Misión neerlandesa en Srebrenica: llegan las disculpas, siguen los reproches

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La Haya, 20 jun (EFE).- Thom Karremans, líder del batallón neerlandés enviado en 1995 en una misión de mantenimiento de paz al enclave de Srebrenica, denunció hoy su “sufrimiento” estos 27 años y exigió “disculpas personales” al gobierno de Países Bajos por no haber evitado que fuera señalado por un genocidio cometido por serbobosnios.

Karremans aplaudió que el primer ministro, Mark Rutte, haya pedido a sus hombres disculpas por haberlos enviado a una misión “imposible”, pero lamentó que, para él, las disculpas llegan tarde y criticó no haber jugado un papel especial en la ceremonia del pasado sábado, en la que el Gobierno se disculpó por “los reproches fáciles posteriores” al genocidio.

“Es bueno para los soldados que esto se haya dicho ahora, pero yo lo siento diferente a nivel personal. Para la mayoría marcará la diferencia, pero para mí no. Creo que ya es demasiado tarde”, señaló al diario De Telegraaf, con quien se entrevistó a pesar de su habitual rechazo a la prensa local, que le ha estado responsabilizando de haber dejado caer el enclave.

Este capítulo se remonta a 1995, cuando cientos de soldados neerlandeses del batallón Dutchbat III fueron enviados a Srebrenica, un enclave de mayoría musulmana en el este de Bosnia que había sido declarado zona desmilitarizada en 1993 y albergaba un batallón de la UNPROFOR; éstas eran fuerzas que debían vigilar el alto el fuego, pero que no tenían capacidad para hacerlo.

Las brigadas serbobosnias tomaron el enclave sin apenas resistencia. Los cascos azules supervisaron el proceso de traslado en autobuses de miles de musulmanes a áreas bosnias, separando hombres de mujeres, para descubrir “después de su marcha” -según aseguraron los soldados- que más de 8.000 varones fueron asesinados como parte de un genocidio.

A su vuelta a Países Bajos, el batallón y su comandante, Karremans, fueron señalados por no haber evitado esa masacre y fueron acusados de cobardes, lo que llevó a muchos a aislarse de la sociedad y convivir desde entonces el trastorno de estrés postraumático y la culpa, aseguran, por no haber podido evitar ese genocidio. Otros se suicidaron después de esa misión, aunque no está claro cuántos.

Rutte admitió el sábado “la responsabilidad especial del Estado neerlandés por las circunstancias en las que fueron enviados (a Srebrenica), por su recepción después de su volver a casa y por la falta de apoyo cuando se acusó injustamente al Dutchbat III” de lo ocurrido.

Además, subrayó “la forma en la que el Dutchbat III siempre trató de hacer lo correcto en circunstancias difíciles, incluso cuando ya era imposible” y recordó que “solo una parte fue y es culpable de la caída del enclave de Srebrenica y el genocidio: los serbobosnios, y no el Dutchbat III”.

Karremans, que reside habitualmente en España alejado del debate sobre el rol de los cascos azules neerlandeses en esa misión de la ONU, estuvo también presente en la ceremonia organizada el sábado en la ciudad de Arnhem por el Ministerio de Defensa.

Ni Rutte ni la ministra de Defensa, Kajsa Ollongren, tuvieron una mención especial para Karremans o su adjunto Rob Franken, lamentó el teniente coronel.

“Cometí errores, hice algunos comentarios no muy inteligentes (…) pero a pesar de mis errores, lo que he vivido en estos 27 años y en vista de todas las reacciones positivas de los soldados del batallón neerlandesa, unas disculpas personales habrían sido lo apropiado”, dijo.

Entre los “errores” a los que se refirió Karremans está su reunión con el entonces líder militar serbobosnio Ratko Mladic, que cumple cadena perpetua en la cárcel de La Haya por el genocidio de Srebrenica y otros crímenes de guerra, y de quien el neerlandés recibió un regalo y mantuvo una polémica conversación grabada por las cámaras de Mladic.

En entrevistas con Efe en 2020, varios veteranos neerlandeses denunciaron haber sido acusados “injustamente” de “cobardes” por no haber podido proteger el enclave y aseguraron que no tenían armamento suficiente ni el mandato de combatir; y que en los días previas a la caída del enclave solicitaron apoyo aéreo urgente a la ONU, pero que no llegó a tiempo.

Además, los serbobosnios habían secuestrado a medio centenar de cascos azules neerlandeses para presionar, en la reunión con Karremans, para que el Dutchbat no evitara la caída del enclave.

En 2018, el Tribunal Supremo consideró que el Estado neerlandés es responsable solo en un 10% de la muerte de 350 hombres musulmanes que habían pedido antes refugio en el recinto del Dutchbat: fue un error obligarlos a marchar hacia los autobuses que transportaban a los evacuados, pero solo hay un 10 % de posibilidades de que los serbobosnios no los hubieran localizado igualmente después en el complejo militar, dijo la Corte.

Imane Rachidi

(c) Agencia EFE

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