El ejemplo de lucha de la protagonista de esta icónica imagen del feminismo

M. J. Arias
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“We can do it!” (‘¡Nosotras podemos hacerlo!’). Es uno de los lemas más conocidos a nivel mundial del feminismo junto con la imagen que lo acompaña, la de 'Rosie, la remachadora'. Durante años se creyó que la mujer que inspiró este icono feminista fue Geraldine Doyle. Sin embargo, la investigación de años de un profesor universitario reveló que quien sirvió de modelo e inspiración al artista fue otra mujer, llamada Naomi Parker Fraley, con una historia de vida con la que se identifica toda una generación.

Durante décadas se creyó que tras esta imagen estaba la historia de otra mujer. (Foto: AP Photo/Eric Risberg, File)
Durante décadas se creyó que tras esta imagen estaba la historia de otra mujer. (Foto: AP Photo/Eric Risberg, File)

Naomi Parker Fraley, según indica un perfil elaborado por la revista People, nació en Tulsa (Oklahoma) el 26 de agosto de 1921. A la tercera de los ocho hijos del matrimonio formado por un ingeniero de minas y un ama de casa la Segunda Guerra Mundial le cambió la vida, como la de tantos millones de personas en el mundo.

Naomi fue una de las muchas jóvenes estadounidenses que acudió a la llamada del país para trabajar en las fábricas que habían perdido una gran cantidad de mano de obra con el envío de tropas. Así, junto a su hermana menor, Ada, entró a trabajar cuando contaba la veintena en una planta en la que se fabricaban partes de avión. Durante una jornada de trabajo, cuenta The New York Times, un fotógrafo que recorría la Estación Aérea Naval la fotografió.

Aquel día de 1942, como tantos otros, llevaba un pañuelo rojo de puntos blancos y el mono de trabajo azul que se ve en la popular imagen del artista J. Howard Miller, en la que una mujer con ese mismo atuendo posa mostrando su bíceps. Cuentan en Vanity Fair que el fin de aquella imagen no era convertirse en un icono feminista, sino hacer un llamamiento a las mujeres para ocupar los puestos vacíos en las fábricas y contribuir así a que el país no se parase por la guerra. Precisamente lo que ella había hecho.

No sería hasta los ochenta cuando la estampa de 'Rosie, la remachadora', como fue bautizada, comenzó a cobrar protagonismo y ser usar como símbolo de la lucha de las mujeres por alcanzar la igualdad y reivindicar sus derechos. Fue entonces cuando una mujer llamada Geraldine Doyle se identificó como la protagonista del cartel. Y casi todo el mundo la creyó. Había trabajado en la época en la que se publicó en una planta industrial de Michigan y su historia encajaba. Al morir en 2010, los medios recogieron su fallecimiento haciendo hincapié en que era la ‘auténtica Rosie’.

Sin embargo, hubo alguien a quien no le cuadraba. No es que desconfiase de la ya fallecida Geraldine, sino que sospechaba que quizá esa identificación era errónea y que la verdadera Rosie seguía ahí fuera. Durante seis años, el profesor de la Universidad Seton Hall de New Jersey James J. Kimble investigó el origen y posible inspiración de la obra de Howard Miller hasta que un día llamó a la puerta de Naomi Parker Fraley.

Ella le confirmó sus más que sospechas y le contó su historia, esa que la llevó a trabajar en una planta aérea de Alameda, en California, después del ataque de Pearl Harbour. Una de sus labores allí fue la de remachar, como ‘Rosie, la remachadora’, y había una foto muy parecida a la imagen del cartel propagandístico en la que aparecía con la fecha en la que fue tomada y su nombre.

Naomi confesó tras ser localizada que le sorprendió que Geraldine Doyle se atribuyese la identidad de la mujer de la imagen, pero que decidió callar. En una entrevista concedida a la revista People reconoció que se sintió “como si el tren hubiera salido de la estación y tú estás parado allí y no hay nada que puedas hacer porque tienes 95 años y nadie escucha tu historia”. Hasta que Kimble dio con ella y lo hizo.

Más allá de ser la protagonista de una de las imágenes más populares del feminismo –aunque no naciese con ese fin–, la historia de Naomi Parker Fraley está impregnada de afán de superación y resiliencia. Fue niña durante la Gran Depresión, trabajó en una fábrica durante la Segunda Guerra Mundial, vivió la postguerra y falleció, a los 96 años, en enero de 2018. En lo personal, se casó en tres ocasiones, enviudó dos de ellas y se divorció otra. De sus tres matrimonios tuvo un hijo y seis hijastros.

Falleció convertida en un icono del feminismo y dejó una frase para el recuerdo: “Hoy en día las mujeres de este país necesitan algunos iconos. Si creen que yo soy una de ellos, estoy feliz de serlo”.

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