"Si vos no hubieras nacido": el miedo y el dolor de decirle a tu hija que es fruto de una violación

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Evelyn Chileno llega a casa entre sudores y de muy mal humor. Lleva todo el día tratando de sacar unos dólares en el mercado central de San Salvador, vendiendo papel higiénico y productos de limpieza con dos hijos que no dejan de llorar y quejarse a cuestas.

No puede más. Se derrumba.

"Y me hallo aquí, encerrada en un miedo que me empapa el rostro, los cabellos y el pensamiento", se empieza a decir a sí misma en voz alta. Lo que la aterroriza es que un secreto, un oscuro y doloroso pasaje de su vida jamás confesado, pueda destaparse y desencadenar un sismo familiar.

"Siempre me planteé esta pregunta atroz: ¿y si no te gustara nacer? Y si un día me reprocharas gritando: '¿Quién te ha pedido que me trajeras al mundo? ¿Por qué me has traído? ¿Por qué?'", se interroga en su monólogo, imaginándose a su hija mayor encarándola.

Evelyn Chileno, a la derecha, de rojo.
La escena de Evelyn Chileno (de rojo) hablándole a su hija es crucial en la obra "Si vos no hubieras nacido", de La Cachada Teatro.

De repente, una joven la interrumpe. La actriz que interpreta a su hija le pregunta lo imaginado en sus peores pesadillas:

— ¿Por qué?

Esa es la escena crucial de "Si vos no hubieras nacido", la última obra de La Cachada Teatro de El Salvador, una agrupación formada en 2011 por la actriz y directora salvadoreña Egly Larreynaga, con algunas de las participantes de un taller de teatro que impartió entre empleadas del sector informal de la capital para fortalecer su autoestima.

A cinco mujeres de aquel grupo original, la ya mencionada Evelyn Chileno, Rut Vega, Magdalena Henríquez, Magaly Lemus y Wendy Hernández, se les sumó luego la actriz Mariam Santamaría, y la compañía ha representado desde entonces una serie de obras que se pueden clasificar como teatro social.

Pero la más reciente, "Si vos no hubieras nacido", que presentan en esta edición del Hay Festival Querétaro, es distinta a las propuestas anteriores.

Está basada en sus vivencias: en un hombre mayor que cortejó a una de las integrantes, entonces adolescente, y se volvió violento después de que diera a luz a su primer hijo; en un padre abusivo que golpeó a otra por estropear su cena; en médicos que se burlaron de ellas cuando llegaron embarazadas al hospital.

"Si vos no hubieras nacido" es tan fiel a la realidad que la escena con la que arranca este artículo, o una muy similar, se la encontró Chileno un día en su casa. Nos lo cuenta en esta entrevista a dos voces, la de ella y la Larreynaga.

Eso que interpreta, Evelyn, lo vivió con su hija mayor, quien tiene hoy 22 años. ¿Cómo fue exactamente?

EVELYN CHILENO: Así es, y créame que fue algo bien doloroso.

Con mi hija teníamos una mala relación. La trataba muy mal.

Y cuando llegó a los 13 años, un día me dijo: "Mire, usted quizá no es mi mamá". Ella no entendía cómo la podía tratar así siendo su madre. Y eso a mí me dolió muchísimo.

Fue cuando empecé a pensar en qué nos estaba afectando. Y era eso: que yo no le había podido decir la verdad.

¿Qué era lo que no le había contado?

E.C: Solo le voy a comentar… porque no lo cuento con detalle… fue una violación.

Usted se quedó embarazada de ella después de una violación y eso era algo que ni su hija ni nadie sabía.

No se lo había contado a nadie. Hasta que hablé con una compañera. Luego me fui a un encuentro de una iglesia y finalmente le conté a La Cachada lo que había vivido.

Sufrí mucho cuando empecé a hablar del tema. Lloraba mucho, me dolía mucho la cabeza, y muchos días pasé pensando en eso como si acabara de suceder.

En la obra, cuando quien interpreta a su hija le pregunta por qué decidió seguir adelante con el embarazo, usted le dice: "Te tuve porque tenía que tenerte y punto. Porque para eso es una mujer. Porque me obligaron a tenerte. Porque me violaron. Y si abortaba, me podían condenar a 30 años a la cárcel. Y tuve miedo". ¿Fue eso lo que le respondió en la vida real?

