En la misa papal en Irak, mascarilla y distanciamiento social, opcional

Catherine MARCIANO
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"No comprendo por qué algunos no llevan máscara", inquiere Bayda Saffo en las tribunas del estadio donde tiene lugar la misa papal en Erbil (norte de Irak), en plena segunda oleada de covid-19.

Los organizadores limitaron las plazas en el estadio Franso Hariri. Solamente fueron asignados pocos miles de los 20.000 asientos y sillas, distantes en el césped, para funcionarios y autoridades.

Es que existen grandes temores de que la mayor misa del papa Francisco en Irak, aunque sea al aire libre, se convierta en un foco de contagio.

Una amenaza muy seria en un país que hasta ahora solamente ha recibido 50.000 dosis de vacunas, reservadas para los trabajadores de salud, y con fronteras muy porosas con Irán, el país más afectado por la pandemia en Oriente Medio.

"Teníamos un primo joven que murió por covid-19, es un verdadero peligro", señaló Saffo, profesora universitaria de 54 años, cubierta por dos mascarillas, una visera transparente que le cubre todo el rostro y guantes de goma.

Junto a esta católica de Mosul, la que fuera "capital" del grupo yihadista Estado Islámico (EI) en Irak, se encuentra su hija adolescente, tambien muy protegida.

Sin embargo, a su alrededor, algunos de los devotos no tenian mascarilla o se la habían colocado debajo de la barbilla. Y en particular, las familias se apretujan en los asientos amarillos sin preocuparse por mantener distancia.

En tanto esperaban la llegada del papa, decenas de jubilosos peregrinos bailaron, tocaron instrumentos de percusión y desfilaron en grupos sin mascarillas para que se oyeran mejor sus voces.

Entre la multitud, muchos estaban tocados con gorras blancas con la imagen del papa y banderas amarillas y blancas del Vaticano en la mano..

- ¿El covid? "¡Ya lo tuvimos!" -

"Ya tuvimos el covid-19 hace unos meses", señala una joven pareja sin mascarilla.

No obstante, los iraquíes observan las cifras cotidianamente: este mes, el número diario de contagios alcanzó un tope, el país ha constatado hasta casi 5.200 nuevos enfermos en un día.

En total, 726.548 iraquíes han estado infectados, entre los cuales 13.572 murieron, de acuerdo a datos oficiales. Durante la visita del papa se impuso un confinamiento y podría extenderse, advirtieron las autoridades.

Pero, los iraquíes repiten que su país, cuya población es una de las más jóvenes del mundo, ya se han congregado en reuniones religiosas mucho más numerosas, sin que tuvieran ningún impacto en la curva de contagios.

En octubre 14,5 millones de peregrinos musulmanes se concentraron en la ciudad sagrada chiita de Kerbala (sur), para el duelo de Arbain.

Esta vez, al llegar triunfalmente en su papamóvil, no obstante, Francisco se abstuvo de bajarse, como habría hecho en el pasado, para bendecir a un niño.

Y, todos los sacerdotes y prelados que celebraron la misa, al igual que él, portaban mascarillas. Durante la comunión en Bagdad, habían sido desinfectadas las manos de los fieles antes de brindarles la hostia.

A pesar del distancianciamiento, lo que al pontífice --aficionado a las largas caminatas-- seguramente entristeció, esta visita es "un gran sueño hecho realidad" para Mariam Qutaimi, de 15 años.

"El papa nos ayudará a acercarnos a Dios", afirmó a la AFP esta católica iraquí, quien huyó de Mosul en 2014 y desde entonces reside en Erbil.

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