No hemos llegado al pico de la primera y no estamos preparados para una segunda oleada

Cifras de contagios y fallecidos a nivel global | Covid19 info live

Parece que ha pasado una eternidad desde que, en febrero de este año, publicamos un artículo titulado “los tres posibles escenarios que ofrece el coronavirus a partir de ahora”. En aquellos días, los expertos ya vislumbraban claramente las posibilidades que se abrían ante nosotros, advirtiendo que en dos de esos tres panoramas las consecuencias serían muy serias. Hoy, desafortunadamente, ya no quedan dudas: el coronavirus no se va a marchar.

El final del confinamiento domiciliario está llegando a muchos países, la relajación de las medidas, la apertura de fronteras, el libre movimiento de personas entre provincias, la llegada de los primeros turistas… la sensación general de alivio nos empuja a pensar que lo peor ya ha pasado, y aquí llega la gran paradoja: en realidad, el mundo está viviendo los peores momentos de la pandemia. Las cifras de contagiados alcanzan récords en estos días y, mientras nos acostumbramos a ese extraño concepto al que hemos denominado “nueva normalidad”, los datos diarios deberían despertarnos como un jarro de agua fría.

No solo no hemos superado la primera oleada del virus, lo cierto es que ni siquiera hemos llegado al pico.

Más allá de nuestra engañosa sensación de que ya hemos superado lo peor, la epidemia se ha acelerado tanto que la propia OMS ha tenido que lanzar una alerta advirtiendo que “el Covid19 no va a desaparecer porque la pandemia está creciendo". La lejanía de los casos ya nos jugó una mala pasada cuando, en diciembre y enero, vimos que el virus hacía estragos en países apartados de nosotros como China o Corea. La inmensa mayoría de países consideró que aquellos primeros brotes en Asia no les afectarían demasiado, y ahora que la pandemia se ha trasladado a Sudamérica y África, parece que vuelven a caer en los mismos errores. El virus era tan peligroso en enero cuando estaba lejos en China, como lo es ahora en junio, cuando se ceba en otros continentes. Si algo nos debería haber enseñado esta pandemia es que lo que ocurre en regiones que parecen lejanos se puede extender rápidamente a cualquier otra si no se tienen precauciones.

Fuente Johns Hopkins University, con datos de NPH (National Public Health) correspondientes al día 23 de junio.

Desde enero, la OMS está publicando diariamente un informe detallado de la evolución de la pandemia. De los más de 150 informes publicados este año, las cifras que nos llegan estos días son las más altas desde que se inició esta crisis sanitaria: el 19 de junio hubo 150.000 casos, ayer alcanzamos los 180.000 contagios, hoy estamos en casi 200.000 contagios… La pandemia se ha acelerado, está llegando a todos los rincones del planeta y no solo no hemos pasado la primera oleada, lo cierto es que ni siquiera hemos alcanzado el pico.

No sabemos cuándo comenzarán a descender los contagios de esta primera oleada que sigue subiendo y subiendo. Tampoco sabemos cuándo llegará el pico a nivel mundial o si estamos cerca de alcanzarlo. Lo que sí sabemos con total seguridad es que no estamos preparados para una segunda oleada.

El registro histórico de las epidemias, los datos y fechas recogidos en los últimos siglos, muestran que, con frecuencia, la segunda ola de contagios suele ser más devastadora que la primera. Es una idea contraintuitiva porque transcurridos unos meses o años de los primeros brotes deberíamos conocer mejor el virus, sus causas y las consecuencias de la enfermedad. Sin embargo, existen otros factores, más discretos y desapercibidos, que hacen de esas segundas oleadas las más peligrosas. El primer lugar, el cansancio. En su alerta la OMS también advierte que la presión y el agobio al que se han visto sometidos nuestros sistemas de salud y el abnegado personal sanitario han sido enormes. Muchos médicos y enfermeras temen no poder aguantar una vez más el tirón, las largas horas de guardias y el estrés emocional que han supuesto estos últimos meses. A esta enorme presión debemos sumar que los sanitarios han sido uno de los grupos más golpeados por el Covid19, sus tasas de contagios han sido demasiado elevadas y, desafortunadamente, muchos han fallecido.

Otro factor es la excesiva confianza y relajación de la población. El esfuerzo y responsabilidad social que ha demostrado la mayor parte de la sociedad no es infinito y, ante el descenso de casos, podemos volver a caer en la ilusión de que todo ha pasado. Es un espejismo y, si no se toman las medidas adecuadas, los contagios volverán a cogernos por sorpresa.


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