Nanjie, la aldea china que se aferra al sueño maoísta

Por Ben Dooley
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Vista de una calle de la aldea china de Nanjie, el 29 de septiembre de 2017

Alojamiento y cantina gratis, cánticos en honor de Mao Zedong. Bienvenido a Nanjie, bastión del sueño comunista en una China que ha sucumbido a la economía de mercado.

Cada año más de 500.000 visitantes llegan a esta aldea de la provincia de Henan (centro), convertida en una atracción turística.

Nanjie es fiel a los preceptos de Mao, quien dirigió el país con mano de hierro de 1949 a 1976. Y eso que el presidente actual Xi Jinping se encamina a un segundo mandato en el congreso que el partido comunista celebrará en los próximos días.

Como en plena "revolución cultural", los 3.700 lugareños se despiertan cada mañana con el ruido de los altavoces que difunden lemas de alabanza al exlíder. Y empiezan su jornada laboral con canciones "rojas" del repertorio comunista.

Con su folclore maoísta, sus bienes compartidos y sus fábricas de propiedad colectiva, Nanjie sigue el modelo de los años 1950, el de antes de las reformas que han convertido a China en la segunda economía mundial.

Al pie de una estatua de Mao, los turistas pueden embarcar en un pequeño tren rojo y visitar los parques, las fábricas y los apartamentos colectivos de la aldea, donde los habitantes les cuentan lo felices que son con el colectivismo.

Viven en apartamentos modestos, todos similares, desde los muebles hasta los televisores de pantalla plana.

"No tengo nada de qué quejarme", declara a la AFP Wang Chunju, una jubilada que lleva en la mano un iPhone.

- Galletas subvencionadas -

Desde el apartamento a los cuidados médicos, pasando por la comida, todo es gratis para los habitantes. Tienen acceso a una cantina y cuentan con una tarjeta que se recarga automáticamente, para comprar comida, incluidas las galletas de la marca Oreo.

A cambio trabajan por un salario modesto en las empresas locales de cerveza, de fideos o de aguardiente, entre otras.

Incluso "Xi Jinping pide a todos que estudien al presidente Mao", alega Wang Hongbing, jefe del partido comunista en Nanjie desde 1976, quien participará en el congreso la semana que viene en Pekín.

Al comienzo de los años 1980, cuando China se alejaba del colectivismo, el responsable del pueblo decidió resistir.

"En aquel entonces, mucha gente no nos entendió, no nos apoyó. Algunos incluso nos criticaron", explicó recientemente a un medio de comunicación público.

Pero desde el último congreso del partido en 2012 y la llegada al poder de Xi Jinping, "el discurso del gobierno central se acerca cada vez más a la vía elegida por Nanjie", asegura Wang.

Ahora los funcionarios y los miembros del partido se mezclan entre los turistas para estudiar el modo de vida en Nanjie. Pero resulta difícil determinar hasta qué punto se siguen los preceptos maoístas.

En la fábrica de fideos, los responsables admiten que "a diario" hay coros de cánticos comunistas actuando para los periodistas que visitan el lugar.

- 'Comunistas de verdad' -

Más del 90% de los empleados de las 26 cooperativas vienen del exterior de la aldea y carecen de las ventajas reservadas a los habitantes de Nanjie.

En 2008, una investigación del diario chino Southern Metropolis revelaba que la aldea había contraído préstamos bancarios por un valor superior a 1.600 millones de yuanes (206 millones de euros).

Pero los dirigentes chinos ordenaron a la provincia de Henan que resolvieran el problema, declara Wang a la AFP. Las deudas fueron anuladas.

El pueblo cuenta "con la fuerza de sus empresas para desarrollarse", asegura Wang con orgullo, vanagloriándose de una subida del 24% de los beneficios en un año.

En la actualidad, Nanjie presume de ser un remanso de igualdad en una China donde la economía de mercado creó un abismo entre ricos y pobres. Le ha valido el respaldo de los dirigentes del partido y de la opinión pública.

"Allí son comunistas de verdad", declara riendo el empleado de una tienda de alcohol situada en las inmediaciones de la aldea. "En comparación con ellos se puede decir que nosotros somos capitalistas".

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