Honestamente, nunca pensé en lo peor (en la posibilidad de acabar presa), pero sí me pasaron muchas cosas por la cabeza.

Y también pensé en las preguntas que me podía hacer mi hija cuando creciera.

¿Hay mujeres en El Salvador que paren por miedo?

E.C: Sí, eso es real. Hay mujeres en El Salvador que tienen a sus hijos por miedo a acabar presas.

Wendy Hernández (izquierda) y Evelyn Chileno, de La Cachada, actúan durante una presentación.
Cachada significa "ganga" en El Salvador. En la foto, Wendy Hernández (izquierda) y Evelyn Chileno.

En El Salvador existe una prohibición total del aborto. De hecho, en octubre la Asamblea Legislativa, con los votos de 73 de los 84 diputados, rechazó una solicitud presentada por organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres para reformar el Código Penal y autorizar el aborto en tres causales: cuando la vida de la mujer esté en riesgo, cuando la vida del feto sea inviable y cuando el embarazo sea producto del estupro o una violación.

La escena de la que estamos hablando es una clara referencia a esta cuestión. ¿Quería hacer una obra sobre el aborto, Egly?

EGLY LARREYNAGA: No, porque era muy complejo. Pero era imposible que eso no atravesara la obra.

La verdad es que lo pensé mucho. En un momento, de hecho, comenté el texto con otras colegas y había algunas que querían que fuera más contundente.

Pero yo no quería que solo los convencidos o los que creemos que decidir sobre nuestros cuerpos es un derecho estuviéramos de acuerdo con la obra, sino también que las personas que defienden que eso no debe ser así en algún momento se puedan cuestionar.

Integrantes de La Cachada saludan al final de una función.
La Cachada comenzó como un taller de teatro para mejorar la autoestima de mujeres que trabajaban en el sector informal en San Salvador.

En una de las presentaciones se me acercó la directora de la Fundación Siramá, una organización provida, y me dijo muy amablemente: "Quiero felicitarlas, porque lo que ustedes cuentan en la obra es la realidad que viven la mayoría de las mujeres. Nosotras atendemos a las mujeres porque generalmente son las jefas del hogar y asumen la responsabilidad de los hijos. Sin embargo, hay una escena que no me ha dejado en paz en todo el fin de semana".

Yo intuía cuál, pero esperé a que me lo dijera. Efectivamente, era la de Chileno. "Me parece muy triste que venga un ser humano al mundo por miedo", me dijo.

Le contesté que así es la realidad para algunas mujeres. Que eso, de hecho, le pasó a una de nuestras compañeras.

El objetivo es provocar esa reflexión.

Yo no quería hablar de si el aborto es bueno o malo. Uno de los logros de La Cachada, y algo que yo he evitado, es no caer en el panfleto.

Yo quiero contarte mi vida, plantearte una situación. Si mi vida te hace ruido, eso es otra cosa.

Lo testimonial tiene ese poder.

Integrantes de La Cachada actuando. De izquierda a derecha: Magdalena Hernández, Evelyn Chileno, Mariam Santamaría y Wendy Hernández.
La Cachada ha logrado ser una compañía profesional.

¿Si el aborto no es lo central de "Si vos no hubieras nacido", qué es lo que querías contar?

E.L: La idea de la obra surgió a raíz de que una integrante del grupo salió embarazada.

Cuando lo supo, se puso muy mal, y a mí me llamó mucho la atención cómo eso que podía ser muy alegre, el traer una persona al mundo, era tan dramático. Y tampoco entendía por qué se quedó embarazada, porque sabía que tenía otros dos hijos y conocía su situación.

Así que empecé a preguntarles cómo y cuándo habían sido mamás. Y la mayoría lo habían sido a los 15 o 16 años. Sus mamás también habían salido embarazadas jóvenes.

A mí nunca se me hubiera ocurrido hacer una obra sobre maternidad, pero a raíz de que me contaran cómo habían sido las suyas y cómo ellas fueron concebidas, vi un ciclo que se repetía.

Así que quise hacer una obra que hablara de eso y ver cómo se podían romper círculos, algo que las mujeres de La Cachada han logrado con sus hijas.

