Los niños de familias empobrecidas sufren más alergias y trastornos mentales

Agencia EFE
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Barcelona, 17 nov (EFE).- Los niños y niñas de las familias más empobrecidas de España valoran más negativamente su estado de salud (10,5 %) frente a los de clases sociales altas (3,9 %), con una mayor incidencia de alergias, asma, trastornos de conducta y mentales, según alerta un informe de la Fundación Pere Tarrés.

La pandemia de la COVID-19, además, ha supuesto más horas ante las pantallas de móviles y ordenadores, menos ejercicio físico (un 20 % no ha hecho ninguno durante el confinamiento), así como un consumo insuficiente de verdura y fruta, lo que repercutirá, con probabilidad, en los niños de clases sociales más pobres, que tienen un mayor riesgo de padecer sobrepeso y obesidad.

"En definitiva, la COVID-19 ha empeorado aún más las desigualdades en la salud de los niños españoles", se considera en el informe, que ha presentado este martes de forma telemática la investigadora Rosalina Alcalde, jefa de Metodología y Estudios de la Fundació Pere Tarrés.

El informe, titulado "Infancia y salud en Cataluña y España", constata que la situación social, económica y el género determinan claramente la salud física y mental de los niños españoles y evidencia que la clase social afecta aspectos como la salud mental y bucodental, la calidad de la dieta, los índices de obesidad e incluso la práctica de la actividad física en tiempo de ocio.

Este estudio se ha presentado este martes en el marco de la 72 edición del Fórum Pere Tarrés, dentro de los actos conmemorativos del Día Universal de los Derechos de los Derechos de los Niños, que se celebra el próximo día 20.

El encuentro ha contado con la participación del doctor Juan José García, jefe del Área de Pediatría del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, que ha disertado sobre 'Salud, infancia y vulnerabilidad'.

García se ha mostrado partidario de "ajustar" los currículos escolares en España dada la gran cantidad de días que no han tenido colegio los escolares y ha recordado que informes elaborados a raíz de un terremoto que se produjo en 2005 en Cachemira evidenciaron que unos 70 días de cierre escolar produjeron dos años de retraso en el aprendizaje.

También ha deplorado que se haya estigmatizado a los menores al llamarles, en ocasiones, 'vectores' de transmisión del virus, "como si fuesen mosquitos o murciélagos, cuando son personas que también se pueden contagiar".

Aunque el estudio de la Fundación Pere Tarrés se cerró antes de la llegada de la COVID-19, Alcalde ha indicado hoy que las tendencias que se apuntaban en el mismo confirman los datos que se han ido recogiendo hasta ahora, y que evidencian los efectos sociales "devastadores" que se prevé que tendrá la pandemia, y que las situaciones de desigualdad y vulnerabilidad de los niños en cuanto a su salud empeorarán, previsiblemente.

A su juicio, se ha dado una "perversa Ley de Murphy, y lo que podía empeorar ha empeorado con la llegada de la COVID".

Así, el informe destaca que existe una "notable desigualdad" de los pequeños en función del género, ya que los niños son más propensos a padecer alergias, asma, bronquitis y trastornos de conducta y las niñas, más trastornos mentales y problemas crónicos de la piel, entre otros.

Los trastornos de conducta y enfermedades mentales están mucho más presentes, ha precisado, entre los niños más empobrecidos.

Alcalde ha resaltado que en la realización de actividades físicas el efecto de la clase social y el género "es muy contundente", con un 58,1 % de los niños de las clases más empobrecidas que no hacen deporte, frente al 41 % de los niños de las clases con más posibles.

En cuanto a la actividad física en el tiempo libre, se observa que "no se indican desigualdades por clase social", aunque "las diferencias de género son alarmantes en las clases más empobrecidas, donde encontramos una diferencia de más de 20 puntos porcentuales entre las niñas (30,64 %) y los niños (51,84 %).

Esta desigualdad no se produce en las clases más enriquecidas, donde las niñas no sólo hacen ejercicio (59,22 %), sino que incluso superan a los niños (58,65 %) en un punto porcentual.

Por el contrario, entre los 10 y los 14 años, el 83,7 % dedican, al menos, una hora o más ante una pantalla, con una correlación con la clase social, de nuevo, importante.

Los niños de familias más favorecidas consumen un 75 % más de fruta, frente al 58 % de los de clase baja, y las bebidas con azúcar son consumidas en mayor medida por los niños de familias con menos recursos económicos y, en éstas, las niñas las beben menos (30,64 %) que los niños (51,84 %).

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