Muere a sus 96 años el emblemático compositor griego Mikis Theodorakis

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El artista griego, reconocido mundialmente por sus variadas composiciones para cine o ballet y como referente de la música tradicional griega, falleció a los 96 años. Su legado musical, así como sus destacadas opiniones políticas, dejaron huella en la política del país europeo del siglo 20.

Grecia está de luto este 2 de septiembre. El compositor y político Mikis Theodorakis se extinguió a los 96 años. La televisión nacional anunció que murió en su casa de Atenas y el país decretó tres días de duelo nacional.

En un comunicado, la presidenta griega, Katerina Sakellaropoulou, dijo que Theodorakis "vivió con pasión una vida dedicada a la música, a las artes, a nuestro país y a su gente, dedicada a las ideas de libertad, justicia, igualdad y solidaridad social".

La presidenta también dijo que el compositor había escrito su música con temas con el trasfondo de “los desarrollos históricos y sociales de Grecia en los años de posguerra”. Una música que era consoladora, según resaltó Sakellaropoulou.

Los homenajes desde distintas partes del mundo no se hicieron esperar. El alcalde de Estambul, Ekrem Imamoglu, agradeció su trabajo por estrechar lazos entre Grecia y Turquía, con históricas discrepancias, y el embajador chileno en Atenas se desplazó la casa del compositor para agradecer a la familia su pronunciamiento en contra el exdictador Augusto Pinochet.

No hay ningún griego que no conozca a Mikis Theodorakis. Durante siete décadas hizo conocer el género tradicional griego internacionalmente. También es reconocido por su lucha política. El artista griego tenía una visión progresista y democrática del mundo, pero en sus letras reflejaba un lado más oscuro de Grecia.

Sus restos mortales descansarán la próxima semana en la isla de Creta, donde nació su padre, pero donde él pasó muy poco tiempo, ya que desde su temprana infancia se convirtió en nómada. Al principio porque a su padre le tocaba cambiar de residencia con frecuencia por su trabajo como funcionario, luego porque la música lo llevó a muchos escenarios.

Predestinado para la música

Nació el 29 de julio de 1925 en la isla de Quíos, en la parte oriental del mar Egeo. De adolescente empezó a escribir poesía y música, justo cuando Grecia entraba en la Segunda Guerra Mundial.

Durante la guerra fue detenido por los ocupantes italianos y alemanes por pertenecer a varios grupos de resistencia de la izquierda. Algunos de esos grupos siguieron resistiendo después de la guerra contra la monarquía que dirigía Grecia, generando una guerra civil de tres años, hasta 1949. Los rebeldes apoyados por los comunistas acabaron por perder la lucha y Theodorakis fue encarcelado.

Fue enviado a las islas griegas remotas y al tristemente famoso campo de “reeducación” de la pequeña isla de Makronissos, cerca de Atenas. Allá fue golpeado y torturado, sufrió de varias fracturas en las costillas y en los pies, lo que le generó a lo largo de su vida problemas respiratorios y otras lesiones. En una ocasión, fue enterrado vivo y dejado a su suerte. Su liberación fue acordada al final de la guerra civil.

A pesar de esas experiencias difíciles, logró establecerse como músico respetado, graduándose en 1950 en la Escuela de Música de Atenas. Cuatro años después se mudaría a París, continuando sus estudios musicales gracias a una beca.

Su carrera como compositor fue floreciendo. Partituras para películas, música de ballet, óperas, música de cámara, tragedias griegas... Son muy pocos los géneros que Theodorakis no abordó a lo largo de su vida.

Llevó a la música la obra de destacados poetas, como el español Federico García Lorca o el premio Nobel de literatura Odysseas Elytis. También estuvo en el origen de una serie musical basada en poemas escritos por el superviviente del campo de concentración nazi Mauthausen-Gusen, Iakovas Kambanellis, con la obra ‘La Ballada de Mathausen’, que describía los horrores de la vida en el campo y del Holocausto.

Pero lo que lo llevó a una fama mundial fue la frenética partitura de la adaptación cinematográfica del libro ‘Zorba, el griego’ de Nikos Kazantzakis, protagonizada por Anthony Quinn, film que ganó tres estatuillas de los Oscar en 1964. Y aunque Mikis Theodorakis no se llevó ese año un reconocimiento a casa, ya con esa composición se había ganado el respeto internacional.

Un legado político desde la música a la vida social

Mientras que su fama crecía en el mundo, la agitación política en Grecia continuaba. Un año antes de ‘Zorba, el griego’, Theodorakis entraba en el ruedo político, luego de que Grigoris Lambrakis, legislador de izquierdas y amigo del compositor, fuera asesinado durante una manifestación por la paz. La película ‘Z’, de Costa Gavras con música de Theodorakis, se basa precisamente en este hecho.

En 1964, mientras todo el mundo griego escuchaba sus canciones para aliviar su melancolía en un país donde nada parecía mejorar, Theodorakis fue elegido para retomar el puesto de Lambrakis y tres años después una junta militar tomó el poder, obligándolo a pasar a la clandestinidad. Trabajó en la resistencia hasta su detención y encarcelamiento unos meses después. Tras ser torturado durante tres años, logró conseguir su liberación en 1970 gracias a presiones internacionales.

Siguió con la política hasta lograr ser diputado del recién legalizado Partido Comunista desde 1981 hasta 1986, cuando empezó a tener dudas sobre la izquierda, lo que le hizo abandonar la política durante un tiempo.

Tres años después volvió al Parlamento, con un discurso mucho más moderado y de la mano del conservador Constantinos Mitsotakis, padre del actual primer ministro. "No soy comunista ni socialdemócrata ni nada de eso. Soy un hombre libre", dijo en una entrevista Mikis Theodorakis durante la década de 1990.

Con AP, Reuters y EFE

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