El móvil de un empleado despistado detiene un reactor en una central nuclear

The nuclear power plant Isar (German: Kernkraftwerk Isar, short
Planta nuclear junto al río Isar, en Alemania - Getty

Hey, un mal día lo tiene cualquiera. Y no vamos a hacer leña del árbol caído, solo que el “mal día” que te traemos a continuación desató una crisis de carácter nuclear, y el asunto no es menor. ¿A qué nos referimos? Al grave despiste del empleado de una central nuclear.

El incidente en cuestión tuvo lugar el pasado 3 de octubre, en la central nuclear belga de Tihange. Sin un motivo aparente, de pronto saltaron las alarmas en el centro de control de la misma: el reactor número 3 se había apagado de forma súbita.

Como es natural, los sistemas de seguridad garantizaron que este apagón no tuviera consecuencias, pero como puedes suponer, las autoridades se pusieron manos a la obra con carácter de urgencia para conocer qué había sucedido exactamente.

El FANC —organismo estatal que supervisa la actividad nuclear en Bélgica— detectó una rápida pérdida de presión en el generador de vapor del citado reactor. Esta lectura activó los sistemas de seguridad que, como medida de precaución, apagaron el reactor.

El equipo de emergencia acudió de forma inmediata a la central nuclear, y tras una procelosa investigación, llegaron a la conclusión de que ahí funcionaba todo correctamente y no se explicaban qué podía haber llevado a los sistemas a apagar el reactor.

Interferencias electromagnéticas

Analizando el registro de mediciones, este equipo descubrió una lectura que, a todas luces, parecía errónea: uno de los sensores había informado de un súbito descenso de la presión procediendo al apagado.

Sin embargo, todo parecía correcto, y lejos de localizar un problema en los equipos, descubrieron que la lectora errónea fue debida a una interferencia electromagnética de un teléfono movil.

Al parecer, un operario olvidó dejar su dispositivo en los vestuarios, como indican las normas, y al acercarse al reactor en el desempeño de sus tareas, se produjo la interferencia y posterior lectura errónea.

Lo llamativo del caso es que, dado el secretismo que rodea a toda actividad nuclear, hemos conocido el detalle del suceso gracias al tesón del abogado ecologista, Samuel Cogolati, quien forzó a FANC a entregar toda la documentación relativa al incidente, en el marco de una comisión de investigación que tuvo lugar en el congreso del país.

Entre esta documentación, este abogado encontró un memorando interno del operador Engie, responsable de la explotación de la central, en el que se recordaba a los empleados la obligatoriedad de no entrar con móviles en la cercanía del reactor.

De esta documentación se dedujo también que el equipo de investigación tardó muchísimo en dar con la causa y pone en evidencia la fragilidad y sensibilidad de estos sensores. Por cierto, el incidente fue aprovechado por los componentes de la comisión para dar un tirón de orejas al organismo regulador por poner todo tipo de trabas para proveer de los detalles del incidente.

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