Musk, dueño de Twitter: ¿Qué puede salir mal?

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La cuenta de Twitter de Elon Musk con el logo de Twitter de fondo (Photo: SOPA Images via Getty Images)
La cuenta de Twitter de Elon Musk con el logo de Twitter de fondo (Photo: SOPA Images via Getty Images)

La cuenta de Twitter de Elon Musk con el logo de Twitter de fondo (Photo: SOPA Images via Getty Images)

Con su acuerdo para comprar Twitter por 44.000 millones de dólares, Elon Musk tiene un juguete nuevo y reluciente.

Pero a diferencia de muchos de los lanzamientos a la luna de Musk (taxis autónomos, interfaces cerebro-máquina, hyperloops, camiones cibernéticos a prueba de balas, etc.), Twitter ya es un producto maduro que usan a diario cientos de millones de personas. Y con eso vienen una serie de desafíos, que incluyen tareas administrativas diarias, a veces tediosas, que la persona más rica del mundo puede no tener ganas de asumir.

Así, el nuevo juguete reluciente podría perder su brillo rápidamente.

“Ahora que es dueño de Twitter”, cuenta William Klepper, experto en gobierno corporativo y profesor de la Escuela de Negocios de Columbia “tendrá que proporcionar el liderazgo ejecutivo necesario para mantener y hacer crecer la empresa. ¡No la puede tener simplemente en su currículum!

Además de eso, también está el respeto por la cultura empresarial existente en Twitter. A Klepper le preocupa que Musk no se haya tomado el tiempo de entenderla, y mucho menos apreciarla y trabajar en ella.

“Los empleados de Twitter ya se enfrentaban a un cambio que estaba pendiente”, dice Klepper. “La llegada de Musk aumentará su desorientación. Sería mejor que aprendiera a liderar un cambio constructivo de una cultura empresarial existente, es decir, aprender la forma en la que se hacen las cosas en Twitter”.

Además de las preocupaciones de gestión internas, el acuerdo también convierte a Musk en la cara de las decisiones externas controvertidas, incluidos los problemas de libertad de expresión, tanto en Estados Unidos como en el extranjero.

Esos problemas, y la forma en que elija resolverlos, presentarán un riesgo para la reputación de la empresa que podría extenderse a otras partes de su feudo tecnológico en expansión.

¿Qué pasará, por ejemplo, cuando Vietnam le pida a Twitter que silencie a los críticos del gobierno o que limite el acceso en el país? ¿Accederá Musk a cambio de un acuerdo para abrir el mercado a Tesla? ¿Afectarán estas decisiones a la percepción de Tesla en Estados Unidos?

(Esto no es una situación hipotética: cuando Facebook se enfrentó a una solicitud muy similar, accedió).

“Musk lidera sin empatía, y la idea de que lidere Twitter con aún menos empatía [de la que ya tiene] es aterradora”.

Brianna Wu, directora ejecutiva de Rebellion PAC, comparte estas preocupaciones. Wu pasó años asesorando al equipo de confianza y seguridad de Twitter después de haber recibido amenazas violentas en la plataforma durante el Gamergate en 2014, algunas de ellas tan serias que ella y su esposo tuvieron que huir de su casa.

Wu explica que en Twitter ha habido tensión durante mucho tiempo entre hacer lo que es bueno para los usuarios o lo que es bueno para la empresa.

“Tiene sentido si lo piensas, ¿verdad? Una amenaza de muerte o de violación en Twitter es excelente para el engagement”, explica. “Todos lo miran, todos dicen algo al respecto, ya sabes, más ojos, más atención, más anuncios. Pero no es bueno para la experiencia del usuario”.

Con Musk a la cabeza, Wu dijo que teme que se priorice la rentabilidad y el engagement. Al mismo tiempo, es posible que no se apliquen las protecciones necesarias para los grupos marginados por las que tanto se ha luchado, y que eso lleve a una reaparición del acoso.

“Musk lidera sin empatía”, dijo Wu, “y la idea de que lidere Twitter con aún menos empatía” de la que ya tiene “es aterradora”.

Evan Greer, director de Fight for the Future, una organización sin fines de lucro de derechos digitales, comparte esta idea.

“Las decisiones de moderación de contenido en plataformas tan importantes como Twitter deben tomarse con cuidado y a través de un marco de derechos humanos”, expone Greer en un comunicado enviado por correo electrónico. “Pero en los últimos años, las principales plataformas de redes sociales han realizado cada vez más cambios en sus prácticas de moderación en función de los ciclos de noticias y las relaciones públicas. Ahora, hay un solo ser humano con el poder de realizar cambios en las políticas de expresión de Twitter. Eso no es una bendición para la libre expresión, es una burla”.

“Era un problema cuando Twitter respondía ante Wall Street. Pero lo cierto es que no es mejor si está dirigido por un multimillonario”.

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Elena Berrocal.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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