Musulmana, feminista y rapera: "Me niego a usar la carta del racismo para victimizarme"

Miss Raisa
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“Di por hecho que nadie iba a escucharme ni a respetarme”. Imane Raissali Salah (Tánger, 1996), se sentía condenada a ser una mujer invisible. Destinada a permanecer en un segundo plano y a merced de las voluntades de otro, la conocida ahora como Miss Raisa supo rebelarse contra las miradas estereotipadas y las exigencias culturales que buscaban encasillarla.

En un libro recientemente publicado y cuyo título ya es una declaración de intenciones - Porque me da la gana: Una vida contra los prejuicios (Lunwerg editores)- Miss Raisa relata cómo ha desafiado y superado cada uno de los obstáculos que se le han presentado en el camino hasta convertirse en la mujer libre, orgullosa y empoderada que es hoy.

Imane es feminista, rapera y musulmana. Tres mundos muy diferentes eclosionan en su interior para dar forma a una sentido de vivir libre de cualquier discriminación. No lo ha tenido fácil: se vio obligada a casarse con un hombre que quería anularla, sintió la frialdad justiciera de las mujeres de su familia y el racismo latente de un país que también le dio la oportunidad de romper con todo.

Miss Raisa lleva meses haciendo gritos de transparencia y autenticidad en redes sociales, aunque ha pagado un caro precio por ello. Recibió amenazas de muerte por defender en un vídeo al colectivo LGTBIQ+ y ha sentido el rechazo de parte de la comunidad musulmana por quitarse el hiyab. Ahora, pese a sumar más de 65.000 seguidores en Instagram y 500.000 en TikTok, valora irse de las redes sociales. “No son un entorno adecuado para la reflexión”, asegura en su entrevista a El HuffPost, donde también comparte los retos y dificultades que han forjado su esplendorosa sonrisa.

- En las primeras páginas de tu libro escribes: “Di por hecho que nadie iba a escucharme ni a respetarme”. ¿Por ser mujer y musulmana?

- Por varios motivos. En una de mis canciones también digo que yo lo tengo todo para ser criticada. Soy mujer, inmigrante y me dedico a un estilo de música muy masculinizado. Al tener también una personalidad bastante tímida y ser muy insegura, antes veía pocas posibilidades de tener voz propia y ser escuchada. Lo tenía todo en contra.

- En redes sociales te vemos como una mujer fuerte e independiente. Yo no esperaba, por ejemplo, que te casaras con un hombre de creencias muy estrictas. ¿Hoy en día las mujeres musulmanas siguen condenadas a cumplir con los objetivos que le marcan otros?

- Las mujeres musulmanas somos muy diversas. No existe una sola realidad. No podemos decir ‘todas las mujeres musulmanas han pasado por esta situación o tienen tal obligación’. Todo depende del contexto familiar, social y económico de cada mujer. Yo hablo siempre de mis experiencias personales. Es muy importante recalcar este punto porque muchas personas dicen que yo fomento la islamofobia por explicar mi realidad personal. ¿Existen mujeres musulmanas que tienen realidades muy oscuras y viven bajo presiones? Por supuesto. Pero otras, no.

- Tú tienes una niña. ¿Cómo esperas que sea su vida de diferente con respecto a la que tú has vivido hasta ahora?

- Sin limitaciones. Yo no quiero limitar a mi hija en nada. Quiero que disfrute el proceso de buscar esa identidad, que sea feliz con las decisiones y que coja el rumbo de su vida. Y yo estaré encantada de poder guiarla, orientarla y transmitirle los mejores valores posibles. Mi único objetivo es que sea feliz.

- Hablemos del velo. Este pasado verano decidiste quitártelo. ¿Por qué?

- Es más fácil ponerse el velo que quitárselo, la verdad. Yo siempre peco de justificar las cosas demasiado. Siempre he creído en el dialogo, pero no a todo el mundo le gusta hablar de las cosas. Cuando empecé a reflexionar sobre el tema del velo, decidí ser sincera conmigo misma y quitármelo porque era una prenda que no me representaba. El velo jamás me sirvió para sentirme mejor persona, que es lo que algunos dicen que significa. Yo soy buena persona tanto si lo uso como si no.

