Nace la primera camada de clones de otro clon

José de Toledo
Los tres cachorros de la camada de clones. Crédito: Min Jung Kim et al
Los tres cachorros de la camada de clones. Crédito: Min Jung Kim et al

Todos los cachorros de una misma camada se parecen. Pero en el caso de la camada que encabeza este post, el parecido es total. Porque se trata de clones de otro perro, que a su vez era un clon. Es decir, son clones de segunda generación, un experimento puesto en marcha para comprobar la viabilidad de esta práctica.

Antes de continuar con la historia de este estudio, vamos a aclarar qué queremos decir con clones. Lo que se ha hecho en este caso ha sido coger células de un adulto, extraerles el núcleo, e insertarlo en un óvulo sano y viable. Este óvulo fecundado se implantó en una hembra, que llevó a cabo el embarazo normal.

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Vaya, la misma técnica que en su día nos dio a la oveja Dolly. Y que se conoce desde 1952, cuando se clonaron anfibios. Después de ello, se fue avanzando poco a poco hasta llegar a los mamíferos a mediados de la década de 1990. Y desde entonces, se han clonado distintas especies.

Entonces, ¿qué tiene de interesante este estudio? Si ya se sabe que la clonación se puede llevar a cabo, ¿para qué seguir investigando? El problema es que se sabe que se puede hacer, lo que no se sabe es si tiene consecuencias a largo plazo. Por eso resulta tan interesante que se trata de cachorros que son clones de un clon.

Porque uno de los miedos que tienen los científicos es que la clonación afecte a la esperanza de vida de los individuos. Un ejemplo sería la famosa oveja Dolly que ya hemos citado. Dolly murió a los seis años de edad, cuando su raza suele vivir hasta los 11-12 años.

Así que los investigadores querían comprobar si este acortamiento de la esperanza de vida se daba en otros mamíferos clonados. Pero además, escogieron el perro como animal modelo porque tiene una particularidad en su ciclo reproductivo.

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Las hembras de esta especie entran en celo una vez al año. Esto no es tan excepcional, pero el hecho de que los óvulos no salgan maduros del ovario sí que lo es. En la mayoría de mamíferos, cuando el óvulo sale del ovario ya está listo para ser fertilizado. En perros no, ya que el óvulo va madurando durante su trayecto hasta el útero, por lo que hay que escoger con mucho cuidado cuándo se extraen los óvulos.

Con estas dos ideas en mente pusieron en marcha el primer experimento. Que consistía en clonar un perro de raza Lebrel afgano llamado Tai. Esta primera clonación fue un éxito, y de ella salió Snuppy – por las siglas del centro de investigación donde se llevó a cabo el experimento. Tai, el “padre”, murió a los 12 años de cáncer. Snuppy a los 10, también de cáncer. Esta diferencia entra dentro de lo normal.

El siguiente paso es el de la camada de clones que ha dado origen a la noticia. En este caso se realizó la misma técnica pero con cuatro individuos. Uno de ellos murió de diarrea severa, de la que aún no se sabe con certeza la causa. Los otros tres viven sanos, al menos de momento.

La primera parte del experimento ha sido, por tanto, un éxito. Aún queda mucho tiempo – o eso esperamos – para saber si la segunda parte, la de comprobar que la clonación no afecta a la esperanza de vida, también lo es. Pero en caso de que lo fuese, sería una gran noticia para la ciencia.

Me enteré leyendo aquí.