Musulmanes de Sri Lanka califican de discriminación la prohibición del burka y nicab

Amal JAYASINGHE
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Musulmanes de Sri Lanka denuncian la prohibición del uso del burka y del nicab anunciada recientemente por el gobierno, que alega una medida de seguridad nacional contra el islam radical.

La comunidad musulmana, que representa 10% de los 21 millones de habitantes de este país de mayoría budista, criticó este medida, vista como un nuevo revés discriminatorio contra la comunidad.

El gobierno de Sri Lanka adoptó una línea de seguridad dura desde los atentados suicidas de Pascua de 2019, que causaron 279 muertos y tuvieron repercusiones graves en la economía del país.

La prohibición del uso del burka (una especie de larga túnica que cubre a las mujeres de pies a cabeza y tiene una abertura con una rejilla a la altura de los ojos) y el nicab (que cubre de manera completa el cuerpo y el rostro con excepción de los ojos) fue anunciada el sábado por el ministro de Seguridad Pública, Sarath Weerasekera.

El ministro también decidió el cierre de madrasas privadas, escuelas coránicas, en el país.

Tras una reunión del gabinete el lunes, el portavoz del gobierno, Keheliya Rambukwella, precisó que se trata de "avanzar sobre la base de la seguridad nacional, nada más". Y añadió que habría otras reuniones sobre el tema de aquí a la legalización y aplicación de esta prohibición.

- "Desnudas en la calle" -

Aunque hay pocas mujeres en Sri Lanka que utilicen el burka, la comunidad musulmana recibió la noticia con desconcierto.

Para Aysha, una estudiante de contabilidad de 21 años, "salir sin nicab es como pasearse sin ropa", y se pregunta por qué el nicab está prohibido pero el uso de una mascarilla es obligatorio en público desde la aparición del covid-19.

A partir de ahora, "cubriré mi rostro con una máscara" contra el covid-19, como sustituto, dice.

Silma Mohideen, consejera para mujeres, recuerda que las musulmanas ya vivieron algo parecido cuando el gobierno prohibió de forma temporal el uso del nicab tras los atentados de 2019, perpetrados por yihadistas locales.

"Cuando de repente se les pide quitárselo (el nicab), es casi imposible para ellas, dicen que es como si se les pidiera caminar desnudas en la calle", explica Mohideen a la AFP.

El Consejo Musulmán de Sri Lanka acusó al gobierno de hacer de los musulmanes un símbolo del odio para ganar los votos de la mayoría cingalesa budista.

El portavoz de este organismo, Hilmy Ahamed, criticó a las autoridades por haber forzado la incineración de más de 350 musulmanes, fallecidos por covid-19, ignorando los pedidos de autorización de las familias para una inhumación, conforme a los ritos funerarios islámicos.

El gobierno revocó la prohibición de las inhumaciones este mes, presionado por la Organización de la Cooperación Islámica (OCI), con 57 países miembros. Desde entonces, los entierros están autorizados, pero sólo en una pequeña isla.

"Todos los aspectos de nuestra vida son escudriñados. Da la impresión que son los musulmanes los responsables de todos los problemas en Sri Lanka", se lamenta Mohideen.

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