La nación zulú espera a su nuevo rey en Sudáfrica

Claire DOYEN y Susan NJANJI
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Etnia más numerosa en Sudáfrica, la nación zulú con su glorioso pasado guerrero --pero también sus vínculos peligrosos durante el apartheid-- espera la coronación de su nuevo rey.

Descendiente del legendario Chaka, fundador del reino a principios del siglo XIX, Goodwill Zwelithini, octavo monarca de los zulúes, falleció el viernes, a los 72 años, tras un reinado de 50 años.

El nombre de su sucesor sigue siendo un secreto muy bien guardado. "Es un proceso complejo", explicó a la AFP el historiador sudafricano Ntuli Pikita.

El hijo mayor del rey murió en noviembre pero, en la cultura nguni -de la que descienden los zulúes-, no es automático que el primer hijo de la primera esposa herede el trono, según el historiador.

En el palacio, en el círculo íntimo, "probablemente saben quién es", dice Pikita. Pero mientras los políticos desfilan por la pequeña ciudad de Nongoma, en la provincia nororiental de Kwazulu Natal, no se ha hecho público ningún nombre.

Siempre envuelto en una piel de leopardo, Goodwill Zwelithini, cuyo cuerpo se espera que sea "plantado" en la tierra el jueves según el rito zulú, era considerado un destacado líder tradicional con una autoridad espiritual incuestionable. Hablaba con los poderosos, y apareció en público junto a Nelson Mandela.

El exjefe de Estado Jacob Zuma, primer presidente zulú, visitó el domingo el palacio, acompañado por una delegación del partido gobernante, el Congreso Nacional Africano (ANC). El rey zulú es un gobernante sin poder, pero tiene influencia moral sobre más de 11 millones de zulúes, casi uno de cada cinco sudafricanos.

Los líderes tradicionales obtuvieron el reconocimiento constitucional al final del apartheid y siguen desempeñando un importante papel simbólico. Cuentan también con un rol consultivo en el Parlamento y tienen voz en asuntos de cultura, gestión de la tierra y administración de justicia en sus territorios.

El más influyente de ellos es el jefe zulú.

- Idiota útil -

Nacido de un linaje que luchó contra la colonización británico, con una victoria histórica en Isandhlawana en 1879, Goodwill Zwelithini divide las opiniones. Al día siguiente de su muerte, es descrito en la prensa local como el "guardián de la cultura zulú" pero también, para otros, como "el idiota útil en manos del apartheid".

En el crepúsculo del régimen supremacista blanco en los años 1990, la gran nación guerrera, a través del partido nacionalista Inkatha, fue acusada de haber seguido el juego de los segregacionistas, luchando contra el ANC de Mandela.

Esta sangrienta guerra de los partidos, sospechosa de ser orquestada por el poder blanco para desestabilizar al ANC y retrasar la llegada ineludible de la democracia, causó centenares de muertos.

Antes de las primeras elecciones democráticas en 1994, el rey zulú pidió a miles de hombres, armados con palos, que se congregaran en las calles de Johanesburgo. Un tiroteo frente a la sede del ANC se saldó con 42 muertos y 250 heridos.

En otros países africanos colonizados, como Mozambique, los gobiernos han tratado de deshacerse de los jefes tradicionales antes de verse obligados a rehabilitarlos.

En Sudáfrica en cambio, varios centenares de jefes pagados por el Estado, entre ellos una decena de reyes, velan por el respeto de las costumbres, testigos de la complejidad de la sociedad sudafricana, donde menos del 10% de los ciudadanos tienen el inglés como lengua materna.

El zulú sigue siendo el idioma más común.

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