El New York Times da la voz de alarma sobre las bolsas de algodón de moda

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A woman works in the creation of tote bags as part of the Teeah project, which aims to promote the reduction of plastic bags use, in Irbid, Jordan January 22, 2020. Picture taken January 22, 2020. REUTERS/Muhammad Hamed
REUTERS/Muhammad Hamed

La mayoría de nosotros queremos proteger la naturaleza. Y al mismo tiempo, no todos estamos dispuestos o tenemos la capacidad de hacer grandes gestos. Pero hay pequeños gestos que podemos hacer en nuestro día a día que ayudan al planeta, como usar bolsas de tela en lugar de bolsas de plástico.

Pero… ¿y si estas bolsas de tela no fuesen tan eco-friendly, tan respetuosas con el medio ambiente, como nos hemos querido creer? Un artículo reciente del New York Times lo explica: el problema no es que las bolsas de tela – conocidas como tote bags en inglés – no sean respetuosas con la naturaleza. Es que usamos demasiadas.

Porque, si nos paramos a pensarlo, no tenemos sólo una. Habrá quien tenga más y quien tenga menos, pero lo normal es tener un número elevado de ellas. Y es que aquí, lo que podemos o debemos considerar elevado no es algo que dependa de cada cual.

Para poder determinar cuántas bolsas de tela son muchas, tenemos que pensar en qué implica la bolsa de tela. Generalmente estas bolsas se fabrican con algodón, y en muchos casos incluso con algodón de cultivos orgánicos para aumentar su sostenibilidad. Entonces, si las bolsas de tela se usan para reducir el impacto ambiental, habrá que contabilizar cuánto impacto ambiental genera una bolsa, y cuántas veces hay que usar una bolsa de tela para compensar su impacto, ¿no?

Según un estudio del Ministerio de Medio Ambiente y Alimentación de Dinamarca, publicado en 2018, la cifra asusta: cada bolsa tiene que usarse 20.000 veces para compensar el impacto ecológico que el cultivo del algodón tiene. Principalmente por el gasto en agua que requiere cultivar esta planta.

Eso significa que cada bolsa hay que usarla todos los días durante casi 55 años – 54,79 años, si no consideramos los bisiestos – para compensar su impacto ambiental. 110 años para dos bolsas de tela, y podemos seguir haciendo las cuentas.

Lo más curioso de todo esto es que esta cifra, que ya es enorme, no tiene en cuenta otros procesos. Como por ejemplo teñir la tela para que tenga patrones o dibujos, o el logo de una empresa. Esto añade impacto, y por lo tanto usos para compensarlo.

Pero bueno, podemos pensar que si reciclamos las bolsas de tela cuando lleguen al final de su vida útil, compensamos parte del impacto. Solo que… sólo que no es así del todo. Reconvertir algodón de una prenda a otra supone un gasto de energía, y por lo tanto un impacto, tremendo. Sin contar con que la mayoría de los tintes que se usan para el algodón no son reciclables y la pieza de tejido teñida no se puede reciclar.

En resumen, el problema no es que la idea sea mala, si no que la hemos llevado demasiado allá. Porque al final, las bolsas de tela se han convertido en una manera de demostrar nuestro compromiso con la naturaleza. Los usuarios hemos querido usarlas, y muchos negocios y marcas han visto la oportunidad.

La oportunidad de dar una imagen de responsabilidad ambiental – ojo, en muchos casos con verdaderas convicciones ambientalistas detrás – pero también una forma de conseguir publicidad gratis poniendo sus logos en bolsas de tela.

En estos casos, lo importante es ser conscientes del problema y pensar en cómo adaptarnos. Por ejemplo, realmente usando las bolsas que tenemos, no aceptando más, priorizando aquellas bolsas que usen tintes respetuosos con el medio ambiente – que los hay – y estrategias similares.

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