La reacción hipócrita de Roland Garros a la renuncia de Naomi Osaka

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La tenista Naomi Osaka hablando ante un micrófono
Naomi Osaka tras el partido de primera ronda en Roland Garros. Foto: Tim Clayton/Corbis via Getty Images.

Ayer se produjo una de esas noticias que trascienden el mundo del deporte, que acaparan titulares en todo tipo de publicaciones, y de la que seguro que te has enterado aunque la actualidad de la alta competición te preocupe poco. La protagonista es Naomi Osaka, tenista de nacionalidad japonesa, actual número 2 del mundo en la clasificación de la WTA, y de 23 años de edad. Hasta ayer estaba compitiendo en Roland Garros, uno de los torneos más importantes de la temporada.

Hasta ayer, no porque la hayan eliminado; de hecho, el domingo había superado en primera ronda a la rumana Patricia Maria Tig sin mayores complicaciones y ahora le tocaba jugar contra Ana Bogdan, de la misma nacionalidad. Pero ha decidido retirarse. El motivo no es ninguna lesión, sino que, según contó en un comunicado a través de sus redes sociales, siente tal ansiedad cuando tiene que enfrentarse a las ruedas de prensa tras los partidos que había optado por no presentarse; ante la perspectiva de que la organización del torneo le obligara a acudir a la cita con los periodistas, prefiere marcharse a su casa.

¿Deberíamos ser comprensivos y dar apoyo ante problemas tan graves, y a menudo tan estigmatizados en la sociedad, como el de la salud mental y las depresiones que Osaka asegura haber sufrido? ¿Se somete a una presión excesiva a los deportistas en general, a los tenistas en particular? ¿Es una excusa aceptable para eludir a la prensa que, en última instancia, transforma una actividad intrínsecamente improductiva como el deporte en un negocio de la industria del entretenimiento muy lucrativo para quienes participan en él? Tiempo habrá de debatir largo y tendido al respecto. El hecho es que Naomi ha cortado por lo sano y ha decidido abandonar un Grand Slam, lo que indudablemente da credibilidad a su postura.

Lo que resulta paradójicamente lamentable es cómo ha reaccionado la organización del torneo francés. Porque ante una situación tan grave como que la segunda mejor tenista del mundo abandone todo un Roland Garros, lo único han hecho es emitir un comunicado brevísimo lamentando la situación y expresando, de forma bastante tópica, el deseo de que mejore. Lo han publicado en su web oficial, tanto en francés como en inglés, con la firma de Gilles Moretton, presidente de la Federación Francesa de Tenis. Según indican algunos medios internacionales, el mandatario compareció ayer mismo… limitándose a leer el texto en ambos idiomas y levantándose sin aceptar una sola pregunta.

Retrato de Gilles Moretton con gesto serio.
Gilles Moretton, presidente de la Federación Francesa de Tenis. Foto: Joel Saget/AFP via Getty Images.

Repasemos la secuencia de los acontecimientos. Osaka ya había dejado claro de antemano que, por sus circunstancias personales, no estaba dispuesta a hablar con la prensa, alegando que en muchas ocasiones, sobre todo en caso de derrota, supone una tensión añadida que "es como rematar a una persona que se ha caído". Hubo voces que la apoyaron, incluyendo la de su propio entrenador, Wim Fissette, que alegó que el objetivo no era boicotear a la prensa sino "provocar un cambio"; también otras, como la de Rafa Nadal, que se mostraron críticas al reconocer que "no tendríamos el mismo reconocimiento y popularidad" si los medios de comunicación no escribieran "las noticias y los logros" que consiguen alcanzar.

En cualquier caso, a la organización no le sentó nada bien la postura de Osaka, así que le aplicó una primera sanción de 15.000 dólares por saltarse la rueda de prensa del domingo tras el partido contra Tig. Además, la amenazó con consecuencias más graves, como una posible descalificación si persistía en su actitud. Antes de que la echaran, Naomi decidió irse por sí misma.

Lo grave del asunto es la incoherencia con que los dirigentes del tenis galo están manejando este asunto. Porque todas sus actuaciones al respecto se han caracterizado por su autoritarismo y su incapacidad tanto para dialogar como para dar explicaciones. Escritos en la web sin posibilidad de comentario o intervenciones públicas en las que no se permitía la réplica de los medios presentes no son precisamente la mejor manera de defender la idea de que Osaka, o cualquier otro tenista, están en la obligación de enfrentarse a los cuestionarios de los reporteros después de jugar.

Toda la razón que puedan llegar a tener Moretton y compañía en el fondo de sus exigencias la pierden con las formas. Actuando de esta manera solo han conseguido quedar como unos déspotas intolerantes y además bastante insensibles ante un asunto tan delicado como el que planteaba Osaka. De rebote, con la salida de la superestrella japonesa, han perdido un gran atractivo deportivo para el campeonato parisino. Y por si fuera poco, han dejado ver cómo se las gastan, sentando un precedente que sin duda se tendrá en cuenta cuando haya que negociar con ellos cualquier asunto (de índole económica, por ejemplo). 

Roland Garros seguirá adelante, porque es un torneo con 130 años de historia y ha sobrevivido hasta a guerras mundiales. Pero el daño a su reputación que está sufriendo con este episodio tampoco será fácil de olvidar. Los gestores, por muy enfadados que estén con Osaka, harían bien en abstenerse de tomar decisiones en caliente y pararse a reflexionar sobre las consecuencias de sus actos.

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