La mujer que puso todo su empeño para conseguir fundar la ciudad de Miami

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A finales del siglo XIX, en un tiempo en el que el papel de la mujer era prácticamente irrelevante en los asuntos políticos y territoriales, destacó Julia Tuttle, quien puso todo su empeño (y pertenencias) con el fin de hacer cumplir su sueño de fundar una ciudad en una gran extensión de terreno que había adquirido en Bahía de Biscayne (bahía Vizcaína), junto al río Miami (sur de Florida).

Imagen de Julia Tuttle y monumento en su honor en Miami (imágenes vía Wikimedia commons)
Imagen de Julia Tuttle y monumento en su honor en Miami (imágenes vía Wikimedia commons)

Recién iniciada la década de 1890, Julia Tuttle (de 41 años de edad y quien había enviudado cuatro años antes) decide trasladarse desde Cleveland (Ohio) hasta unos terrenos que heredó de su padre y que se encontraban al sur de Florida. Era un lugar desierto, en el que no había habitantes y solo se encontraba vegetación en la gran cantidad de acres de tierra que le correspondió tras el fallecimiento de su progenitor.

A pesar de aquella inhóspita desolación del terreno, Julia Tuttle le vio un gran potencial, entando convencida de que si conseguía que el ferrocarril llegara hasta aquel lugar se crearía allí una próspera ciudad.

Tenía todos los elementos para ser un lugar ideal en el que emerger una urbe. Su clima era cálido y mientras las heladas y el frio estropeaban cosechas en otros puntos de la península de Florida allí las frutas, flores y vegetales continuaban en perfecto estado.

Era tal la fe que tenía por aquel lugar que invirtió gran parte del capital que tenía en adquirir 640 acres de terreno (2,6 kilómetros cuadrados) junto al que había heredado de su padre.

Por activa y por pasiva se empeñó en poder contactar con Henry Flagler, un magnate del petróleo que en aquellos años se encontraba invirtiendo en otros lugares de Florida y haciendo llegar el ferrocarril a aquellos puntos.

Julia Tuttle sabía que sí el ferrocarril llega hasta sus terrenos de Bahía de Biscayne aquel lugar se llenaría de nuevos habitantes y nacería una próspera ciudad.

En 1894, tras una gran helada que afectó a gran parte de Florida, Julia Tuttle vio como sus terrenos seguían manteniéndose igual de frondosos y vivos, mientras que en otras partes de la península había acabado con cosechas.

Algunas fuentes indican que fue ella misma quien contactó directamente con el magnate Henry Flagler y le hizo llegar unas muestras de plantas para que comprobara lo adecuado de su terreno para invertir en un ferrocarril. Otras fuentes señalan que fue James E. Ingraham, un amigo personal de Julia Tuttle, quien contactó con el empresario y convenció para que visitara aquel lugar.

El magnate decidió visitar los terrenos de la insistente mujer y comprobó que esta tenía razón, invirtiendo en la construcción del ferrocarril. A cambio, ella le cedió una generosa parte de tierras, en las que Flagler construiría un hotel (al igual que había hecho en otras poblaciones).

Dos años después, en la primavera de 1896, el primer ferrocarril llegaba hasta aquel lugar, y empezaría a construirse alrededor de él una gran ciudad que recibiría el nombre del rio que pasaba por las inmediaciones (Miami, denominación que provenía de los mayaimis, un pueblo nativo autóctono de allí).

Tras la creación de la nueva ciudad, la prensa empezó a hacer mención de la noticia, siendo bautizada Julia Tuttle, en algunos artículos, con el apelativo de ‘Mother of Miami’ (Madre de Miami).

En los primeros años llegó a regentar varios prósperos negocios, incluida la dirección de un banco (Bank of Bay Biscayne), cargo del que tuvo que renunciar debido a que los clientes no confiaban que una mujer manejase sus ahorros e inversiones.

Miami fue creciendo y haciéndose próspera, pero, desgraciadamente, Julia Tuttle no llegó a ver finalizado su gran proyecto, al enfermar (posiblemente de meningitis) y fallecer de forma inesperada el 14 de septiembre de 1898, a los 49 años de edad.

Fuente de las imágenes: Wikimedia commons

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