Nervios y besos a distancia tras 37 días sin visitas en residencias riojanas

Agencia EFE
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Logroño, 22 feb (EFE).- La posibilidad de visitar a los mayores en las residencias de La Rioja este lunes, lo que no se podía desde el pasado 16 de enero, ha dejado imágenes de nervios y besos, eso sí a distancia, entre algunos de los primeros familiares que han acudido a la residencia Madre María Josefa de Logroño.

Tras una toma de temperatura y la desinfección de manos y pies, María Jesús Martínez ha podido entrar en la sala de este centro donde la esperaba su madre, María Muñoz, de 89 años, a la que ha saludado con “un beso gordo”, que, para cumplir las medidas de seguridad frente a la covid-19, ha tenido que ser lanzado al aire.

Una vez sentadas a la mesa, que asegura que exista la distancia adecuada, madre e hija han podido mantener una conversación cara a cara por primera vez desde hace 37 días, cuando las residencias riojanas echaron el cierre por el ascenso de casos de la covid-19 en la región.

Esta imagen ha sido posible gracias a que el Gobierno de La Rioja ha autorizado, a partir de este lunes, las visitas a las residencias de mayores donde no haya algún usuario positivo por covid-19 ni en aislamiento, que podrán ser de una a la semana de una hora o dos de media hora; así como las salidas de los residentes a la calle durante un máximo de 60 minutos.

La entrada en vigor de estas nuevas medidas ha sido esperada “con mucha expectación” por parte de los residentes, ha afirmado este lunes a Efe la directora de la residencia Madre María Josefa, Deysi Janet Velásquez, quien ha remarcado que “ayer, domingo, ya estaban deseando ver a sus familiares, y el hecho de dejarles salir a los exteriores ha sido un aliciente”.

Prueba de esta expectación ha sido la reacción de la residente María Victoria Villar, de 81 años, al ver que su hija, Victoria Berges, entraba por la puerta de la residencia para verla en persona después de varias semanas sin poder hacerlo, para lo que la trabajadora social, Irene Martínez, ha tenido que comprobar su temperatura y aplicarle un líquido desinfectante en manos y calzado.

“¡Qué guapa estás!”, han sido las primeras palabras de Berges al llegar a la mesa donde, inquieta, la esperaba su madre levantada, quien le ha respondido “sí amor” y le ha comunicado que tenía muchas ganas de que se produjera este encuentro: “Me estaba poniendo nerviosa, con lo puntual que eres tú”.

Madres e hijas han podido conversar y ponerse al día sobre diversos temas, desde los más mundanos a otros más personales, en una jornada que, seguro, recordarán de forma especial, igual que especiales han sido las condiciones en las que ha transcurrido.

“Se hacen videollamadas pero no es lo mismo que la presencia, guardando las distancias, que ya es otra cosa. Tener ese acercamiento con sus familiares les ayuda mucho, han sufrido todo este año y llevan muchos de ellos un deterioro, tanto físico como cognitivo”, por lo que “era necesario abrir un poco las puertas”, ha incidido la directora de esta residencia.

“Si para nosotros es duro estar confinados, para los residentes mucho más. El equipo multidisciplinar de la residencia ha tratado de valorar todas las posibilidades de cómo podíamos ayudarlos y se les ha brindado la ayuda de una manera integral”, ha remarcado.

Sergio Jiménez Foronda

(c) Agencia EFE