con alguna participación en PlayZ. ¿Cómo te sientes en ese papel?

Me gusta porque soy muy cotilla y me gusta comentar las cosas. También porque sé que puedo hacer una reflexión que llegue a mucha gente y que se plantee lo mismo que yo. Pero tiene un doble filo, porque hay personas con las que no me puedo ver reflejada, aunque hagan lo mismo que yo, porque saben un montón sobre lo que pasa una persona trans para que alguien reconozca su existencia, sobre lo que pasa una mujer maltratada… pero en cuanto racismo, no saben nada.

Y tengo que admirar lo que dices sobre las mujeres, la gente LGBT, la clase trabajadora y demás, pero luego me publicas un vídeo de Bad Gyal con dos negros lavándole los pies y dices que te encanta. Y yo tengo que decir: “ah guay”. En cierto modo me siento ajena.

A raíz de los comentarios de personalidades como María Patiño o de Carlota Corredera, en los que hablaban sobre la cultura gitana como justificante de los ataques que vivió Saray Montoya, publicaste un artículo titulado ‘Yo sí te creo’.

Me da mucha tristeza porque he seguido el documental de Rocío Carrasco todos los días. Estando en la calle, me iba escopetada a casa porque empezaba y quería verlo. Estaba enganchada y la defendía muchísimo, a Rocío Carrasco. Pero darme cuenta de que las mismas mujeres que estuvieron toda esa semana a su lado, despreciaron después a Saray Montoya y a la mujer de Diego El Cigala, en una franja de tiempo tan pequeña, fue muy duro de digerir.

Te ven como menos humana. No empatizan igual, eres como un recurso literario, algo que está ahí pero que no convive en su día a día. Es la gente que te dice que cómo voy a ser yo racista si yo en el colegio iba con un niño negro y nos llevábamos muy bien. Incluso para el feminismo era una cosa ajena que no identifican con los valores del presente.

¿Es el antirracismo la gran asignatura pendiente del feminismo más hegemónico?

Desde luego. Otra cosa que cuento en el ensayo es como todas las novelas que más me gustan escritas por mujeres tienen en algún momento comentarios antigitanos. En ‘Cumbres Borrascosas’, Emily Brontë, la reina del feminismo en la literatura, todas las hermanas tienen algún comentario antigitano o dicen 20.000 mil veces que Heathcliff parece gitano. En ‘Jane Eyre’ el hombre se disfraza de gitana para engañar a la gente. En ‘Emma’, de Jane Austen, también otra grandísima feminista, unos gitanos persiguen a la chica y la quieren matar. Incluso mis mayores referentes me desprecian. El feminismo tiene que aprender que es para todas las mujeres y no para las que se ajustan a una misma.