Nicaragua: radiografía de una economía en declive

En los últimos años, la economía de Nicaragua ha sido devastada por cuenta de la crisis política originada en 2018 en los recortes en los beneficios de la seguridad social, que rápidamente derivó en llamadas para que el presidente Daniel Ortega renunciara.

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, está buscando la reelección en los comicios de este domingo 7 de noviembre para ejercer su quinto mandato y lo hace con un país sumido en el declive económico y dependiente de remesas del exterior.

Gobernar ese país de más de seis millones de habitantes está lleno de complejidades, no solo desde el punto de vista político, sino económico. El Producto Interno Bruto (PIB) se ha debilitado desde la crisis política que inició en 2018.

Entre el año 2000 y el 2017, el PIB había crecido en promedio 3,9% anual, impulsado por las remesas y la inversión extranjera directa. Sin embargo, el difícil ambiente sociopolítico, exacerbado por la pandemia, hizo que entre 2017 y 2020, el PIB se contrajera un 8,8% acumulado.

Manuel Orozco, director Programa de Migración y Desarrollo del Diálogo Interamericano, dijo a France 24 desde Washington que “el efecto más importante es que en 2022 Nicaragua no va a poder endeudarse de la misma manera en que lo había venido haciendo en los últimos tres años porque su capacidad de pago está disminuyendo”.

Según el experto, la economía local de ese país centroamericano se basa en tres pilares: el 35% del PIB corresponde a su actividad exportadora, de la que dos terceras partes son absorbidas por Estados Unidos; una porción similar corresponde a la economía informal, mientras que alrededor del 20% de la economía se alimenta de las remesas.

Un desempleo bajo e informalidad galopante

Con una tasa de desempleo que en los últimos años ha girado en torno al 5%, Nicaragua saldría bien librado si se compara con la de otros países de América Latina, como Colombia o Brasil, en donde la cifra es de dos dígitos. El verdadero meollo está en la informalidad.

Enrique Sáenz es un economista y analista político que vive en el exilio en San José de Costa Rica y quien explicó que las cifras oficiales del Banco Central a junio evidencian que el 45% de la fuerza laboral se encontraba en condición de subempleo, que en Nicaragua se define como “la población que trabaja un día sí y un día no y las personas que ganan menos del salario mínimo”.

Agregó que “el 5% o un poco más está en desempleo abierto, y el 13% en una condición particular, que son trabajadores sin remuneración. Esto suma alrededor del 63% de la fuerza laboral”.

En cuanto a la tasa de pobreza, es decir, un ingreso menor a 3,2 dólares por persona al día, el 14,6% de la población la padece, según el Instituto Nacional de Información y Desarrollo, casi un punto por encima de 2019, antes de que iniciara la pandemia.

Con un PIB debilitado y una crisis política que no da señales de terminar, la economía nicaragüense posa ahora sus esperanzas en las remesas, responsables de casi una quinta parte del PIB, uno de los porcentajes más altos de América Latina.

Entre 2017 y 2020, las transferencias de dinero desde el exterior crecieron un 33% a 1.850 millones de dólares, según el Banco Mundial. Lo que hace que el aumento en el número de nicaragüenses que viven en el exterior pueda actuar como una válvula de escape ante la crisis.

France 24 con Reuters, EFE y AP

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