Niñas de tres años con sujetador

Intenten comprar un bikini para una niña. Estoy hablando de una niña de tres años. Y de otra de cinco años. Inténtenlo. Hagan la prueba. ¿Saben qué se van a encontrar? Bikinis de adulta. De mujer. Con pechos. Bueno, con triángulos, o bandeaus o lo que se lleve este año para tapar los pechos.

De niñas de tres años.

O para niñas de dos.

Bikinis para niñas de tres años

Y claro, pasa lo que pasa, que las niñas van a compar bikinis y piden de esos con la parte de arriba “para las tetas”.  “Si vosotras no tenéis pechos”, les contesto, “eso es sólo para los bañadores de las mamás. Y, además, es muy incómodo”. Su respuesta fue que todas sus amigas –niñas muy pequeñas- lo llevaban en la piscina. Ilusa de mí, creí que en la tienda me darían la razón, y que no tendrían bikinis de la talla cuatro con la parte de arriba. Error. Casi todos los modelos –menos dos o tres- a partir de los dos años  -es decir, desde que le quitas el pañal a la niña, porque imaginen llevar pañal y sujetador a la vez- venían con pecho incorporado. Modelo braguita y sujetador. Aunque no lo quisieras tenías que llevarte las dos partes.

¿Es eso normal? ¿No estamos sexualizando demasiado rápido a nuestras hijas? Los bikinis con sujetador son sólo una señal más. Pero sólo hay que ver los dibujos para ellas, o los anuncios de maquillajes infantiles, o sus ídolos de la canción -¡qué tiempos aquellos de Parchís!- para darse cuenta de que es un fenómeno global. Mi hija mayor me pidió un set de maquillaje cuando cumplió cinco años. No hizo más que reproducir lo que ve en su madre todos los días.

Me preocupa especialmente que mis hijas reproduzcan el patrón de mujeres que se adornan –sí, ese en el que caigo yo todos los días-, que crean que lo más importante es que tu apariencia guste a los demás. Y que crezcan demasiado rápido. En unos meses, han pasado de adorar los dibujos de Peppa Pig a morirse de amor por una cosa llamada Equestrian Girls –un abanico niñas de instituto con todos los tonos de la bondad y la perversidad-, dibujadas de manera más irreal que una Barbie –piernas eternas, ojos gigantescos y cintura invisible- y vestidas como nunca me dejaron a mí vestir mis padres.

Hace unos meses leí la historia de una madre de Estados Unidos que se ha enfrentó a la dirección del colegio donde estudia su hija porque no quieren que la niña, que tiene siete años, acuda a la escuela maquillada. “Si quieren que mi hija no se maquille, que dejen de maquillarse las profesoras”, es su argumento.

¿Qué les estamos haciendo a nuestras bebés? ¿Convertirlas en mujeres en cuanto dejan el pañal?

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