Nazis del coronavirus en las ventanas

(Photo by Denis Doyle/Getty Images)

Atención. Hay chivatos en las ventanas. Chivatos rabiosos.

Como los vecinos de Oviedo que han escrito esta nota. Porque, claro, si yo no lo hago, que no lo haga los demás. Y, encima, les acuso delante de todo el bloque para que queden marcados para siempre.

También lo hacían los franquistas rabiosos que querían ver muertos a los vecinos a los que no soportaban. Y los nazis.

Chivatos ajustando cuentas, purgando odios y disputas pasados con la excusa del coronavirus.

Los nazis hacían lo mismo. Y los chivatos franquistas.

Chivatos asomados a las ventanas, las 24 horas del día, que vigilan sin pestañear buscando cualquier infracción y gritan a los transeúntes que pasean por la calle incumpliendo la orden de confinamiento. Si yo me jodo, que se jodan los demás. Chivatos que llaman a la policía para que detenga a los infractores. Sí, porque las comisarías están registrando una avalancha de llamadas de cuidadanos vigilantes desde sus casas acusando a vecinos.

Porque sí, porque todos llevamos 15 días encerrados, porque quedarnos en casa salva vidas, porque si salimos podemos ser culpables de contagios que maten a gente. Pero la rabia con la que algunos están denunciando a los infractores es algo más. ¿No os parece?

Escuchad a la mujer que graba desde la ventana. Escuchad el linchamiento. ¿Os parece normal?

Jode quedarse en casa sí. Jode quedarse en casa cuando podríamos estar tomando cañas con los amigos. Jode ver a la gente que se salta el confinamiento y pone en peligro la vida de los demás. Claro que sí. Jode, y mucho. Pero egoístas los ha habido siempre, amigos. Y no podemos dejar que el miedo nos intoxique.

Porque, además, estas lapidaciones públicas están ejecutando a inocentes.

Este hombre, enfermo terminal, necesita caminar por orden médica. Y le ha pasado esto. Escuchadle.


“Todo mi puto barrio ha salido a insultarme. Gente en los balcones diciendo muérete. Insolidario. Pones en peligro la vida de los demás”.

No somos justicieros, amigos. Y no sabemos porqué esa persona está en la calle. Quizá ese padre que está con su hijo sea un egoísta maleducado poniendo en peligro otras vidas, pero quizá sea un padre sacando a tomar el aire a un hijo enfermo por recomendación médica.

Sí, yo también me pregunto porqué los vecinos de un par de pisos del bloque de enfrente nunca salen a aplaudir a las ocho y se quedan sentados en el sofá frente a sus enormes televisores. Y sí, no sé si llamaría a la policía si viera a alguien por la calle saltándose las normas de confinamiento. No lo sé. Pero no me toca a mí hacer de justiciera. Aunque pueda pensar cosas tremendas, me lo callo. No nos toca a nosotros lapidar en público a alguien.

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