Dejad que los niños se aburran: planificar toda su vida con actividades puede llegar a ser perjudicial

Dejar que los niños también experimenten el aburrimiento es una práctica muy saludable | imagen Faris Hadziq/LightRocket

Gimnasia, prácticas de kárate, clases de danza, entrenamiento de baloncesto, lecciones de apoyo en inglés, una hora de violín y flauta, natación, merienda, dos horas de tareas en casa y deberes, televisión, cena y a la cama… la lista de actividades extraescolares de algunos niños es interminable y los días están tan estructurados que algunos padres necesitan una elaborada y precisa base de datos para organizar al minuto todo lo que sus hijos hacen. Ayer, se estrenó una nueva temporada de la serie tragicómica “Mira lo que has hecho”, y el protagonista Berto Romero necesitaba varias tablas de Excel para saber dónde y qué estaban haciendo sus tres hijos.

En ese primer capítulo, un vecino de su barrio conversa con él y le dice que sus chavales están más tranquilos, son más creativos y productivos, simplemente porque les deja aburrirse sin hacer nada. ¿Sin clases de inglés, sin deportes, sin televisión, sin tablets?, ¿en serio?... Sí, sí, hay muchos estudios científicos que indican que los periodos de aburrimiento en niños son indispensables para que desarrolle su imaginación, contesta el sabio vecino.

Por supuesto, es una serie de comedia, y en la escena siguiente los retoños del protagonista, aburridos en aquel cuarto, terminan por quemar media casa jugando a indios y vaqueros, pero mientras veía ese capítulo en mi cabeza rondaba una idea… ¿de verdad hay estudios científicos que recomiendan el aburrimiento en niños? Casualidades de la vida, mi cerebro unió algunos puntos y recordé un artículo que había leído hace tan solo unos días en Popular Science: “Dejad que vuestros niños se aburran… es saludable”.

Según Nermeen Dashoush, doctora en educación infantil en la Universidad de Boston, disponer de tiempo sin hacer nada es uno de los consejos más útiles para padres y resulta muy conveniente para los niños. ¿No hacer nada? Exacto. Dejar intervalos de tiempo sin nada programado entre una actividad y otra, crear un ambiente y un lugar donde los pequeños puedan hacer lo que quieran sin tener nada planificado.

Pero se aburrirán… sin tablets, sin televisión, sin móviles. Sí, se aburrirán, no pasa nada. De hecho, el aburrimiento es importante para los niños, es una sensación que deben experimentar para comprobar que la realidad de la vida no es un juego constante, un evento programado y estructurado repleto de listas interminables de actividades, una tras otra. Sí, se aburrirán, y no, no pasa nada. Más pronto que tarde, los jóvenes buscarán y encontrarán cosas que hacer, objetos con los que jugar y su imaginación les permitirá desarrollar historias. Los expertos en primera infancia coinciden en que permitir estos periodos de tiempo no programados y no estructurados promueve la creatividad, la imaginación y la independencia.

El exceso uso de pantallas, móviles, tablets y televisión debería alternarse con periodos donde no tengan acceso a nada | Imagen Anthony Devlin/Getty Images

Parte de este mal hábito de organizar hasta el mínimo detalle de la vida de los hijos se basa en que consideramos el aburrimiento como algo negativo, de hecho existe un curioso estudio publicado en Science, donde se dio a elegir a los participantes entre recibir un shock doloroso o pasar quince minutos en una habitación sin estímulos (sin libros, música o móviles). El 25% de los voluntarios eligió sufrir ese breve impacto doloroso antes de pasar quince minutos aburridos en una sala.

Existe una extensa literatura científica y multitud de estudios sobre el aburrimiento. Sabemos, por ejemplo, que las personas con mayor sensibilidad a la recompensa, es decir, aquellas que necesitan estimulación constante para sentirse satisfechas, corren más riesgo de aburrirse, o que el aburrimiento puede provenir de carencias en el descanso o en la nutrición. Ante estos factores negativos, es fácil olvidar que el aburrimiento (sobre todo en niños) posee también numerosas ventajas.

Un estudio publicado en Educational Psychology Review descubrió que los participantes mostraban más ingenio e imaginación para resolver problemas, después de hacer una tarea aburrida. Tras pasar momentos de aburrimiento, los participantes despertaban su creatividad con mejores resultados que aquellos que habían estado entretenidos durante todo el rato.

Otra investigación similar, publicada en el journal de Academy of Management Discoveries, dividió en dos grupos a los participantes del estudio. Unos debían completar una actividad muy aburrida clasificando frijoles por color, mientras que otro grupo realizaba una actividad artesanal muy entretenida y divertida. Tras finalizar estas dos tareas, ambos grupos realizaron una nueva prueba que requería ingenio y creatividad… los participantes que tuvieron que clasificar los granos mostraron una mejor calidad y cantidad de ideas que el grupo que se había divertido. El estudio se publicó con el adecuado título de “por qué aburrirse no es tan malo después de todo”.

En definitiva, el vecino de Berto Romero tenía razón. Entre las docenas y docenas de actividades, clases y deberes programados de nuestros niños, los padres deberían considerar dejar algún tiempo libre, sin distracciones y sin estrictas planificaciones… dejar que los niños se aburran un rato.

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