El nuevo romance adolescente de Netflix dispara unas alarmas para darnos que pensar

Por Alberto Cano.- El cine romántico adolescente sigue estando a la orden del día. Aunque ya ha pasado toda una década desde que historias como Crepúsculo o Tres metros sobre el cielo conquistaran a los espectadores, hoy continúan llegando relatos similares a la pequeña y gran pantalla, como es el caso de la nueva producción española de Netflix A través de mi ventana.

Como ya ocurrió con éxitos recientes como la saga After, esta historia, escrita por la autora venezolana Ariana Godoy, encuentra su origen en Wattpad, plataforma de escritura online donde escritores debutantes tratan de hacer llegar sus relatos al público sin necesidad de contar con una editorial de por medio. Es todo un mundo de ventajas para aquellos que quieran darse a conocer y no cuentan con suficientes medios o apoyo, no obstante, también se traduce en que los contenidos publicados pasan por muchos menos filtros de los habituales, derivando en problemas como el que encontramos en A través de mi ventana.

Clara Galle y Julio Peña en el póster de 'A través de mi ventana' (Foto: Netflix)
Clara Galle y Julio Peña en el póster de 'A través de mi ventana' (Foto: Netflix)

El caso más claro es el de la mencionada saga After, libros que surgieron como una ficción inspirada en la vida del cantante Harry Styles, lo que comúnmente se denomina “fanfiction”, y desataron polémica ante las situaciones tan controvertidas que describía. Por poner un ejemplo, en el primer libro veíamos que el personaje de Styles se aprovechaba de una chica por una apuesta basada en hacerla perder su virginidad, describiendo escenas tan desagradables como el llevarse la sábana llena de sangre como trofeo para demostrar su acción.

Sin embargo, lejos de crear polémica fue todo un éxito y una editorial se hizo con los derechos. Se publicó en papel eliminando toda referencia al exmiembro de One Direction y tuvo su propia saga de películas, haciendo que muchas otras historias intentaran seguir un camino similar, como es el caso de A través de mi ventana. No sé hasta que punto esta historia pudo estar inspirada por After, pero viendo la adaptación que acaba de estrenar Netflix algo me dice que el referente es claro, o al menos el romance que plantea también se apoya en situaciones tóxicas y cuestionables que no parecen haber pasado por algún tipo de valoración moral.

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A través de mi ventana nos presenta la historia de Raquel (Clara Galle) y su romance con Ares (Julio Peña), su vecino atractivo, misterioso y rico con el que nunca había intercambiado ni una sola palabra. Ella vive obsesionada con él, lo espía, guarda en su ordenador todas sus fotos e incluso usa su nombre como la contraseña del Wi-Fi, hechos que Ares descubrirá cuando hackea el ordenador de Clara y que harán que ambos inicien una intensa e inusual relación.

Ya el punto de partida debería de ponernos en alerta. Vivir obsesionado con alguien, guardar sus fotos, hackear un ordenador y venderlo como algo provocador e idílico como hace A través de tu ventana no debería de ser ni medio normal. Pero lo peor llega cuando a medida que avanza la película vas viendo lo controlador que es Ares, lo mucho que se aprovecha de Raquel o el cómo ella empieza a tirar toda su vida y amistades por la borda por un amor que ni siquiera la valora.

Él se marcha con más chicas y mantiene otras relaciones justificando no querer comprometerse. Pero, pese a darle desplantes continuamente, trata de mantener a Raquel a su lado porque ella es la única que le da apoyo emocional y le hace sentir más que otras mujeres. Es, bajo mi punto de vista, una actitud egoísta de alguien que piensa que todo debe girar a su alrededor y las personas son meros objetos a su servicio. Aunque el auténtico problema que plantea la historia, como ya pasaba con otras películas y relatos románticos como Cincuenta sombras de Grey, es que Raquel consiente todo esto por el mero hecho de estar enamorada de Ares. A ella le da igual que Ares la destroce emocionalmente, que sus amigos empiecen a dejarla de lado y que su vida empiece a tambalearse, solo quiere estar con él por ser alguien guapo, atractivo y misterioso, sin importar el coste.

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Lo más llamativo es que no hay un ápice de señalamiento a lo tóxico que es todo esto. Es más, la película te lo vende dentro de un mundo de ensueño de fiestas, lujos y erotismo que tienta a ansiar a vivir esa vida. Y cuando hablamos de una producción enfocada a un target adolescente, público en edad de gestar sus objetivos y aspiraciones, puede ser muy problemático, sobre todo por lo intrínseco de normalizar relaciones ponzoñosas y apostar todo al amor por encima de tus propios anhelos.

Vale, es solo una película y el público se acercará a ella para desconectar y no pensar en los problemas de la vida, no para buscar un ejemplo a seguir. Al final, A través de mi ventana es un entretenimiento ameno donde su cóctel de romance, sexo y fiestas resulta irresistible. Hay un gran trabajo en la producción, se aprecia una intención de hacer un producto lo más atractivo posible, se nota lo bien que se lo pasó su equipo y reparto rodando, su banda sonora te lleva a querer bailar y cantar todos sus temas a pleno pulmón y, en definitiva, te hará disfrutar si no eres muy exigente.

Pero esto no quita que su historia esté repleta de toxicidad y normalice situaciones que ni de lejos deberían de ser normales. Por mucho que sea un producto de mero entretenimiento, sus mensajes problemáticos siguen estando ahí. Y en pleno 2022, creo que ya es hora de cambiar el chip respecto al enfoque de las películas e historias románticas, porque es perfectamente asumible narrar un relato provocador y divertido que nos conquiste sin necesidad de caer en lo tóxico.

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