El ‘Monstruo de Los Andes’, el sádico que asesinó y violó a más de 300 niñas y solo cumplió 14 años de cárcel

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Considerado como uno de los mayores asesinos en serie de la historia, el colombiano Pedro Alonso López, conocido como el ’Monstruo de Los Andes’, pasó encerrado en prisión tan solo 14 años a pesar de haber confesado asesinar y violar a más de 300 niñas (de edades comprendidas entre los 8 y 15 años) en Colombia, Perú y Ecuador.

Pedro Alonso López, conocido como el 'Monstruo de Los Andes', asesinó y violó a más de 300 niñas y solo cumplió 14 años de cárcel (imagen vía criminalia)
Pedro Alonso López, conocido como el 'Monstruo de Los Andes', asesinó y violó a más de 300 niñas y solo cumplió 14 años de cárcel (imagen vía criminalia)

Fue precisamente en este último país cuando, en marzo de 1980, la policía lo detuvo y descubrió que se trataba de un peligroso y reincidente criminal (según algunos registros, se le considera el ‘mayor asesino en serie de la historia’).

La historia de Pedro Alonso López en sus años de niñez y juventud es algo confusa y, dependiendo de la fuente que se consulta, ofrece diversos y muy distintos datos (algunos contradictorios y otros sin referencia alguna). A groso modo, se sabe que nació en la población colombiana de Santa Isabel (en el departamento de Tolima, en el centro del país) en 1948, siendo el séptimo de 13 hermanos y dedicándose su madre a la prostitución.

Algunas biografías, sobre el denominado, años más tarde, como ’Monstruo de Los Andes’, indican que éste fue víctimas de malos tratos por parte de su progenitora, desde muy temprana edad, abandonando el domicilio familiar a los ocho años (no se sabe si se escapó o fue su madre quien lo echó de casa) y tras vagar por las calles de Bogotá, acabó viviendo un tiempo en un hogar de acogida.

Parece ser que durante aquel tiempo también fue víctima de abusos sexuales por parte de un pedófilo (algunos cronistas indican que era un maestro de la escuela y otros de su padre de acogida), algo que siguió afectando a su carácter y personalidad. Siendo adolescente pasó por la cárcel en varias ocasiones, cumpliendo condenas de unos cuantos meses, acusado de pequeños delitos de robo, siendo también violado por sus propios compañeros de prisión.

Pero hubo un momento en el que parecía que Pedro Alonso López se había reformado, ganándose la vida como un humilde vendedor ambulante que realizaba una ruta que contemplaba la zona andina comprendida entre los países de Ecuador y Perú.

Fue fruto de la casualidad que la policía ecuatoriana pudiese identificar a Pedro Alonso López como posible sospechoso de la desaparición de una pequeña vendedora callejera de periódicos. Algunos testigos señalaron al vendedor ambulante como la última persona con la que se le vio hablar a la niña y durante un rutinario interrogatorio el sospechoso confesó lo que ninguno de los agentes podrían haber imaginado jamás: era el responsable de la desaparición, violación y posterior asesinato de docenas de menores.

En la última década y media, por todas aquellas comarcas habían estado desapareciendo de la noche a la mañana multitud de pequeñas (de edades comprendidas entre los 8 y los 15 años), de las que no se había sabido nada de sus paraderos. Se tenía el convencimiento que éstas habían sido víctimas de secuestros por parte de mafias que operaban en la zona para destinarlas a la explotación sexual en prostíbulos e incluso para robarles órganos que eran vendidos en el mercado negro.

Pero la confesión de Pedro Alonso López lo cambiaba todo. Él mismo acompañó a la policía hasta los diferentes lugares en los que había enterrado los cadáveres, encontrándose hasta una cincuentena de estos (aunque él aseguró en todos los interrogatorios ser el autor de más de trescientas muertes). Incluso explicó cómo en una ocasión, al intentar secuestrar a una niña de 9 años en Perú, fue descubierto por un grupo de ciudadanos que lo apresaron e intentaron lincharlo, pudiendo escaparse gracias a la intervención de un misionero estadounidense que medió para que las autoridades peruanas lo extraditasen a Ecuador, donde campó libremente durante los siguientes años, asesinando a una media de tres pequeñas por semana.

Su modus operandi era atraer a las niñas con la excusa de hacerles un regalo. Se trataba de pequeñas de las clases más bajas, por lo que el hecho de que alguien les ofreciese un presente las llevaba a seguirlo hasta un lugar desierto, allí las violaba, estrangulaba y (según la confesión que realizó) dormía abrazadas al cuerpo sin vida. Por la mañana volvía a violar el cadáver y posteriormente lo enterraba. No dejaba rastro de su crimen y por tal motivo se mantuvo impune y sin ser descubierto a lo largo de más de quince años.

A pesar de haber confesado todos aquellos asesinatos, cuando se le juzgó (a inicios de 1981) no se pudo demostrar la autoría de todos ellos, por lo que el tribunal ecuatoriano, tras encontrarlo culpable, lo condenó a una ridícula pena de 30 años de prisión. El 31 de agosto de 1994, gracias a una serie de beneficios penitenciarios, Pedro Alonso López el ‘Monstruo de Los Andes’, fue puesto en libertad por buena conducta, siendo extraditado a Colombia, donde también se le reclamaba por varios de aquello delitos, pero el tribunal correspondiente decidió que debía ser recluido en un hospital psiquiátrico, en el que estuvo encerrado un tiempo indeterminado (no se sabe con certeza, ya que algunas fuentes indican que un años, otras tres y algunas hasta cuatro), saliendo de aquel centro internamiento tras obtener un informe que indicaba que estaba cuerdo y que no suponía ningún peligro para la sociedad.

Desde su salida nada más se supo del ‘Monstruo de Los Andes’, siendo múltiples las especulaciones que se han hecho respecto a su paradero. Algunos medios indican que fue víctima de un ajusticiamiento por parte de familiares de algunas de sus víctimas, quienes se habían indignado que este atroz asesino hubiese quedado en libertad. Otras fuentes indican que cambió de identidad y que a lo largo de los siguientes años siguió violando y asesinando a numerosas niñas, debido a que hay muchísimos casos de desapariciones infantiles producidas en el último cuarto de siglo de las que no hay ni una sola evidencia sobre el paradero de estas.

Fuentes de consulta e imagen: minuto30 / semana / eltiempo / lafm / clarín / infobae / criminalia

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