Molière: 400 años del nacimiento del dramaturgo que revolucionó la sátira

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Este sábado se cumplen 400 años del nacimiento de Molière, el famoso dramaturgo francés. Durante su carrera, el que también fue intérprete y poeta dedicó sus piezas a la crítica de la clase alta y la burguesía del XVII, además de posicionarse en contra de los valores de la Iglesia, un acto revolucionario para la época.

Este sábado se conmemoran 400 años del nacimiento del artista que marcó a la sociedad francesa: el 15 de enero de 1622 nacía Jean-Baptiste Poquelin en el seno de una familia burguesa de París.

Hijo del tapicero real Jean Poquelin y de Marie Cressé, es poco lo que se sabe de esta figura histórica que pasaría a ser el intérprete favorito de la corte real del rey Luis XIV. Bajo el nombre artístico de Molière, se labró una carrera marcada por la crítica feroz y la satirización de la clase alta y la burguesía, con obras como “El misántropo”, “El Burgués gentilhombre” o “El avaro”.

Molière está rodeado de misterio. No se sabe con certeza el día de su nacimiento: de hecho, el 15 de enero fue el día que se registró su bautizo. Tampoco se saben las condiciones concretas de su muerte ni dónde se encuentran sus restos.

Dramaturgo, actor y poeta, el prodigio del siglo XVII consiguió hacerse un hueco en la corte de Luis XIV, mientras desafiaba a la Iglesia -institución sumamente importante en la época-, que lo censuró en repetidas ocasiones hasta el punto de excomulgarlo.

Con un estilo muy arriesgado y una vocación inaudita por la comedia, Molière pasó a ser el director de la compañía 'El Ilustre Teatro' tras renunciar a la herencia familiar. La troupe viajó por todo el país y conquistó al público francés de diferentes estratos sociales.

Tal era su pasión y vocación por el teatro que, a raíz de las deudas que acumuló 'El Ilustre Teatro', pasó dos años en prisión. Cuando salió en libertad, en 1645, Molière aseguró que el incidente solo había acrecentado su "pasión" por la profesión ambulante.

No obstante, su destino apuntaba hacia la acomodada corte real. Bajo la protección de Luis XIV como miembro de entretenimiento, la fama del artista se consolidó.

"Luis XIV veía en el teatro de Molière una forma de embajada, un producto de exportación, pero a finales del siglo XIX su figura toma una mayor dimensión y se habla del Molière patriota, laico, republicano...", dijo Martial Poirson, comisario de la muestra que planean en París por su aniversario, a la agencia EFE.

Pero ni el apoyo del monarca consiguió que el autor escapara de las represalias de la Iglesia. Cuando murió, en 1673, Luis XIV pidió a las autoridades religiosas que le dieran sepultura oficial. No obstante, se cree que sus restos fueron enterrados en otro lugar del cementerio real.

Con un final igualmente misterioso, Molière murió relativamente joven para la época, a los 51 años. Minutos después de interpretar una de sus obras, precisamente 'El enfermo imaginario', dijo sentirse indispuesto y murió a causa de una supuesta neumonía.

El legado de Molière, en las salas francesas

Tras su muerte, Molière pasó a la historia con un nombre con tanto peso como el de Miguel de Cervantes o William Shakespeare. Sin embargo, a diferencia de otros autores que marcaron la historia, Molière no dejó rastro de su obra: ni anotaciones, ni manuscritos, ni un diario. Nada.

Algo que no le impidió ser un referente en Francia y en todo el mundo. Motivo por el que la Comedia Francesa -una compañía fundada por Luis XIV siete años después de la muerte del cómico- empieza este sábado con representaciones de la obra "Tartufo", una de sus piezas más aclamadas, pero que solo pudo ser interpretada una vez antes de sufrir censura.

En esta, Molière se burlaba de los beatos y la hipocresía de su estilo de vida. Tras su estreno, tuvo que reescribirla hasta en tres ocasiones para poder volver a interpretarla.

En esta línea, el género por excelencia del dramaturgo fue la comedia moral. Con esta arremetía contra las figuras de clase alta y los burgueses de la Francia del XVII, con grandes críticas que arrancaban las carcajadas del público.

Si en su día generó controversias, 400 años después de su supuesto nacimiento todavía lo hace. La conservadora Valérie Pécresse y otras voces han pedido que los restos del dramaturgo se trasladen al Panteón francés. Algo que el Gobierno de Emmanuel Macron ya ha dicho no pasará, bajo el argumento de que ese emplazamiento solo está destinado a los artistas posteriores a la Ilustración.

Por el momento, y en su memoria, las obras interpretadas por la Comedia Francesa, dirigidas por el belga Ivo Van Hove, también serán emitidas en directo en televisión y en cines. Un acto para que los franceses no olviden la figura que marcó toda una época y desafió a los estratos más poderosos de Francia.

Con EFE y medios locales

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