El Movimiento 5 Estrellas, el exitoso sueño "anticasta" que acabó en pedazos

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Roma, 22 jun (EFE).- Han pasado exactamente diez años desde que el Movimiento 5 Estrellas (M5S) arrancara su ascenso al poder de Italia pero, ahora, aquel sueño "anticasta" naufraga en un mar de guerras internas y escisiones, la última y más dolorosa anoche, infligida por uno de sus referentes históricos, Luigi Di Maio.

El actual ministro de Exteriores anunció su marcha del partido que lideró hasta 2020 y que le dio todo en política, después de semanas de enfrentamientos con la cúpula por los pésimos resultados electorales y la "ambigüedad" sobre si enviar armas a Ucrania.

Su decisión marca un hito doloroso en la historia de este partido fundado en 2009, al calor del descontento por la crisis, y que ha protagonizado la política italiana desde su advenimiento.

HISTORIA DE UNA IRRUPCIÓN EXITOSA

Su bautizo como partido de gobierno se dio en mayo de 2012, hace una década, cuando conquistó su primera capital, Parma (norte). Un año después, en las generales, los viejos partidos asistían a la irrupción de más de 200 "ciudadanos" en el Parlamento dispuestos a "abrirlo como una lata de sardinas".

Luego, en 2016, llegaría la toma de Turín (norte) y Roma, y en 2018 se consumó la apoteosis, la victoria en las elecciones superando el 30 % de votos y obteniendo el derecho a gobernar.

El sueño populista, de tintes euroescépticos y anticasta del cómico Beppe Grillo llegaba al poder de la tercera potencia europea. Pero fue entonces cuando empezaron los problemas.

El M5S había ganado, pero no tenía números para gobernar solo y tuvo que pactar con aquellos partidos tradicionales que tanto detestaba. Primero con el ultraderechista Matteo Salvini y, desde el verano de 2019, en un sorprendente giro ideológico, con los socialdemócratas del Partido Demócrata.

El politólogo Oreste Massari cree que este fue el pasaje que "antes o después le llevaría a implosionar".

"No se puede pasar impunemente de los ataques a las élites y el sistema, los sueños utópicos de la democracia directa y la militancia del pueblo a las responsabilidades de Gobierno, que implican realismo, pragmatismo, compromiso y seriedad", sostiene.

En enero de 2021 el primer ministro del M5S, Giuseppe Conte, se vio obligado a dimitir por falta de apoyos y desde entonces la formación entró en la coalición de unidad nacional que dirige todavía el técnico Mario Draghi.

Y es que esta legislatura, que tocará a su fin en marzo de 2023, ha cuarteado el sueño de Grillo, retirado ya de la política, estremeciendo a la formación en un sinfín de crisis, pugnas internas y perennes ruinas electorales.

Basta pensar en la sangría en sus filas del Parlamento, asaetadas por el trasfuguismo: Arrancó la legislatura como el mayor grupo, 225 diputados y 111 senadores, y hasta hoy ha perdido 109 escaños.

Pero lo que más pesa es la división irreconciliable entre sus dos facciones: la facción más activista de sus orígenes y la más "institucional", la de traje y corbata, representada por Di Maio.

DI MAIO AGRANDA LA HERIDA

Esta herida se amplía con la escisión de Di Maio, un sureño de 36 años que saltó a la política de la mano de Grillo y que lo ha sido todo, hasta dirigir actualmente la diplomacia italiana.

Di Maio había lamentado los pésimos resultados que el partido logró en las elecciones municipales de hace una semana bajo la guía de Conte y criticado a sus colegas que se oponían al envío de armas a la resistencia ucraniana, suscitando la ira interna.

Por eso la dirección del M5S se reunió el lunes para abordar medidas disciplinarias contra su antiguo líder y hasta valoró su expulsión. Pero, aunque todo quedó en una reprimenda en forma de comunicado, Di Maio decidió despedirse del partido.

Ahora ha fundado un nuevo grupo con alrededor de 40 parlamentarios del Cinco Estrellas, lo que le despoja del papel de principal partido del Parlamento: "Desde mañana ya no será la primera fuerza", retó Di Maio al anunciar su salida y la de sus leales.

HACIA LAS ELECCIONES GENERALES

El partido se prepara ya para una campaña electoral que empezará a respirarse a la vuelta del verano y a la que llega desnortado, sin uno de sus grandes referentes y en busca de un electorado que en los últimos años le ha dado la espalda (pese a haber gobernado una pandemia que asomó en Italia prematuramente).

Los sondeos apuntan a que perderá más de la mitad de los votos que obtuvo en 2018 para goce y disfrute de cualquier otra formación porque su éxito residió en proclamarse "transversal", "ni de derecha ni izquierda".

"Su destino de autodestrucción parece sellado. Surgido de la nada, por la nada será devorado. Porque los partidos no se inventan, a no ser que deseen revelarse efímeros", zanja el politólogo.

Gonzalo Sánchez

(c) Agencia EFE

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