'Las nadadoras': descubre la historia real de las hermanas Mardini en Netflix

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'Las nadadoras': la historia real se ve en NetflixNetflix

Cuando empleamos la frase hecha de "la realidad supera a la ficción" a veces pensamos que está de lo más manida, pero es que hay tantas ocasiones en las que resulta cierta, que da hasta impresión. Lo hemos visto en Dahmer, Sin aliento o Trece vidas. Netflix ha querido recopilar una en concreto que revuelve las conciencias y atrapa al público, y los cuatro minutos de ovación en el Festival de Toronto la avalan. Se trata de la historia que relata la película Las nadadoras, que ve la luz el miércoles 23 de noviembre en la plataforma.

En ella descubrimos el drama de dos hermanas sirias, Yusra y Sarah Mardini, que realizaron un viaje muy duro que terminó siendo milagroso. Ellas eran dos nadaduras que huyeron como refugiadas de la Siria devastada por la guerra para vivir una nueva vida en Europa. La cuestión es que ese traslado lleno de incertidumbres, peligros, sentimientos de soledad y desamparo pero también de esperanza, acabó brindándoles la oportunidad de competir en los Juegos Olímpicos de Río de 2016.


Las nadadoras: la historia real de la película en Netflix

Dirigida por Sally El Hosaini a partir de un guion escrito por ella misma junto a Jack Thorne, Las nadadoras trata de reflejar la odisea de estas dos hermanas, pero también un duro retrato de la guerra, la inmigración, el espíritu de superación y los valores deportivos. Lo curioso es que, pese a jugar a tantas luchas sociales al mismo tiempo, la película consigue repartir su foco de forma inteligente entre todos estos temas gracias a la evolución natural de estas dos hermanas durante el que, sin duda, fue el viaje de sus vidas.

Aunque en la película están interpretadas por Manal Issa y Nathalie Issa, actrices que también son hermanas, las auténticas Yusra y Sarah Mardini pasaron todas las penurias que se reflejan en el filme, con el añadido de estar iniciando una nueva vida desde cero, con todas las incógnitas que eso les planteaba.

El sueño de la natación comenzó a surgir en la pequeña, Yusra Mardini, nacida en Damasco, Siria, en 1998. Comenzó a entrenarse desde muy pequeña y su talento le llevó a participar en competiciones internacionales oficiales con tan solo 14 años. Pero el estallido de la Guerra Civil hizo verdaderamente difícil continuar su vida allí y junto a su hermana mayor, Sarah, tomaron la decisión de partir en busca de mejor suerte.

Convertidas en refugiadas, las dos hermanas consiguieron escapar del país, llegando primero a Líbano y después a Turquía. Pero la tarea aún podía complicarse más y llegaron a pagar a contrabandistas para coger un pequeño bote, hacinadas, con destino a Grecia. El objetivo era llegar a Europa y, viendo que la embarcación hacía aguas, Yusra y Sarah, junto con otro pasajero, se echaron al agua para aligerar peso y nadar empujándola hasta la isla de Lesbos.

Pero una vez allí, su periplo no había terminado, las hermanas Mardini aún pasaron por Macedonia, Serbia, Hungría y Austria antes de llegar finalmente a Alemania. Tras tanto trasiego, allí encontraron la oportunidad de entrenar nuevamente sus habilidades como nadadoras. Yusra soñaba con nadar en los Juegos Olímpicos y Sarah se uniría pronto al equipo, aunque no llegó tan lejos como su hermana mayor. Tras pasar por tantas penurias en su vida, bajo la supervisión del entrenador Sven Spannenkrebs en Berlín, consiguieron su objetivo: Yusra participó en los Juegos Olímpicos de Verano de 2016 en Río y luego en los Juegos Olímpicos de Verano de 2020 en Tokio.

La motivación, el espíritu de supervivencia, la puesta de sus habilidades al servicio del bien común... toda esa faceta conmovedora está reflejada en Las nadadoras, pero también el sufrimiento, la incertidumbre y los peligros que tuvieron que atravesar. Sin embargo, según reconocía la directora Sally El Hosaini en una entrevista en Forbes, pese a la fidelidad que ha intentado mantener con la historia real de las Mardini, también tuvo que incluir elementos ficción. Esta historia tiene un final feliz, pero nada tiene que ver con el crudo desenlace de miles de casos de otros ciudadanos sirios que, en plena guerra, corrieron peor suerte y su realidad también merecía ser reflejada.