- Los no musulmanes vemos el velo como una cárcel, pero tú también dices en el libro que quitárselo no es un símbolo de libertad.

- Vuelvo a decir lo de antes. Existen muchas realidades y no podemos decir que todas las musulmanas se ponen el velo por obligación. Yo he visto chicas que se lo ponen con todo el orgullo del mundo. Pero también he conocido realidades donde el velo ha sido impuesto. No hay que invisibilizar ninguna de ellas. Cada persona es diferente y hay que respetarlo. A mí me gusta destacar que somos muy diversos.

Es más fácil ponerse el velo que quitárselo, la verdad

- ¿Cómo estás viviendo tú desde Barcelona la rebelión de las mujeres iraníes en contra del velo?

- La revolución no sólo se enfoca en el velo. Es una revolución por los derechos básicos que han perdido las mujeres iraníes. Y claro que creo que todas esas mujeres están siendo muy valientes.

- ¿Se puede ser feminista y musulmana? ¿No es una contradicción?

- Ser feminista es una actitud en la vida, no es ir a una manifestación y ponerte el color lila. Es el día a día, el curro que te pegas cada día, compaginar millones de cosas para llegar a todo... Yo me quejo menos y hago más. Colaboro a la causa feminista siendo yo misma y siendo currante. Hoy en día salen tantas ramas del feminismo que me quedo perdida. Yo siempre he entendido el feminismo como un movimiento que defiende a todas las mujeres. No entiendo qué tipo de movimiento lucha a favor de las mujeres discriminando a otras por su religión o identidad de género…

- También dices que los hombres que intentan salvaguardar la esencia del islam están acomplejados. ¿Son buena parte de los varones musulmanes unos acomplejados e inseguros?

- Es que cada vez que entro en redes sociales me encuentro con personas que se autoproclaman predicadores de la palabra de dios. La mayoría son seres inestables emocionalmente, no tienen una inteligencia abrumante, utilizan la violencia para comunicar y lanzan mensajes muy peligrosos que no solo atentan contra los derechos humanos, sino que denotan una gran inseguridad en sí mismos. Gritan a los cuatro vientos: “Tengo una vida horrible, no sé quién soy, pero me refugio en palabras violentas para sentir que pertenezco a algo”. No hace falta ir con violencia para atacar a nadie. Creo que es innecesario. Estas personas defienden una idea utópica de paz a través de la violencia.

- En el libro también dices que, pese a que llevas desde los ocho años en España, te hacen sentir inmigrante. Te lo pregunto directamente: ¿España es un país racista?

- No. En España hay racismo al igual que hay en todos los países del mundo. Yo me niego a usar la carta del racismo para victimizarme. Todas las personas nos hemos sentido discriminadas alguna vez, por nuestro cuerpo, edad, orientación sexual… A mí me ha tocado la racial. Pero regocijarse en la pena y en el victimismo me parece poco inteligente. No puedo tachar de racista un país que me ha dado un montón de oportunidades y de crecer en un entorno seguro. El racismo es un problema que existe en nuestra sociedad pero no es el más grave porque no vas por la calle viendo cómo apalean negros o marroquíes. Hay circunstancias puntuales de racismo, claro, pero también te digo que hay movimientos antirracistas que se están volviendo radicales y muy discriminatorios.

- Defendiste abiertamente al colectivo LGTBIQ+ y hasta te han amenazado de muerte. En general, has recibido mucho odio en redes sociales. ¿Te merece la pena seguir tan expuesta?

- No me compensa, la verdad. A veces me siento como si hablara con una pared. Intento explicar y justificar lo que digo y pienso, pero casi siempre sólo recibo amenazas. El colectivo LGTBIQ+ es vulnerable, al igual que los inmigrantes. Deberíamos empatizar el uno con el otro. Yo quiero personas unidas. A veces pienso ‘no hables más, cállate’.

- ¿Y te has planteado abandonar las redes sociales?

- Puede que algún día las deje, porque se me queda pequeño. Las redes sociales, aunque han sido un altavoz para mucha gente, no son un entorno adecuado para la reflexión. Es más entretenimiento que otra cosa. Probablemente, llegue el momento en que deba abandonarlas y busque transmitir mi mensaje a través de otras plataformas como la radio o la televisión.

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