Najla Bouden se posesiona como primera ministra en el nuevo gabinete de Túnez

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Colectivos de mujeres ven con buenos ojos el nombramiento hecho por el presidente Kaïs Said, quien es criticado por supuestos abusos de poder por haber destituido al primer ministro, haber suspendido el Parlamento y querer renovar la Constitución. Sin embargo, el nuevo gabinete responderá a Said y no a la primera ministra según las mismas reglas que cambió el mandatario.

Najla Bouden es la primera mujer en ser nombrada como primera ministra en este país de África del Norte. Bouden, una geóloga de 63 años, era una alta funcionaria del ministerio de Educación Superior y desconocida en la escena política. Su nombre salió a la luz cuando el cuestionado presidente tunecino Kaïs Said la nombró el 29 de septiembre para ocupar el cargo, tras destituir hace más de dos meses al primer ministro Hichem Mechichi.

Grupos feministas han elogiado la nominación de Bouden como un paso adelante para las mujeres en Túnez, país considerado pionero de los derechos de las mujeres en el mundo árabe.

Muchos han cuestionado cuánto poder le habrá dado Said a Bouden, pues el presidente durante mucho tiempo se ha opuesto a la igualdad de género en las leyes de herencia.

El nuevo gabinete de la primera ministra está formado en su mayoría por profesores universitarios y funcionarios sin pertenencia política. De los 25 ministros hay 10 mujeres. Pero su administración dispondrá de prerrogativas muy limitadas, ya que el nuevo gabinete responderá ante el presidente Said en lugar de ante la primera ministra.

Sumado a esto, los principales miembros del gabinete, incluidos los ministros de Relaciones Exteriores y Finanzas, ya estaban sirviendo a Said de manera interina. De hecho, el nuevo ministro del Interior es uno de sus más grandes aliados.

El nuevo gabinete se anunció tras las manifestaciones de este domingo en las que al menos 6.000 personas protestaron en el centro de Túnez contra el presidente Said.

La crisis política aún no cesa en Túnez

El mandatario ha sido señalado por sus contradictores de iniciar un golpe de estado, tras ordenar el 25 de julio la suspensión del parlamento y de otorgarse poderes judiciales tras declarar el Estado de excepción.

Además, suspendió la Constitución de 2014 casi en su totalidad, de la que ha sido un crítico acérrimo por introducir un sistema mixto parlamentario-presidencial. Se ha otorgado a sí mismo el poder de nombrar un comité para enmendarla y someterla a un referéndum popular.

La Constitución de Túnez fue adoptada tres años después de la revolución que derrocó al veterano dictador Zine El Abidine Ben Ali. Said también critica la revolución y dice que duda de sus logros democráticos.

Muchos han visto los movimientos de Said como un golpe para el partido Ennahdha, de inspiración islamista, que ha dominado la política de Túnez después de la revolución.

En un discurso posterior a la ceremonia de posesión de Najla Bouden, Saied reiteró que sus movimientos eran constitucionales a la luz del "peligro inminente" que enfrenta Túnez.

El presidente insistió en que había actuado para "salvar al Estado tunecino de las garras de quienes acechan en casa y en el extranjero, y de quienes ven su cargo como un botín o como un medio para saquear fondos públicos".

Frente a este panorama, el nuevo gobierno de Bouden -quien no tiene experiencia política y no se sabe que tenga experiencia económica- tendrá una difícil capacidad de maniobra para cambiar los problemas económicos.

Túnez se enfrenta a una crisis económica de larga duración, agravada por la pandemia del coronavirus, con una deuda que supera el 90% del Producto Interno Bruto, una inflación galopante y una tasa de desempleo de más del 18%.

Con Reuters, AFP y EFE

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