Hay una montaña de ropa sin vender de varias marcas de moda que no para de crecer en el desierto de Atacama

Alentada por la publicidad y las nuevas estrategias de marketing que nos dicen cómo debemos ser y lo que necesitamos tener, en la industria de la moda se vive una época de consumismo sin control. Cada vez compramos más ropa y, por el contrario, las prendas duran menos tiempo. Lo de usar y tirar se ha convertido en una costumbre peligrosa y nos encontramos en una situación de sobreproducción totalmente insostenible, con la fabricación superando a la demanda.

Según un informe de Naciones Unidas publicado en 2019, la producción mundial de ropa se duplicó entre 2000 y 2014. Esto no solo está empeorando las ya difíciles condiciones que existen en las fábricas textiles de determinados países, con explotación infantil o sueldos irrisorios, sino que también tiene consecuencias graves para el medio ambiente.

Muchas prendas fabricadas en China y Bangladés que no se venden en las tiendas de Estados Unidos, Europa o Asia, acaban en Chile para comercializarse en Sudamérica. Sin embargo, toneladas de estas prendas a las que no se les da salida acaban formando basureros en el desierto de Atacama. Están fabricadas con materiales no biodegradable y contienen sustancias tóxicas para el medio ambiente.

Afortunadamente en los últimos años han surgido movimientos que apuestan por un consumo más sostenible en la moda. Incluso algunas celebrities se han sumado a él utilizando en ocasiones prendas de segunda mano. El dejar de comprar ropa si no es estrictamente necesario, apostar por la calidad en lugar de por la cantidad, cuidarla bien o reciclarla son cosas que todos podemos hacer para acabar con el problema de la fast fashion.

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