Wendy Hernández, Magaly Lemus, Magdalena Henríquez y Mariam Santamaría en una escena de "Si vos no hubieras nacido", de La Cachada Teatro.
Con "Si vos no hubieras nacido" se llora y se sufre, pero también se ríe. Como con esta escena del concurso ficticio de misses.

¿Usted, Evelyn, ha conseguido eso que dice Egly con su hija?

E.C: Sí. Mi hija no ha salido embarazada, ya tiene 22 años y estudia en la Universidad Nacional. Lleva cuarto año de periodismo.

Yo no pude hacer nada de eso. A los 16 años me tuve que venir de mi casa a trabajar. Pasaron tantas cosas y sigo aquí, guerreando.

Pero he mejorado muchísimo. Pensé que nunca iba a salir del mercado. Vendí 12 años allí, de lunes a domingo. Para mí no había días de descanso. Y eso lo andaba trayendo como una carga y me desquitaba con mis hijos en la casa.

Ahora trabajo cuatro días por semana en casa, voy dos días a ensayos y a veces damos talleres.

No somos aquellas mujeres de antes, que agachábamos la cabeza. Seguimos llorando, no le voy a negar, pero ahora lloramos de alegría, por los logros de nuestros hijos y por todo lo bueno que va pasando.

(Crear La Cachada) ha sido algo bien bonito. Éramos además unas personas desconfiadas y no cualquiera podía acercarse a preguntarnos qué nos pasaba. Pero Egly se las ingenió para entrar en nuestras vidas.

Mariam Santamaría en "La casa de Bernarda Alba".
Mariam Santamaría en "La casa de Bernarda Alba".

La obra está construida sobre las vivencias de las integrantes de La Cachada, Egly. Como dice Evelyn, te metiste en sus vidas. ¿No te dio miedo lo que pudiera desencadenar en ellas que les hicieras hurgar en su pasado?

E.L: Sí, me dio miedo. Porque mi objetivo era sacar adelante la obra y en el proceso me iba metiendo, como bien dices, en sus vidas.

En un momento dado, cuando veía que ellas estaban bien afectadas, les hablé claramente: "Miren, yo no soy terapeuta y no quiero, bajo ningún concepto, hacerles daño. Si hay que parar, paramos".

Ellas me dijeron que no, que era difícil pero que les estaba ayudando.

Decidimos seguir porque tenían algo que contar que, además, explicaba la forma en la que muchos salvadoreños vienen a este país: en unas condiciones violentas prácticamente desde que son engendrados.

Has dicho que las mujeres de La Cachada no solo han roto esquemas en lo personal, también lo han hecho a otros niveles.

E.L: Proyectos sociales y comunitarios hay en muchos países, pero La Cachada logró consolidarse como una compañía de teatro profesional.

Ese era uno de los objetivos: mejorar las condiciones económicas de las integrantes. Y se ha logrado que impartan talleres y tengan un salario base pequeño aunque fijo desde hace dos-tres años.

Pero algo notorio en un país tan clasista como este es que ha conseguido romper la brecha con las clases altas.

Hicimos varias presentaciones a las que llegó esta población, y me pareció bien importante porque es gente que nunca va a ir a una comunidad. Y (al ver la obra) de pronto lloraban y decían: "¿En serio esto pasa?".

Nosotras siempre terminábamos diciéndoles: "Vaya, si antes no sabías, ahora ya sabes. Entonces, ¿qué puedes hacer con la persona que trabaja en tu casa? Tal vez no podemos cambiarlo todo, pero sí puedes cambiar tu entorno".

La Cachada, un grupo que viene desde la marginalidad, personas que siempre han sido excluidas del ámbito cultural y del mundo artístico, se ha posicionado de este modo.

Y con ello han roto muchas narrativas.

De izquierda a derecha, Magdalena Henríquez, Magaly Lemus, Wendy Hernández (al fondo) y Mariam Santamaría.
Uno de los objetivos de "Si vos no hubieras nacido" era romper círculos de violencia.

Este artículo es parte del Hay FestivalQuerétaro, un encuentro de escritores y pensadores que se realiza del 1 al 4 de septiembre de 2022.

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