Por qué se están extinguiendo los mejillones de un metro que habitaban el Mediterráneo

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Las nacras o mejillones abanico (Pinna nobilis) están en grave peligro de extinción
Las nacras o mejillones abanico (Pinna nobilis) están en grave peligro de extinción

Hace tan solo unos años, la nacra o mejillón abanico (Pinna nobilis) era uno de los grandes protagonistas de los fondos mediterráneos. Sus sorprendentes dimensiones, que en muchos casos les llevan a superar hasta el metro de longitud, representaban un poderoso atractivo para los buceadores y submarinistas que se fotografiaban junto a ellos fascinados por su enorme tamaño.

Sin embargo, a principios del otoño del año 2016 un evento de mortalidad masiva (MME) impactó con fuerza en el Mediterráneo español revelando tasas de mortalidad que alcanzaron el 100% en las costas más meridionales de la Península Ibérica, incluyendo Baleares. La aparición de un nuevo y misterioso parásito, posiblemente transportado por barcos comerciales y turísticos, arrasó con una rapidez inaudita y en apenas unos meses ya era casi imposible encontrar nacras, incluso en zonas donde antes prosperaban abundantes poblaciones. En 2017, Maite Vázquez-Luis y su equipo de biólogos del Instituto Español de Oceanografía buscaron por todos los rincones de las praderas de pastos marinos del Parque Nacional marítimo del Archipiélago de Cabrera, en las islas Baleares, pero no consiguieron encontrar ni un solo espécimen vivo. “Estábamos impactados”, recuerda la bióloga en la Revista Science.

Las nacras estaban experimentando su propia pandemia, en este caso provocada por un parásito que infecta su tejido conectivo y produce esporas dentro de sus glándulas digestivas provocando su muerte. El microorganismo opera de manera muy similar al haplosporidan que ya había causado una altísima mortalidad de bivalvos en por toda la costa este de Estados Unidos. En un abrir y cerrar de ojos la enfermedad se extendió destruyendo a su paso poblaciones enteras de mejillones abanico por todo el Mediterráneo. En 2019, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) declaró al mejillón abanico en peligro crítico de extinción, todo un mazazo para una especie que ya se encontraba en declive por la sobreexplotación y la contaminación, pero que empezaba a recuperarse poco a poco gracias a las protecciones legales de los últimos años.

Hace solo unos años las nacras poblaban los pastos submarinos en el Mediterráneo
Hace solo unos años las nacras poblaban los pastos submarinos en el Mediterráneo

Las perspectivas que se presentan para el futuro de la especie son muy sombrías, pero quizá todavía quede alguna esperanza. La próxima semana se inicia un gran proyecto internacional, con un presupuesto europeo de más de 5 millones de euros que pondrá todo su empeño en la búsqueda de posibles ejemplares supervivientes, dispersos por el Mediterráneo, que puedan ser resistentes al parásito. “La situación es crítica” afirma en Science el biólogo marino Rafael García-March. Comienza una “carrera contra el reloj” con dos objetivos difíciles y complejos: encontrar bivalvos que hayan sobrevivido al ataque el parásito y establecer las condiciones adecuadas para desarrollar una población segura en cautiverio a partir de estos supervivientes.

La Fundación Tritón, una de las entidades e instituciones colaboradoras en este gran esfuerzo europeo, aclara que “la intención es repoblar el mar Mediterráneo con los pocos especímenes de Pinna nobilisque queden, haciendo que se reproduzcan de manera controlada y con la esperanza de que sean inmunes al Haplosporidium. No será fácil tener éxito en la empresa, pero tenemos plena confianza en nuestros socios y realmente esperamos que nuestra contribución pueda marcar la diferencia para esta preciosa especie”.

Nos encontramos ante una pérdida irreparable, no solo porque esta emblemática especie representa todo un símbolo histórico del Mediterráneo (aún se conservan bellas conchas talladas desde la época de la Antigua Grecia) sino que su presencia es indispensable para numerosas especies que dependen o interactúan con el bivalvo. Un gran número de organismos vivos se asientan entre las laminillas escamosas de sus valvas, y su gran tamaño permite que en su interior se puedan encontrar crustáceos viviendo en simbiosis, formando parte de un ecosistema natural más amplio.

Para finalizar una noticia esperanzadora: los estudios más recientes sugieren que no estamos ante una tarea imposible y que aún existen al menos algunos mejillones que parecen resistir al parásito en poblaciones cerca de las costas francesas o argelinas. Estos supervivientes podrían ser trasladados a tanques para su reproducción o quizá podrían moverse hasta aguas que, por su temperatura o salinidad, parecen frenar al parásito. En el pasado, millones de estas grandes nacras alfombraban las aguas del Mar Menor en España, ahora apenas sobrevive un puñado de poblaciones gravemente amenazadas y a la espera de que alguno de estos proyectos les ayude a salir de la lista de especies en peligro de extinción.

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Referencias científicas y más información:

Erik Stokstad “Iconic Mediterranean mussel, one of world's largest, faces imminent extinction” Science Magazine Science, Vol 374, Issue 6570. (2021) DOI: 10.1126/science.acx9682

Kersting, Diego K., et al. “Recruitment Disruption and the Role of Unaffected Populations for Potential Recovery After the Pinna nobilis Mass Mortality Event”. Frontiers in Marine Science, vol. 7, (2020) p. 882. Frontiers, DOI:10.3389/fmars.2020.594378.

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