La nave del misterio encuentra un filón esparciendo miedo con el coronavirus

Fotografía de mi televisor soportando las eternas conspiraciones de Jiménez...

Dice el refrán que cuando solo tienes un martillo, todo te parece un clavo. Del mismo modo, ante la falta de rigor, de profesionalidad y con un desprecio absoluto por los datos, todo te parece un buen negocio. El último y lamentable espectáculo de Iker Jiménez y de su esperpéntico programa Cuarto Milenio, cansados quizá de casas encantadas, psicofonías, alienígenas y apariciones, se ha dedicado a propagar conspiraciones sobre las oscuras causas y motivos de la epidemia de coronavirus. Por supuesto, cuando solo tienes una vara de medir el mundo, cuando tu manera de ganarte la vida es la tergiversación intencionada de la realidad y cuando los hechos no te importan salvo que confirmen tus ideas, entonces existen pocos obstáculos éticos o periodísticos para aprovechar cualquier tirón mediático y convertirlo en todo un filón. Si has vendido, durante décadas, las más increíbles tonterías haciéndolas pasar por sesudas investigaciones, si has metido la pata docenas y docenas de veces sin rectificar nunca ni uno de tus errores, si te han pillado con el carrito de los helados y lo único que haces es mirar para otro lado, si eres capaz de ver fantasmas en las manchas de una pared para deleite de un público enfervorecido o si puedes hablar, una y otra vez, de las mismas paparruchas falsas haciéndolas pasar por nuevas noticias, entonces eres perfectamente capaz de coger un tema tan delicado como la salud pública en una epidemia y convertirlo en un nuevo circo televisivo… lo dicho, si solo tienes un martillo cualquier cosa te parece un clavo.

Hace mucho, mucho tiempo, que dejé de ver el programa de Iker Jiménez. Antes me fascinaba sentarme delante del televisor y jugar a ver cuántas tonterías era capaz de detectar en el tiempo que duraba Cuarto Milenio. Pasé incluso por una época en la que, armado de libreta y bolígrafo, apuntaba una tras otra las estupideces, errores e incoherencias que soltaban sin rubor en esas largas horas de emisión. Por supuesto, esa época se me pasó rápido… me resultaba imposible anotar todas esas mentiras y no sentir un enfado más allá de la lógica. Terminaba el programa y me iba a dormir, con un cabreo monumental, preguntándome en voz alta cómo era posible que miles de personas vieran eso y pudieran creer tan fácilmente las claras y obvias manipulaciones que salían por aquella pantalla. Afortunadamente, esos años pasaron y terminé llegando a una conclusión que me ha librado de muchos enfados gratuitos: No importa lo que yo farfulle en el camino a la cama, no importa lo que me puedan indignar las mentiras o medias verdades… siempre habrá alguien dispuesto a tergiversar la verdad para su propio beneficio.

Así que pasaron los años y reconozco que mi bienestar mental mejoró mucho cuando dejé de enfurecerme por las conspiraciones e inventos extraterrestres de la nave del misterio. Me centré en escribir artículos sobre ciencia, sobre buena ciencia, con la profunda convicción de que la divulgación rigurosa puede ser mucho más apasionante que las paparruchas de ovnis y espíritus malignos.

"Iker Miente"... graffiti de algún vecino del pueblo de Ochate cansado de paparruchas.

Pero entonces llegó el coronavirus chino en diciembre de 2019, y pueden llamarme adivino o investigar mis poderes mágicos para prever el futuro, pero en mi interior sabía perfectamente que, tarde o temprano, Iker Jiménez se aprovecharía de la epidemia para usar su martillo en la televisión… y así ha sido.

Me senté frente al sofá de casa y, expectante, encendí la televisión. Tras la breve cortinilla de presentación, el programa comienza con una voz, sombría e inquietante que, acompañada de una música casi de película de persecuciones en Hollywood, dice: “China tiembla. Un enemigo microscópico ha conseguido poner en jaque a la primera economía mundial…”

Las frases de Cuarto Milenio y su circo de expertos | imagen Maribel Martínez Delgado vía Luis Alfonso Gámez.

A partir de aquí, lo mismo de siempre... no ha cambiado nada, da igual que hable de naves extraterrestres, de voces procedentes de tumbas, que de un virus o una epidemia. Las mismas técnicas que lleva utilizando durante décadas con excelentes resultados: Iker insiste en que él solo está allí para entender lo que está pasando y deja que sus contertulios, presentados como “expertos en conspiraciones”, inicien la retahíla de medias verdades y mentiras. Es un cóctel con ingredientes bien conocidos: sembrar la duda, lanzar preguntas insólitas al aire con un tono grave y desconcertante, mezclar datos reales con estupideces –recuerden que si siempre mientes nadie te creerá, pero si unes verdades y números ciertos con dudas, tergiversaciones tienes el éxito asegurado–, todo es una conspiración, nos engañan y solo aquí, en mi programa, te vamos a contar la verdad...

El resultado final también es el mismo: otro programa que desconcierta, desinforma, intoxica e inquieta a todos sus seguidores que estarán encantados con lo que reciben. Los patrocinadores que pagan los anuncios contentos con la audiencia, la cadena de televisión satisfecha al ver los shares, y por supuesto nuestro protagonista Jiménez abriendo el bolsillo y consiguiendo más combustible para su nave del misterio.

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