Una niña de 5 años acaba en comisaría después de que sus padres no pagaran el comedor del colegio

Recibió la visita de la Policía en el propio centro y ante sus compañeros de clase // El Ministro de Educación califica el incidente de escandaloso

El ministro de Educación francés, Vincent Peillon, en rueda de prensaLéa nunca olvidará el mal trago que tuvo que sufrir el martes pasado. Esta niña francesa de cinco años se ha convertido en noticia en todos los medios del país después de acabar en la comisaría por culpa de que sus padres no pagaron el servicio de comedor del colegio.

La escena no fue nada agradable para la menor. Todo comenzó cuando se encontraba en su centro escolar de Ustaritz, en el País Vasco francés, cuando llegó la Policía, que se la llevó primero a su casa ante la mirada de sus compañeros y, tras no haber nadie, a comisaría. La criatura no entendía nada.

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Pensó que sus padres habían muerto o que los habían metido en la cárcel”, ha asegurado el director del colegio, Laurente Aguergaray, en declaraciones a la agencia AFP, visiblemente molesto con la intervención policial, según ha recogido la prensa local. “Es un procedimiento irresponsable; sus compañeros se quedaron totalmente atónitos y hubo que hablar con ellos para intentar no dramatizar el asunto; no podemos aceptar que se usen a los niños como rehenes”.

La reacción del padre ha sido, como cabía esperar, mucho más encendida, que no se explica cómo un impago de 170 euros haya provocado tal dispositivo. “Ella no ha hecho nada malo, está traumatizada”, asegura, a la vez que afirma haber pedido responsabilidades al Ayuntamiento por lo ocurrido. “Yo no lo ordené, pero los padres estaban ya advertidos y hay que aplicar los procedimientos”, se justifica el alcalde de Ustaritz, Dominique Lesbats. El caso ha trascendido de tal manera que ha incluso obligado a pronunciarse al Ministro de Educación francés, Vincent Peillon, que ha calificado el incidente como un "caso de violencia escandaloso".

A Léa le queda al menos el consuelo de que ya puede volver a comer con sus compañeros, como hasta ahora había sido habitual, después de ir con su madre a renovar el registro, pero el susto ya no se lo quita nadie.

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